martes, enero 30, 2007

Este Goya es una joya


Ayer me tragué toda la ceremonia de los Goya porque fue ágil, inteligente y sobre todo, divertida como las que presentaba Rosa María Sardá, ella con algo más de ironía catalana y finura, eso sí. José Corbacho es gracioso, muy ocurrente, sabe improvisar, y es un gran imitador. A veces su humor puede caer en lo fácil, pero no en lo chabacano, y entre lo más memorable de la noche estuvo la tronchante parodia de Volver, y el diálogo que se traía con algunos de sus copresentadores, diálogos que en otras ceremonias resultaban engolados (con Imanol Arias), repetitivos (con Resines), histriónicos (con Concha Velasco) o simplemente balbuceantes (Antonia Sanjuán).

El reparto de premios, por otra parte, fue bastante equitativo ya que casi ninguna nominada importante se fue de vacío, si bien los premios grandes se los repartieron Volver y El Laberinto del Fauno por ese orden. Volver, entre los más destacados, se hizo con los Goyas a mejor película, mejor director (un ausente Almodóvar que consiguió ser mayor centro de atención con su “espantá” que con su otrora ruidosa presencia), mejor actriz principal (encantadora Penélope recibiendo el premio y posterior actitud natural) y secundaria (Carmen Maura, no hay adjetivos) y mejor música (Alberto Iglesias, magnífico aunque algo repetitivo en sus libretos almodovorianos cuando es capaz de más).

El Laberinto se hizo con el mejor guión para Guillermo del Toro y con el Goya a la mejor actriz revelación, entre otras. Todo lo bien que me cayó del Toro en su agradecido y espontáneo discurso de agradecimiento, muy humilde y cercano, me lo estropeó Ivana Vaquero, la actriz revelación, que yo creo que se creyó la nueva Penélope Cruz al subir al escenario. El de mejor actor fue para un descontrolado – o emocionado, dirán otros- Juan Diego, para sorpresa de muchos, ya que Sergi López partía como favorito y merecía el galardón tanto como el ganador. Pero dejadme que vuelva al tema Ivana: ¿Ivana es el femenino de Iván? ¿Cómo se puede estropear un nombre tan bonito con sólo añadir una letra? Si fuera Ivanka, pues vale, le da toque soviético, pero así a pelo, Ivana me recuerda a Raimunda, la verdad.

Entre los presentadores de los premios, yo destacaría a Daniel Guzmán por ponerse esos taconazos y resultar simpático sin esfuerzo y a Isabel Coixet, que se dejó parodiar y luego estuvo simpática. En el lado negativo incluiría a un siempre inexpresivo Dani Martín y a Najwa Nimri, con una de sus poses de musa absurda y palabra ausente. Bordes, bordes, bordes. En cuanto a las injusticias, yo diría que Verónica Echegui se merecía el Goya a la mejor actriz revelación, por garra, por ductilidad y porque promete, pero consolémosnos, ya que a Penélope tampoco se lo dieron por Jamón, Jamón en 1992 (fue para Ariadna Gil por Belle Époque) y mira dónde ha llegado.

Y para terminar con todo este tinglado yo me hago dos preguntas, aquí, en la poco glamourosa soledad de la madrugada, después de envidiar mucho a todos los entregantes, entregados y demás parafernalia premiadora:

1) ¿Aquí una gala con muchos discursos de lagrimilla, con planificación a la americana en plan grandilocuente y con menos chistes no es posible? Reconozco que me ha gustado, pero no acabo de compartir esa idiosincrasia española que rechaza el bombo y platillo, el ruido, a ver si nos entendemos. Esto eran los Goya, y no Homo-Zapping. No entiendo por qué todo hay que teñirlo de humor constante. A fin de cuentas, creo que prefería a Rosa María Sardá.

2) ¿No resulta curioso que ahora la prensa ya no dilapide a Penélope Cruz y de repente la encumbre como una gran actriz? Recuerdo perfectamente que no hace más de un año era una arribista sin talento, vieja y fracasada, según ellos… Y ahora, ni “remotamente” ¿Dónde le dan el título a muchos? ¿En la Churrería Valor, en el anexo a la portería de su casa, en los excusados de una discoteca fashion? Criticar por criticar, que dice Olvido.

Y ya para terminar, ahora en serio, no se puede estudiar idiomas porque provocan confusiones ortográficas inaceptables. Iba a escribir arribista con “v” por culpa del francés y del inglés.
Penélope, cari, me encantas, pero necesitas pulir tu acento anglosajón, ¿te envío mi CV????? ¿¿¿¿Porfaaaa?????

lunes, enero 29, 2007

Life in cartoon (motion) is fantastic

Qué descaro el mío. A la segunda escucha de un disco ya me dedico a recomendarlo, como si me hubiera acompañado en los últimos dos meses. Pues no, el disco de Mika lo acabo de escuchar, como quien dice. Y además, llego un poco tarde, porque sé que más de uno de la esfera bloguera ya lo ha recomendado o, al menos, criticado. Pero no puedo evitarlo, porque me encanta.

Su voz recuerda en unas ocasiones a la de Freddy Mercury y en otras a la de Elton John, aunque es inevitable comparar su forma de interpretar con la de Jack Shears. Su estilo se caracteriza por el uso y abuso del falsete, las melodías pop de efecto inmediato y los acompañamientos de piano. En resumen, no suena a nuevo, pero obtiene muy buenos resultados con sus reinterpretaciones del sonido Fiebre del Sábado Noche.

Una buena muestra del contenido del disco se puede escuchar en su página de myspace. Y lo que digo es un completa obviedad, porque acaban de incluir un sampler del disco completo, que se suma a dos de los singles indudables: 'Relax, Take it easy' y 'Grace Kelly'. Y pensar que me parecía una frikada dedicar un canción a la desaparecida princesa de Mónaco... (¿será su particular 'Candle in the wind'?).

martes, enero 23, 2007

Me gusta. No me gusta

Hoy seré casi telegráfico. Pensaréis que lo soy casi siempre, porque es cierto que no suelo andar muy sobrado de inspiración. Pero hoy, lo seré radicalmente. Este post no tendrá más de tres párrafos, así que no os robaré mucho tiempo.

Me gusta el nuevo disco de Bloc Party, 'A weekend in the city'. Por lo que he leído por ahí, lo están poniendo bastante mal. Entiendo alguna de las críticas, y reconozco que sus nuevas canciones no tienen la fuerza de las de su album de debut. Aunque debe ser difícil mejorar un disco con temazos como 'Like eating gas', 'Helicopter', 'Banquet' y 'Pioneers'. Y escuchando el single 'Two more years' no cabía adivinar ese cambio en su sonido, esa pérdida de contundencia. El primer single,'The prayer', es una buena carta de presentación, que deja claro que los británicos han seguido por otros derroteros y, sin embargo, todavía enganchan. Quizás les ha salido un disco flojillo en conjunto, pero siguen regalándonos buenas canciones: 'Hunting for witches', 'Waiting for the 7.18', incluso el denostado single americano, 'I still remember'. Todavía no les ha llegado el momento de ser quemados en la hoguera.

No me gusta el Elástico. Aunque, más bien, no me gusta tanto como esperaba. El sábado fui por primera vez, y salí decepcionado. Quizás porque había leído recomendaciones de unos y de otros, y había puesto el listón muy alto. Esperaba encontrarme con mi nuevo lugar de obligada peregrinación sabatina. Pero me faltó espacio, y no encontré ese segundo ambiente del que me habían hablado. La música también me decepcionó, porque esperaba que pinchasen una tras otra mis canciones favoritas del momento, y tan sólo me llevé la alegría de escuchar el 'Gravity’s Rainbow' de Klaxons, por primera vez en un lugar que no fuera mi iPod. Debo reconocer, en cualquier caso, que mi percepción estaba un tanto distorsionada por ciertos excesos alcohólicos. Por eso, y porque confío en el buen criterio de amigos y blogueros, se merece una segunda oportunidad.

lunes, enero 22, 2007

BOBBY


Precedida de bastante expectación por ser la primera película como director del actor Emilio Estévez, hijo del ilustre Martin Sheen, y rodeada por cierto halo de riesgo y valentía, debido a que el hombre empeñó su mansión y pidió incluso un crédito para terminarla (cosa que yo jamás haría, de paso os lo digo, que la fe mueve montañas pero luego las montañas se te vienen encima), Bobby ha aterrizado en nuestras carteleras esta semana.

Por un lado, no la catalogaría como película de culto ya que le falta morbo, frikismo y poderío para serlo en un futuro. No ha sido un fracaso comercial, algo que le daría muchos puntos para ser valorada en el futuro, ni tampoco un éxito claro, lo cual no le otorga un rol comercial demasiado estimulante. Si dejamos a un lado las consideraciones meramente contextuales y nos centramos en la película, resulta que nuestra sensación es un reflejo de lo anterior: neutra, sosa, telefílmica, pasa-ratos. Adolece de una definición concreta (biopic? / película coral? / episodio de Sensación de Vivir refrito con Vacaciones en el Mar regurgitado?) y eso arrastra la película a la frialdad demasiado a menudo, aunque tiene algún momento bueno.

Usando el asesinato de Bobby Kennedy en 1968 en el hotel Ambassador como pretexto, Emilio Estévez retrata en clave algo pedante el estado de la situación de la sociedad americana en aquel momento, utilizando a una serie de personajes como símbolos de ciertas tendencias: la esperanza de un cambio social, las tensiones racistas, el consumismo como escudo, la rebeldía ante lo establecido, la curiosidad ante las drogas o las infidelidades en los matrimonios. Quizá quiera transmitir el cineasta que aquel momento fue clave en el desarrollo de los Estados Unidos, o que Bobby Kennedy y su terrible asesinato sirvió para anular la confianza de un pueblo en un futuro mejor, puesto que Kennedy – heredero de JFK – representaba esa esperanza.

A mí me parece totalmente infructuoso. La conexión entre las reflexiones de Bobby y las aventuras de estos personajes no va más allá de lo geográfico, y como tal anecdótico, puesto que todos se alojan en el hotel cuando tiene lugar la tragedia. Sorprendentemente, a Bobby Kennedy sólo nos lo dejan conocer como político y jamás en su vida personal, lo cual no deja de resultar algo frustrante cuando su nombre encabeza el proyecto prometiendo un biopic.

Emilio Estévez quiere subirse al carro de las películas corales con mensaje, pero se queda en una mera representación casual de unos personajes un poco esquemáticos y bastante deslabazados, ya que la cohesión entre las diferentes historias es nula o endeble.

Algo de positivo siempre podemos apuntar; en este caso yo destacaría por encima de todo la curiosidad histórica que supone contemplar discursos reales de este “all-American man” insertados en la ficción por lo clarificadores que resultan, puesto que acercan el personaje a los espectadores actuales por lo general poco familiarizados con su figura allende los USA. Por otro lado, las interpretaciones de Demi Moore como diva alcoholizada venida a menos y la de Lindsay Lohan como joven confusa pero dogmática y luego segura aunque desesperada (una interpretación tierna y creíble) son destacables. Para mí, sin embargo, Sharon Stone (a pesar de los elogios) está rígida y pobre de matices, William H. Macy monogestual, y a Lawrence Fishburne no hay quien lo aguante. Su historia (el chef perdonavidas) me pareció especialmente sonrojante. Otros como Anthony Hopkins o el propio Martin Sheen no despiertan especial interés, y esto es preocupante.

En definitiva, película sólo mediamente entretenida, con planificación telefílmica, interés relativo y curiosa por momentos, con alguna parte interesante y otras prescindibles. Ni chicha, ni limoná, en parte por exceso de ambición. Le daría un 6, supongo, pero sólo porque mientras la veía sorbí una Coca Cola gigante, que me encanta y me da un poco de subidón.

viernes, enero 19, 2007

RápeMe


Yo era superfeliz porque había encontrado a la peluquera ideal. Atendía en un establecimiento caro mal llamado unisex, una de esas peluquerías de señoras del centro que por arañar unas pelas más dejaban entrar a algún despistado como yo aun a riesgo de perder su clientela de toda la vida, que se mostraba contrariada por ver allí a un chico. No molaba tener que frenar el cotorreo en seco, con el gusto que daba tirar de revista y hacer analogías con la vida de vecinas, ex-amigas o pendones del lugar mientras te depilaban la ceja o te mecheaban bien rubia. La peluquería no era lo mismo, y yo era consciente de todo aquello, pero entre mejorar mi look y conservar el malévolo pero sano cotilleo de las señoras, yo antepongo mi look.

He de admitir que tengo un pelo difícil, rebelde, y que algunos y algunas profesionales me hacían unos cortes que no me favorecían nada. Me recorrí bastantes sitios – barberías cutres, luego peluquerías de hombres, cuando me desesperé, de señoras, y por último las falsas unisex – pero rara vez me gustaba cómo me dejaban, claro que era un joven con acné, y eso un corte de pelo no lo arregla.

En total, que cuando me atendió aquella chica rubia y sonriente, todo cambió para mí. Desde el primer momento me deslumbró su belleza, y además me hizo sentir mimado, mirándome con unos ojos verdes inmensos, y arrimándose a mí en algunos momentos de un modo entre sensual y juguetón. Lo más curioso es que una vez terminaba siempre me dejaba radiante, y yo mientras ella cortaba y recortaba, notaba como si me transmitiera electricidad por las tijeras. Alguna vez me fijé en su escote, y ella, que lo sabía, sonreía y me acariciaba la nuca. A los tres años, se casó con un chico que, un poco anticuado, la “sacó” de trabajar. Todos tenemos prioridades, claro está, y entre mi look y tener una familia, ella escogió lo segundo. No se lo reprocho.

Pasé largo tiempo en el dique seco, como quien dice. Me quedé como vaca sin cencerro, volviendo a caer en el interminable buscar, pero ahora peor, claro, porque ya estaba de vuelta y apenas si albergaba alguna esperanza de volver a tener un look y no solamente una apariencia, que apariencia la tenemos todos, un look no. Probé de todo: el peluquero de toda la vida que aún usa talco, el peluquero fashion supermari, las adolescentes con piercing, las peluqueras de barrio tipo Belén Esteban, un cortapelos eléctrico que más parece un “dildo” que otra cosa… Nada, nada de nada.

Afortunadamente, tengo amigos que también se cortan el pelo de vez en cuando, y uno de ellos me recomendó una peluquería bastante cutre y desangelada que había cerca de mi casa. Sin mucha confianza, me plantifiqué allí pensando “de perdidos, al río”. Si me contagian los piojos – era muuuuy cutre – me tendré que rapar al cero y así evitaré este problema. Qué equivocado estaba, por queé me fijaré tanto en las apariencias. Bueno, y en los refranes. Ése de “segundas partes nunca fueron buenas” hay que ir archivándolo. Algunas segundas partes sí lo son.

Justo al entrar, volví a sentirme deslumbrado de nuevo. Un chico joven moreno, rollo alternativo, pelo largo, voz rascada de fumador, y ¡maneras masculinas! que cortaba el pelo como los ángeles. Captó lo que mejor me quedaba al momento, y también entendió que a mí, cuando proceden a cortar, me gusta el silencio. De hecho, si me tocan la cabeza entro en una especie de letargo placentero y empiezo a tener ocurrencias de lo más estrafalario. Me fijé en él, en sus movimientos seguros y en la fisicidad de nuestra cercanía. He llegado a pensar, mientras él movía mi cabeza y comprobaba si las patillas estaban igualadas, que parecíamos un anuncio de Dolce & Gabbana ante el espejo, y justo entonces, se arrimó a mí como solía hacer mi peluquera anterior. Está claro que a mí se me conquista por la cabeza, no por el estómago.

Y lo admito, me gusta D&G.
Música: Let's get physical (Olivia Newton-John)

martes, enero 16, 2007

i-Pod-erío / Stylophonic

Permitidme la osadía, pero es que hay poderío. Veréis, veréis.

Hasta ahora no he recomendado música ni me he detenido a comentar nada sobre el tema, principalmente porque trapalleiro es todo un experto, está a la última, y yo suelo enterarme tarde de lo que está en boga. Hoy voy a hacer una excepción porque he descubierto música nueva que sintoniza con sus gustos y probablemente con los de los que nos leen.

De antemano pido disculpas por si lo que recomiendo no es lo más reciente y ya lleva en vuestro i-pod más de 3 meses. Ya he reconocido que no estoy en vanguardia por falta de tiempo, porque no tengo ADSL (y eso ya sabéis qué consecuencias conlleva) y porque trapalleiro siempre me pone al día. Trapa, tú sabes que no hay peloteo.

No sé si a vosotros os ocurre, pero yo a veces no sintonizo con el grupo de moda hasta que escucho su música un tiempo y se asienta en mi cabeza y la voy asimilando. Es lo que se llama ser de efectos retardados. Descubrí a Björk en su momento pero no la aprecié en su justa medida hasta que pasó un año (soy lo peor), y con Vive la Fête tardé unas semanas, y con Miss Kittin o Le Tigre también, pero todos son ahora parte de mi olimpo musical forever.

Después de ver la publicidad de Dolce & Gabbana Time de estas navidades, donde veíamos a unos, se supone, go-go’s, modelos y demás gente de mal vivir espatarrándose por la pista de baile y la zona VIP de la disco más in del momento, en poses entre sugerentes y lascivas, con poca ropa pero bien elegida, me fijé en su banda sonora. Era absolutamente contagiosa, medio electro, medio funky, medio techno. Mmmmmhhhh. Me puse a buscar como un poseso pero apenas encontré referencias, y hasta que no fui a casa de unos amigos que buscaron en internet y me pusieron dos canciones que bajaron por mi insistencia, no supe quiénes eran. Lo más curioso es que la otra canción conocida de ellos ya la había oído en un mi pub preferido, pero me la habían vendido como corte del anterior disco de Scissor Sisters que mira tú por dónde, nada que ver.

El grupo en cuestión se llama Stylophonic y el disco Beat Box Show. El single de D&G era Dancefloor y la otra canción Baby Beat Box (no confundir con el título del CD). Amazon ha llamado a mi puerta y me trajo el disco ayer, así que hoy me siento un poco más en la onda que ayer, queridos mortales. La cabeza visible de este grupo se llama Stefano Fontana, y su colegui responde al nombre de Dirty Kylie (¿no es genial?). En las canciones que más me gustan, en inglés of course, predominan las bases techno con toques rap y neofunky donde la chica se desmelena bastante y lo llena todo de attitude. En sus buenos momentos me recuerdan a los Eurythmics menos poperos, mezclados con una Kylie Minogue más seca y más seria. En los malos, cantadas por una voz masculina que intuyo pertenece al Stefano, al sonido Bristol más superado.

Destaco las siguientes canciones:
1) Dancefloor.
2) Baby Beat Box.
3) Play that music.
4) Daisyphonic.

Las demás, prescindibles, pero las buenas son un cañón. Dolce, Dolce, Dolce, como decía mi añorada Carrie Bradshaw. Que sepáis que esto ya me gusta desde hace un mes, pero como el CD andaba escaso en Amazon, he decidido no haceros partícipes hasta que lo tuve en mis manos por si os adelantabais a mi compra. Es lo que tiene ser un fetichista del CD. La foto que acompaña al post no corresponde a dicha campaña porque no existen imágenes sobre ella, aunque podría pertenecer. Sólo he encontrado el anuncio en youtube. Por cierto, la portada, entre horrenda y pavorosa.

domingo, enero 14, 2007

Esos jardines de palacio...


Sofia Coppola no es Francis Ford Coppola, lo cual no quiere decir que sea peor, sino simplemente distinta. Hay críticos que no perdonan nunca la etiqueta de “hija de”, pues de otro modo no entiendo la animadversión que despierta esta directora, plasmada en algunas de las críticas que ha recibido esta película.

Marie Antoinette se centra en una época histórica complicada, convulsa, y que desemboca en la revolución francesa, un momento histórico que podríamos considerar el germen de nuestra sociedad occidental actual. Los roles pseudofeudales que todavía pervivían en la sociedad europea recibieron entonces un serio varapalo a partir del cual no habría vuelta atrás. Por todo ello, este momento histórico adquiere peso específico de por sí, poseyendo una relevancia intrínseca que en principio habría que tratar con rigor y seriedad, como solían hacer las películas del milenio anterior y las aburridas lecciones de los libros de historia. Para regocijo de posmodernos, diletantes, gente divertida, irreverente y chic, este es un nuevo milenio y los planteamientos pueden evolucionar.

Nos encontramos aquí con la hiperestilización estética de la vida de María Antonieta, desde que se casa con Luis XVI, delfín de Francia, hasta su apresamiento por el pueblo. Descubrimos los entresijos de palacio, la frialdad con la que la futura reina es recibida, los rituales inacabables de la corte francesa, los diferentes rangos que ésta posee, los cotilleos de palacio, las amantes de los reyes y condes, el arte de la época, la comida y sobre todo las fiestas organizadas por esta reina. En otras palabras, sólo conocemos la parte fashion de la historia, que al fin y al cabo, alguien tiene que contar.

Indudablemente, como austriaca que era, Marie Antoinette despertaba desconfianza en un principio entre su pueblo, y tuvo que soportar a un marido con el que la pasión sexual era inexistente. Todo esto aparece reflejado con maestría y humor fino en la película. Con el transcurso del tiempo, M. A. se fue familiarizando con las rutinas palaciegas (de las cuales la favorita de Luis XV, Madame Dubarry sería la más difícil de tragar) y fue aceptando plenamente su papel de reina francesa, que le llegó demasiado pronto, con todo lo que de pompa y circunstancia conllevaba dicho título. (Ya se sabe que los franceses se pirran por una ceremonia).

Consiguió, según parece, ser una reina bastante popular, superando la reticencia inicial del rey por procrear, por ejemplo. Entre otras cosas, participó activamente en las artes, ejerció el mecenazgo, y se autoerigió en reina de las fiestas. El champán, los pasteles, los vestidos rococó y los zapatos se mezclan en una sinfonía de color desbordante, mezclada con conversaciones superficiales y ligoteos más o menos evidentes en bailes de máscaras semiclandestinos. Desde luego, la reina reinó a gusto, a pesar de la creciente preocupación de su madre por el halo de inconsciencia que adquiría su vida y de la creciente impopularidad que despertaba entre la plebe francesa debido a sus cada vez más descontrolados dispendios.

La última (y breve) parte del film nos muestra el reverso de toda esa luminosidad, pues Marie Antoinette debe enfrentarse a la enfermedad, a la pérdida de alguno de sus hijos, y sobre todo, a la caída en desgracia de la monarquía entre el pueblo francés, que reclamó finalmente su cabeza. Ella siempre se mantuvo firme, no obstante, y fuerte, aunque eso sólo se adivina en la película, porque Sofía no quiere ser tremendista, como buena pija que es.

Kirsten Dunst hace un trabajo sutil y delicado, y su gestualidad realmente transmite una firmeza de fondo que le viene muy bien al personaje. Compone una convincente reina "teen-queen" que se transforma en "queen-bee" absolutista, con momentos dramáticos intensos, paréntesis erótico-festivos sensuales y seguridad ejecutora continua. El resto de los actores también consiguen cautivarnos, desde una malvada Du Barry hasta un Luis XVI tímido pero entrañable. Nos los creemos siempre y en toda circunstancia.

Lo más destacable de toda la película para mí es el tono, entre contemporáneo y arcaico, jugando con los anacronismos premeditadamente (unas zapatillas azules de Zara en el medio de los zapatos dieciochescos), las paradojas (el hijo de los reyes hablando en francés sin doblar, “la petite abeille” dice), o las boutades (Marie citando a Rousseau como inspiración). Creo que esto es lo más destacado de la película porque sitúa al espectador en un entorno en cierto modo atemporal, sin ese peso que parecen tener las “películas de época”, que parece que siguen un canon estricto sobre modos de representación y códigos de lenguaje que aquí no se cumplen. Aquí sentimos que la peli está hecha hoy, la música – maravillosa- nos lo recuerda una y otra vez con fragmentos tecno, rock y house a veces, transmitiendo un sentimiento de teen comedy mezclado con drama histórico surrealista que es ciertamente único. La manera de filmar, a veces algo publicitaria o de video clip, confirma esta postura estética.

Resumiendo, me ha parecido una hermosa película, deliciosa en lo visual, etérea formalmente, algo femenina quizá (por esa preocupación constante por el detalle) y sobre todo valiente y original. La disfruté muchísimo, pero quizá sea algo muy personal. Entiendo que a algunos les pueda enervar (como me ocurrió a mí con Lost In Translation).

miércoles, enero 10, 2007

Más Allá del Valle de las Muñecas... (o sea, por Finisterre más o menos)


Ya sé que esto no es un blog de contenido excesivamente sesudo, y que la política en principio no debería de formar parte del mismo. Pues bien, voy a mandar todas esas ideas preconcebidas a la porra.

Normalmente este tema me trae bastante sin cuidado, y sólo noto que me hierve la sangre reivindicativa cuando ocurren cosas muy gordas, como lo del Prestige, que me pilló por el sur de España e hizo que me uniera a una cacerolada, cosa que tampoco te exige un gran sacrificio cuando estás haciendo la cena con 3 ollas. A todo esto, recomiendo que probéis eso de darle con la tapa a la cacerola porque quita mucho estrés y luego, cuando dejas de oir el clonc-clonc infernal provocado por ti mismo allí delante de tus propias narices, estás tan dulcemente aturdido como si te hubieras tomado tres copazos pero sin gastar nada.

A lo que iba, que como buen ejemplo de la generación X paso bastante de esos rollos. Hasta que de repente, ves semejante mamarrachada que no puedes sino pensar de nuevo en la cacerola, pero esta vez para tirársela a alguien. Y te das cuenta de que, al fin y al cabo, sigues siendo un producto de los reivindicativos años 70.

El otro día, en el periódico, los dirigentes de un partido político X (esto ya parece que se pone porno, pero no) sugirieron que las muñecas parlantes que se vendan en Galicia tendrán que hablar gallego. Así como suena. Porque tú lo vales. Por encima del cadáver de Mattel.

Pero desglosemos la información, a ver si así entendemos esto:

1) ¿Qué es exactamente una muñeca parlante? ¿Una réplica de la niña del exorcista? ¿Anne Igartiburu? ¿Marujita Díaz? ¿Importa lo que digan? Porque ya me dirás qué va a decir una muñeca parlante...

2) ¿Para qué sirve una muñeca parlante? ¿Es profe de gallego? ¿O quizá imparte literatura española? ¿También hace de baby-sitter? ¿Hace preguntas chungas del tipo “por qué”?

3) ¿Las muñecas parlantes las hacen en China? ¿Habrá que enseñar primero gallego a los chinos o acaso Zara o en su defecto Pescanova va a abrir una tienda especializada en la venta de muñecas parlantes que hablen gallego? ¿Cómo se va a llamar esa tienda? ¿Muñeskha? ¿Muñ and Bear? Suena fatal…

4) ¿Sólo se van a vender muñecas parlantes que hablen en gallego? ¿Habrá que hacer objeción de conciencia para que te den la muñeca que hable castellano o español o como se llame esa lengua tan poco fashion? ¿O habrá que ir a Castilla-León a por ella? ¿O las de Castilla-León hablarán Leonés? ¿Habrá que ir a Venezuela a comprarlas? ¿Habrá mercado negro? ¿Me haré rico traficando con muñecas que hablen español resién llhegadas de Panamá?

5) ¿Qué pasa si la muñeca parlante se queda muda? ¿Y si se va de casa? ¿¿¿Y si (horror) emigra, como buena gallega quinientoseurista, y no la entiende ni dios???

Todas estas observaciones probablemente no procedan, porque el sesudo estudio previo realizado por el partido político en cuestión ya las habrá contemplado, concluyendo que tal propuesta es una gran prioridad para el ciudadano medio, un tema de alcance al que los mejores cerebros del gobierno han de dedicarse en cuerpo y alma, y, en definitiva, un asunto de gabinete de gobierno.

De todos modos, desde aquí, ya vamos sugiriendo ideas complementarias para este plan de galleguización de la muñeca de hoy en día. Proponemos:

1) La Barbie Mariscadora, muy grunge, y un poco radical. Tonos de maquillaje negros y zapatos vintage, a poder ser, zuecos.

2) La Nancy Muiñeira, con sus tonos-politonos de “Hey, carballeira”.

3) La Bratz Star-Poeta, que sirve para todo: llorar, dar discursos, presentar programas en la tele autonómica…

4) La Barbie Repollo, con su línea de aparejos de labranza a la última.

5) La Barriguitas bipartitas, preparada para el bilingüismo en cualquier ocasión.

6) El Furby de Montealto, un poco revoltoso y equipado con todos sus accesorios de surfeiro dominguero.

7) La Pantoja de Caranza, que canta por peteneras pero en gallego, por descontado.

8) El Ken de Samil, un poco chulo de playa, ataviado con su bañador fardahuevos y pareo metrosexual. Pareja de la Barbie Mariscadora.


Desde aquí ofrecemos apoyo y marketing a esta propuesta que nos parece de tan vital importancia para el desarrollo correcto de la comunidad autónoma y sus ciudadanos. También nos parece superimportante el tema del cambio de la hora para equipararnos a Canarias, porque un reloj biológico es un reloj biológico, y si no que se lo digan a Ana Obregón, ¿no?

Desde aquí mi más sincera felicitación por esta talentosa aportación.

sábado, enero 06, 2007

Noche de reyes

La noche pasada, los reyes no fueron los padres (por mucho que digan Astrud) sino, definitivamente, los Pet Shop Boys. ¡Qué grandes son! Vaya recital que dieron ayer en el Palacio de los Deportes. Es una impresión totalmente subjetiva, pues era la primera vez que los veía en concierto, y no puedo comparar con anteriores actuaciones, aunque creo que no me equivoco. Realmente, la primera vez que los vi fue el el año pasado en la Granja de San Ildefonso, con su espectáculo del Acorazado Potemkin, que aun estando genial, poco tenía que ver con uno de sus conciertos.

Imagino que a estas alturas ya todo el mundo sabe de qué estoy hablando. Del motivo por el cual adelanté mi vuelta a Madrid, para asistir la noche de reyes al Ceed's Winter Festival. Ese festival fantasma, del que me enteré leyendo blogs (creo que el de Xabi) y del que, incluso con las entradas en la mano, me producía desconfianza. Porque un festival con un cartel tan rotundo, que no tuviera página web, ni se publicitara en otros medios, me hacía dudar. Se empezó a anunciar en televisión después de año nuevo y sí, tenía página web, a la que era necesario llegar a través de la web de KIA. En fin, que mi miedo, más que no hubiera festival, era que se descolgaran del cartel alguno de los dos grupos a los que iba a ver y, sobre todo, que se cayeran los PSB.

Los primeros artistas en aparecer fueron Pastora. No puedo decir mucho de ellos, pues tan sólo conocía una de sus canciones, la archiconocida 'Lola'. Sentía curiosidad por las proyecciones, de las que había leído que formaban parte esencial de su show, aunque no me parecieron nada reseñable. Lo que realmente mantuvo mi atención sobre el escenario, fue la hiperactiva cantante: se quitó los tacones para correr sin moverse, nos enseñó las bragas y el liguero, tuvo que mantener a raya sus tetas, que parecían querer salirse de su camiseta... En fin, que hicieron un show entretenido.

Las siguientes en aparecer fueron las Nancys Rubias. Mario y compañía saben llevar bien un tacón, y no necesitan quitárelos para dar saltos. Y nada más que decir, a pesar de que el público se enfervorizó cuando cantaron (en riguroso play-back) el 'Sálvame'. Lo bueno es que dieron paso a Fangoria. A los que tenía muchas ganas de ver, porque tenía la espinita clavada de no haber conseguido las invitaciones para el concierto en la sala Arena. Tengo la sensación de que hicieron un show muy parecido al que relató eurocero en su día, en el concierto que dieron en Santiago. Abrieron de nuevo el concierto con 'Fantasmas', y lo cerraron con un ya conocido doble bis, donde fusionan 'El cementerio de mis sueños' con el 'Rey del glam'. Tampoco faltó 'Descongélate', del disco Fan Fatal de Alaska y Dinarama, y nos ofrecerieron una sesión triple de bacalao, que anunciaron ellos mismos, donde incluyeron el 'Estés donde estés' de su último disco y los hits anteriores 'No sé qué me das' y 'Retorciendo palabras'. Imposible quedarse sentado, a pesar de que habíamos reservado asiento.

Y lo que vino a continuación lo mejor sin duda. Un concierto de más de una hora, cuando sólo esperaba 45 minutos. Los PSB hicieron una revisión bastante completa de sus hits, donde no faltaron los conocidísimos ‘West End Girls’, ‘Domino Dancing’ o 'Always on my mind'. Y me quedé sin voz cantando cada una de las canciones (o al menos el estribillo, que mi inglés no es tan bueno), de las que sólo desconocía el 'Shopping'. De su último disco trajeron lo mejor, cuatro canciones entre las que no incluyeron el 'I'm with stupid', aunque sí mi favorita del disco: 'The Sodom and Gomorrah show'. Y para finalizar, cual orgasmo final, otro doble bis con 'It's a sin' y 'Go West'. La puesta en escena me pareció fantástica, compuesta de bailarines con indumentarias diferentes para cada canción, voces de apoyo y un flexible decorado construido con cajas translúcidas y neones. No faltó movimiento en el escenario en ningún momento, salvo cuando se quedó solo Cris cantando el 'Paninaro'. Y nos demostraron lo inmersos que están en la cultura gay, haciéndose acompañar de vaqueros vestidos con lamé dorado, como si de Madonna se trataran.

Debo haberme portado bien el año pasado, porque la noche de reyes me llevé un buen regalo a casa.

jueves, enero 04, 2007

Sen título

Hace ya un tiempo que no escribo. Menos mal que en mi ausencia, mi compañero Poderío ha mantenido vivo este blog con su torrente de ideas (y de palabras). A él le preocupa que esté usurpando mi lugar, pero yo creo, sin embargo, que es mi nombre (nick o whatever) el que ya no se merece encabezar este proyecto que tenemos en común. Esto requiere una pensada y, sobre todo, una conexión a Internet decente, de la que carezco desde mediados de noviembre. Primero porque mi proveedor de ADSL me dejó sin línea durante un mes para, al parecer, hacer mejoras en el servicio que me presta. Y ahora, porque en casa de mi madre, con modem analógico y sin tarifa plana, me conecto exclusivamente para atenuar el mono. Porque sí, lo reconozco, soy adicto a la red.

En fin, que aunque me haya puesto a escribir, escribo sin un motivo ni tema que desarrollar, simplemente por el placer, y en parte por la obligación, de escribir. Aunque no me gustaría ensombrecer el estupendo post de Poderío. Así que espero que quien lea esto se tome un par de minutos más para leer su crónica sobre Babel. Que leyéndolo a él, casi me estará leyendo a mí, porque sus opiniones suelen ser muy parecidas a las mías. O al menos, puedo adelantarme a ellas, como si fuéramos una pareja de las de toda la vida, que ha ido infinidad de veces al cine juntos los domingos. En muchos otros casos tenemos un gusto parecido, mientras que en otros no tiene nada que ver… (como me decía un amigo común, "tu y yo nunca nos pelearemos por el mismo hombre").

En fin, se acaban las vacaciones de Navidad. Casi dos semanas que me he pasado en mi pueblo, en un estado de felicidad estúpida, disfrutando de las rutinas y de esas pequeñas cosas que siempre han estado ahí, pero que nunca había valorado: los paseos en bicicleta por el puerto, las conversaciones con mi madre y mi abuela, las cenas con primos y tíos, etc. Será que he madurado, o peor, que me estoy haciendo viejo. Hace poco superé la barrera de los 30, y eso debe notarse. Ahora, siento morriña. Y me siento gallego, arraigado a mi origen. Y disfruto de aquellas cosas que me hacen sentir que comparto identidad con el resto de los gallegos, como hablar una misma lengua. Como anécdota, no me perdí ni los culebrones ni los realities de producción propia de la teuvegá, toda vez que rodaban los exteriores en mi pueblo, o a pocos kilómetros de él.

Pues ya toca volver a Madrid, a esa nueva vida que busqué en su día, aunque con nostalgia de la pasada. Pero por lo menos empezaré con buen pié, porque mañana iré al ceed's Winter Festival. Así que imagino que la próxima vez que escriba hablaré del festival o del próximo cine que haré, para el que Maria Antonieta tiene muchos puntos. Por cierto, gracias una vez más a ledo75, al que le hurté la foto. No creo que le moleste el robo, porque sólo tiene que descorrer las cortinas para hacer otra.

martes, enero 02, 2007

unBABELievable!!!


Resulta difícil responder racionalmente ante una película que te provoca una emoción tan intensa como ésta. De algún modo, y a pesar de su algo excesiva duración, la ficción fluye de tal manera que no da tregua en ningún momento. Sólo tras un rato largo, un café y un paseo después de salir de la sala puedes empezar a pensar con claridad en todo lo que has visto, pues hasta entonces casi parece que lo has vivido.

En líneas generales, y quizá por su proximidad en el tiempo, Babel me ha parecido una versión mundializada y matizada de Crash, tanto por su temática (tensiones raciales, dramas atropellados, seres humanos capaces de lo mejor y lo peor) como por su planteamiento, puesto que ambas son películas corales con historias paralelas enlazadas unas con otras por la casualidad.

Ambas plantean los miedos irracionales que sentimos hacia personas de otras etnias, colores, orígenes o circunstancias, y lo infundado y envenenado que ese miedo basado en el desconocimiento mutuo puede ser. Demuestra la película que los miedos son irracionales porque cuando esos mundos ajenos se dan a conocer entre sí, generalmente se superan los prejuicios. Sirvan como ejemplo los niños americanos en la boda mejicana disfrutando como el que más a pesar de la desconfianza previa, la turista americana con fobia a la pobreza aceptando una pipa de una saharahui que la recibe en casa para curar heridas mortales o la japonesa sordomuda aceptada momentáneamente por un grupo de chicos oyentes. Sin embargo, tras este paréntesis de alivio, aflorará de nuevo el rechazo mutuo, la incomprensión, la imposibilidad de diálogo. Lenguas diferentes, culturas distantes, incomunicación y violencia.

En Crash podíamos extrapolar las situaciones de violencia y choque de culturas planteadas en Los Ángeles a todo el mundo, Los Ángeles en este caso funcionando como metáfora del mundo globalizado. Babel, sin embargo, profundiza en esas fricciones planteando la acción en varios países de ese mundo tan falsamente globalizado. Iñarritu maneja con maestría esta mezcla transformándola en un cuento transfronterizo, filmando con extrema elegancia y dotando del mismo nivel de credibilidad a las jóvenes japonesas enmarcadas en su atuendo sexy y entorno extremadamente urbano como a los mejicanos apegados a sus fiestas cargadas de alcohol, animales y cierto salvajismo de los sentidos en barriadas precarias o a los turistas norteamericanos pudientes en un autobús huidizo y trágico.
Acompaña a casi todas las imágenes una música que no hace sino aportarles mayor densidad, acentuar su significado, hasta conseguir emocionarnos en algunos momentos. Especialmente sobrecogedora me pareció la escena de la chica japonesa en la discoteca, donde imagen, sonido, silencio e interpretación se articulan a la perfección para transmitir esa tan brusca y difícil transición que a veces se da entre el éxtasis y la desesperación.

La inspirada y auténtica visión de González Iñáturri me ha recordado más a Amores Perros (salvajemente certera) que a 21 Gramos (demasiado afectada, algo manierista) presentando a una serie de personajes tremendamente creíbles, cercanos, enfrentándose a situaciones límite en entornos muy hostiles. Estos personajes se ven arrastrados casi sin querer en una espiral de tensión creciente, casi tangible, de la que resulta imposible salir ileso, ya sea física o emocionalmente. A esa construcción esmerada se suman unas interpretaciones muy destacables, especialmente por parte del elenco de intérpretes menos conocidos.

Tanto el comienzo como el final sirven como imágenes-resumen de todo lo planteado . Al principio vemos a unos niños en el desierto hablando una lengua extraña que no entendemos, y al final, una torre de apartamentos en Japón circunscrita en una ciudad llena a su vez de apartamentos. Si al principio nos sentimos extraños por no entender la lengua que se habla, al final nos sentimos incómodos por la identificación que podemos sentir con ese apartamento. Todos somos esa torre, todos somos una lengua extraña para alguien, todos formamos Babel.

Os recomiendo que la veáis.

martes, diciembre 26, 2006

Flor sin Olor


Soy seguidor de los perfumes, lo que quiere decir que me gusta olerlos en los demás, en mí, en las tiendas, en los bulevares; probablemente porque poseen un ligero toque decadente o quizá por su elevado nivel de artificialidad, pues se escogen con esmero, se embotellan con el máximo detalle y se anuncian compulsivamente prometiendo lo imposible. Eso que todos queremos. Y también, por qué no, porque dicen algo de nosotros (¿acaso no afirman eso en la publicidad?).

Os confesaré que mi pituitaria y mi cuerpo pertenecen a Jean Paul (Gaultier para los no iniciados) desde mi más tierna juventud, después de errores iniciales como la colonia Privata (todos tenemos secretillos inconfesables de adolescencias erróneamente pijas) y los primeros intentos muy banales por derrochar carnalidad (es decir, Versace Blue Jeans).

Un día, de golpe, encontré mi olor. Le Mâle. The Male. El Macho. Curioso nombre para tan andrógino perfume, al tiempo que certera manera de compensar su inicial falta de masculinidad. Un perfume que destilaba tanto poderío pop en su envase como atrevimiento en su publicidad y descaro en su contenido. Calvin Klein también trató de seducirnos en esa época con una gama mucho más variada de nombre en monosílabo (Be, One, etc) sin conseguirlo más que por un corto período de tiempo.

Yo fui de la escasa avanzadilla de precursores que en plenos lánguidos primeros 90 se atrevió a bañarse, y digo literalmente, bañarse en aquel nada discreto perfume. La gente perfumada con Loewe o Armani se giraba por la calle pensando si era una putilla (hasta que me veían y entonces pensaban, un chaperillo) y miraban raro, aunque secretamente les gustaba. Les daba morbo. Otros que no llevaban colonia se paraban en seco y les faltaba poco para no ladrar.

Y ocurrió lo impensable. Poco a poco el dulce y exclusivo perfume empezó a conquistar los corazones de las chicas, que se lo regalaban al novio. Los novios más atrevidos decidieron ponerse un poco de vez en cuando, otros sólo lo hicieron a regañadientes y por complacer a las chicas, pero luego descubrieron que realmente no había un perfume similar y se lo empezaron a poner de motu propio, además de apuntarse al gimnasio, empezar a depilarse, comprar juguetes sexuales y dejar a la novia.

Luego llegó la metrosexualidad, Bershka perresca, Aquí hay Tomate y lo que antes resultaba atrevido pasó a ser mayoritario. Yo aún lo usaba, a pesar de la democratización del mismo. Pero es que la voz de alarma saltó hace poco, cuando he visto que los padres de mis amigos o amigas (de 60) también lo usan! Tócate las pelotas.¡¡¡Ya no soy la vanguardia!!!

En total, que cuando mi maravilloso bote de Le Mâle, ahora alternado sabiamente con Miyake, estaba ya pareciéndome mortecino, vulgar, y un poco Tena Lady, y ya me había puesto a buscar sustituto por las perfumerías sin demasiado éxito, decidí consultar internet. A tal grado de confusión había llegado. Y es que me estaba planteando no volver a echármelo, pero tampoco quería volver a ser una flor sin olor.

Entonces, en pleno proceso dubitativo, di con la web de ciao, que tiene un apartado para este tipo de cosas y bastantes opiniones sobre perfumes masculinos, lo cual es un consuelo puesto que pude comprobar que no soy una rara avis super friki. Y tres de las opiniones allí vertidas decían que mi wonderful perfume ERA TÓXICO. Según parece, contiene una cantidad de almizcle artificial y de f-talatos de agárrate y no te menees. ¿Tendrá mi proverbial flaqueza de salud y mi muy numerosa lista de padeceres algo que ver con ese aroma de los dioses que yo (si fuera sano) hasta me bebería a sorbos o en su defecto sorbería poco a poco como granizado en verano?

Muchos puntos acumulaba para arrinconar dicho veneno per secula seculorum cuando llegó la campaña navideña de super Jean Paul, y si el anuncio es auténticamente flipante por lo heterosexualmente sensual, no lo es tanto por su final, porque ahora le han cambiado el nombre, y se llama “Jean Paul Classique”. YA NO ES LE MâLE. ¡Ahhhhhhhhhhh! ¿Cómo que classique? De eso nada, es supermoderno. No puede ser, me dije, asincopado por la impresión. He de ir a por otro perfume o me quedaré más anticuado que las bolas de naftalina, y eso sólo si sobrevivo al veneno de sus ingredientes.

Total, que me fui a las perfumerías y esnifé como cincuenta sustancias en días sucesivos para llegar a la siguiente conclusión:

- Utilizaré de día probablemente el Le Mâle (de algo hay que morir) y lo alternaré con Kenzo for Men (aunque tiene cierto toque a Mister Proper baño que no acaba de convencerme).

- Y de noche o de fiesta o cuando tenga el cuerpo de rumba me aplicaré unos buenos chorros de Jean Paul 2. O sea, el nuevo perfume de Jean Paul Gaultier.

Todo cambia, nada cambia.

PD: Por favor, mensajeadme con ideas, recomendaciones, críticas, elogios y sobre todo contadme qué os ponéis y qué me recomendáis. Es lo que me In-Teresa.

sábado, diciembre 16, 2006

PALÍNDROMOS


La última película de Todd Solondz ha llegado aquí muy tarde y sólo ha durado una semana en cartel, pero afortunadamente se ha programado en versión original, lo que le otorga mucho mayor interés. Comentaré algunos elementos de la trama porque creo que la mayoría de vosotros ya la habrá visto, y no desvelaré ningún secreto.

No soy un fan acérrimo de este director, aunque admito que siempre he sentido curiosidad por sus propuestas. Su opera prima, Bienvenido a la casa de muñecas, fue todo un descubrimiento, tanto de temática como de enfoque. Happiness, más retorcida y coral que la primera, me gustó menos. Sin embargo, hay que reconocer su originalidad de planteamientos y su valentía por presentar tramas arriesgadas. Todd Solonz, creedme, es un poco extraterrestre.

Ya desde el principio, es decir, desde el título, se hace una elección premeditada por lo diferente y peculiar, ya que los palíndromos son frases que se leen igual al derecho y al revés (como por ejemplo, “Ana lava lana”). Probablemente el número de palíndromos en una lengua no supere el centenar, así que en cierto modo se nos advierte de lo especial y poco convencional que será lo que luego veremos.

Aquí, en Palíndromos, nos sitúa de nuevo en uno de sus universos preferidos, el de la más tierna adolescencia femenina, a través de una chica llamada Aviva, que no ceja en su determinación por ser madre a pesar del estupor o el rechazo frontal que esto pueda provocar, ya que la chica no supera los trece años. No cabe duda de que este punto de partida supone llevar el típico juego de la ficción Solondziana un poco más allá de lo habitual, y que en principio puede resultar incluso subversivo, pero el tono con el que todo (o casi todo) está planteado dulcifica esa primera impresión.

Aviva ,cuyo nombre no deja de ser un palíndromo, ha decidido quedarse embarazada, y buscará apareamiento de mil formas distintas a lo largo del metraje, iniciando una especie de película de aventuras posmoderna. En su periplo entrará tanto un adolescente rubio raro como un hombre mayor del que (por supuesto) ella inadecuadamente se enamorará. Al fin y al cabo, Aviva lo ve todo con mucha naturalidad, y sólo quiere tener muchos bebés porque así se sentirá siempre querida, lógica aplastante de adolescente “paralela”.

Entre las etapas que encontrará en su viaje, hallaremos una especialmente kitsch en la que se aloja en una especia de hogar para niños friquis (la albina, la niña sin brazos, el asmático, el epiléptico) capitaneado por una matrona oronda y sonriente, toda bondad, llamada “mamá Sunshine”. Este momento me recordó a los dibujos animados de los 70, del tipo de Heidi y Banner y Flappi, donde se preconizaba esa especie de bondad contagiosa llevada al extremo que, efectivamente, sólo puede formar parte de la ficción más extravagante. Al mismo tiempo, la madre de Aviva, interpretada por una intensa Ellen Birkin, rezuma una maldad también muy peliculera, actuando de contrapunto a esa Julie Andrews avejentada y con kilos de más que es mamá Sunshine.

Otra de las peculiaridades de la película – la más llamativa, y que por eso he dejado para el final – es el manejo que se hace de la actriz principal y de uno de los secundarios. Aviva cambia con cada aventura, pero no sólo mentalmente, sino también físicamente. Su personaje está representado por siete u ocho actrices diferentes dependiendo de la toma, actrices que retoman el personaje para otra toma y luego lo vuelven a ceder para la siguiente. Aviva, entonces, deja de ser pelirroja y con aparato dental para convertirse en una inmensa negrata y luego es de nuevo blanca, pero esta vez gordita y de cejas pobladas. Este recurso nos confunde al principio, y sólo le veo justificación como paradigma de la libertad con lo que este cineasta plantea sus ficciones. Crea una manera nueva de narrar a un personaje, si se me permite la expresión, le otorga cierta carga de magia, de abstracción a la película, como tratando de decirnos que quizá no haya que tomarse este juego demasiado en serio, como intentando que nos distanciemos y aceptemos la aconvencionalidad del lenguaje y del contenido como ejercicios de estilo.

En cualquier caso, esta extravagancia fílmica destila talento, una grotesca creatividad, y momentos de impagable comedia en diálogos que mezclan la ironía, la inocencia y el descaro con maestría. En resumen, una película insólita para paladares entrenados. Y otro de los detalles que me gustan es que escoge a gente fea, incluso deforme, como parte del elenco actoral, algo que en Hollywood escasea y es sano, puesto que no impone modelos estéticos imposibles y ofrece sueños más realistas. Cualquiera puede ser la reina del mambo en una película de Todd Solondz, ¿me entendéis?

viernes, diciembre 08, 2006

SOY FALSA (la canción)


FALSAAAAAAAAAAAA
SUPERFALSA
DIENTES, DIENTES...

Busco productor o dj experimentado para que me ayude a hacer de esto un disco. He tratado por todos los medios a mi alcance (premeditación, chantaje, secuestro, amenazas, tortura) de que formase parte del repertorio de algún artista emergente y con imagen prometedora, pero cuando eres un pendoncillo de provincias periféricas nadie te toma en serio. Y, como diría la tricéfala (Tamara-Ámbar-Yurema o como sea, tanta chicha pa tan poca limoná) "me parece patético".

No se me ocurría otra plataforma que ésta para dar a conocer esta canción. Ahí va. Espero miles de comentarios, posibles contratos, montañas de propuestas, fans agolpados en el portal de mi casa, flashes en todas partes. Miss Kittin, por favor, proponme algo. Felix da Housecat, prodúceme. Vive la Fête, llamadme. SUPERPORFAAAAAAA...


SOY FALSAAAAAAA

Soy falsaaaa
Te miro y te sonrío,
Soy falsa
Pero pienso fatal.
Soy falsa,
Te juro que da el pego,
Soy falsa,
Me sale natural.

Falsa, falsa, falsa, falsa, falsa
Adicta a la mentira
Memola aparentar.
Títulada en falsa modestia,
Doctorada en mentira
Máster en falsedad.

Soy falsa
Te invito a mi cumpleaños
Soy falsa
Aunque me caigas mal
Soy falsa
Y luego te critico
A tus espaldas
Lo aprendí de mamá.

En las fiestas
Me beso con extraños
Soy falsa
Que en realidad detesto.
Qué pasa
Ésa es mi verdad
Soy falsa
La pura falsedad

Sonrío cercana
Como Ana Rosa Quintana,
Actriz total
En plan Carmen Maura,
Nada pendón
Como la Obregón,
Natural
Como Yola Berrocal.

Falsa, falsa, falsa, falsa, falsa,
Yo soy de cartón piedra
Maquillaje y maldad.
Me gusta la doble moral,
La sonrisa torcida
Y la telerealidad.

martes, diciembre 05, 2006

Campos de Teresa


Aunque hace poco tiempo que soy bloguero, reconozco que me está dando fuerte. Tanto que creo que el bloguero de cabecera debe querer emigrar escandalizado por mi falta de criterio para escoger qué comentar (entiendo que el post pro Lindsay Lohan pueda parecer carente de criterio, pero es que vivimos en una época POP, y ya se sabe, cuando haces POP ya no hay stop). Espero que vuelva pronto porque me parece que esto se está desmadrando. De hecho lo de este post puede hasta escandalizar.


Y es que yo tiendo a dejarme llevar, culturalmente hablando. Al principio me puede costar un poco, pero después me adapto y defiendo lo indefendible, que luego resulta no serlo tanto. No sé si me entendéis, es por ejemplo como lo que ocurre con las libretas de Naranjito, que en el 82 a todos nos parecían horrendas y sin embargo ahora, vía ejercicio nostálgico, ponemos en el altar de lo chic. Todo por culpa del tiempo, que todo lo tiñe de vínculos.


O como mi relación con la televisión matinal. Empecé haciéndome fan de la tele matutina cuando empezó allá por los años 80 y tantos, una extravagancia, en aquel programa-cajón desastre que moderaba Jesús Hermida (Por la Mañana, creo que se llamaba) y amenizaban entre otras Consuelo Berlanga (semi retirada), Irma Soriano (mi preferida en aquel entonces, joven, guapa y simpática con lo del "cao-cao", después desdibujada), Miriam Díaz Aroca (show-woman desgraciadamente reconvertida en robot pseudoIgartiburu), Nieves Herrero (prefiero no comentar) y THE QUEEN MARÍA TERESA CAMPOS. Qué tiempos.


Como sucesor de la carta de ajuste, la verdad, me parecía comparativamente mejor, especialmente los "Apueste por Una" en los que una agria Patricia Ballesteros perdía sistemáticamente por no poder luchar contra el gracejo y la persuasión de your royal highness MariTere. Era la época en la que estaba de moda la superpeineta de Martirio, la guerra de los sexos y las hombreras super powerful. María Teresa ejercía también de comedianta en una especie de sketches con cierta continuidad que se montaban a veces en el programa, siendo cuando menos eficaz, y cuando más la mejor.


Al poco tiempo pudo desarrollar un programa propio, y aunque vagó por varias cadenas siempre destacó por encima de todas y todos, mezclando entrevistas, actuaciones, desfiles de moda algo cutres, introduciendo el corazón en la televisión de forma todavía tímida y hasta cierto punto elegante, promocionaba fregonas, spaguettis y zapatillas como si tal cosa; seguía con sus teatrillos, y disfrutaba como una enana. Es cierto que en su última etapa se había vuelto algo intransigente en algunos momentos, que cometió el error de contratar a Rociíto, puede que incluso resultara algo prepotente, no lo sé a ciencia cierta, pero creo que no se le ha reconocido que creó el germen de lo que son ahora casi todos los magazines televisivos, algunos actualmente desmadrados y sonrojantes. Ella eso lo solía controlar. Porque, como se dice por el norte a veces no hablaba, sino que "posaba la palabra".


Alguien pudo con ella hace casi dos años, de manera muy contundente. Con la que era la superviviente por excelencia del mundo catódico ibérico. Esta otra señora no ha hecho sino copiar el modelo Campos sin pagarle derechos de autor ni agradeciéndole nada. Quizá use un tratamiento de las noticias algo menos vehemente, más "pijo", pero en el fondo los temas que se tratan son en su mayoría más truculentos, y la profundidad que se le da a la mesa de debate político (otra copia escandalosa) es casi de chiste. Esta señora, a mi modo de ver, no se sabe expresar con la necesaria fluidez a veces, y me resulta estirada, falsa y bastante sosa. Me da como AR-dor de estómago.


Ya sé que en el mundo bloguero probablemente resulte algo "marujil" el tema que he tratado, pero a mí la Campos me daba rollito, me hacía gracia, y la echo de menos. Además, quien no sea un poco marujilla a veces que tire la primera piedra. Yo además de marujilla ocasional, he de reconocer que soy un poco teleadicto, o más bien lo era, porque tal y como se está poniendo la tele, mejor me voy al cine. O a hacerme un arroz a banda.


Un fan de Teresa Campos.


PD: No sólo de Derrida, Shakespeare o Woody Allen vive el hombre. Al menos yo. Y la mujer ni te cuento.

SCOOP O VOLVER CON LA FRENTE "FLORIDA"

El otro día fui a ver Scoop de Woody Allen. Siempre me habían gustado sus películas, excepto en la segunda mitad de los 90, donde Acordes y Desacuerdos (insufrible) o las decepcionantes Granujas de Medio Pelo o Todo lo Demás provocaron cierto desinterés en mí hacia sus propuestas. Como buen director que es, y sobre todo estupendo guionista, siempre encontraba toques de talento y originalidad en lo que veía, pero bastante dispersos. Además, ciertos tics se me hacían repetitivos y poco inspirados.

Sin embargo, esto cambió. De casualidad me llevaron a ver Melinda y Melinda y recuperé algo de interés. Me volví a sentir fan con Match Point - un gran cambio de tono y obsesiones - a pesar de que su primera mitad me pareció muy superior a a segunda, y con Scoop creo que me he vuelto incondicional. Veréis por qué.

La trama nos sitúa en el Londres contemporáneo, en un espectáculo de magia en el que una inexperta periodista americana - Scarlet Johansonn supercreíble - recibe un soplo sobre un asesinato mientras participa en un truco. El que lanza este soplo viene de un pintoresco más allá, más propio como videoclip de la infame "Ay quién maneja mi barca, quién" que de una película "seria".
A partir de ahí, y con la inestimable colaboración del mago (Woody) como compañero de correrías detectivescas, ambos tratan de resolver el misterio introduciéndose en el círculo social aristocrático al que pertenece el supuesto asesino, inventando una relación paterno-filial de lo más inverosímil. El supuesto criminal resulta ser un apuesto joven (un Hugh Jackman ajustado al papel) por el que la desastrosa periodista beberá los vientos; eso sí, sin renunciar a investigar lo que parece ser a fin de cuentas una gran paranoia.

Al tiempo que los diferentes orígenes de los personajes - clases sociales dispares, nacionalidades distintas como son el Reino Unido y Estados Unidos - provocan ciertos contrastes bien aprovechados por el guión; las situaciones rocambolescas se suceden una tras otra sin dejar de ser del todo creíbles, lo cual tiene bastante mérito si nos fijamos en lo extremo de la trama. En definitiva, que resulta simpática, divertida y ocurrente. Esta vez no he notado un agotamiento de los planteamientos a mitad de película, ni me ha ocurrido que de repente un personaje me resulte cargante después de un rato.
Podemos extrapolar alguna reflexión más profunda de toda la ficción planteada (la obsesión por la muerte, muy desdramatizada, o la desconfianza hacia las apariencias) pero siempre en tono irreverente. Resumiendo, os diré que recomiendo esta película si queréis pasar un buen rato y os gusta el Woody Allen de siempre. Por cierto, la música, m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-a. Y me olvidaba, tiene cosas de Misterioso Asesinato en Manhattan y también de Desmontando a Harry.

sábado, diciembre 02, 2006

The artist's game with Cyndi Lauper.

Siguiendo la estela de Xabi en su blog y de ledo75 en su fotolog, he decidido jugar a lo que proponen. Elegid a un artista al que admiréis y proponed títulos de canciones para cada etiqueta. ¡Mola!

1. Solista o grupo elegido:
Cyndi Lauper
2. ¿Eres hombre o mujer?:
Boy Blue
3. Descríbete:
It’s hard to be me
4. ¿Qué sienten las personas acerca de ti?:
He’s so unusual
5. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?:
I don’t want to be your friend
6. Describe tu actual relación con tu novio(a) o pretendiente:
I'll kiss you
7. ¿Dónde quisieras estar ahora?:
Dancing with a stranger
8. ¿Cómo eres respecto al amor?:
Insecurious
9. ¿Cómo es tu vida?:
Girls just want to have fun
10. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo?:
Shine
11. Ahora despídete:
I’m gonna be strong

Burn, Lindsay, BURN!!


¿Quién no ha querido alguna vez ser una reina de la comedia americana para adolescentes? Y no hablo de la típica novia de América (como Julia Roberts o Meg Ryan) de imagen tirando a inofensiva, prototipos de audiencia masiva con paréntesis cultos en cine independiente. No. Me refiero a esas chicas monas sin demasiado talento que pululan por comedietas más o menos prescindibles pero amables y auténticas, que no venden una imagen prefabricada y falsa, sino que se venden a sí mismas, a veces prefabricadas, a veces falsas, y sacan partido de la fama para correrse la gran juerga de sus vidas.

La última incorporación a ese olimpo de estrellas que se ganan el pan y el caviar en guiones rabiosamente formulaicos es Lindsay Lohan, una chica pelirroja que comenzó como actriz infantil simpática en un ámbito en el que resultar repelente (Dakota Fanning, agh) es la norma, para convertirse poco a poco en la típica “reina del instituto” adolescente que ligaba por doquier, terminando por adoptar un rol de joven divertida y de precocidad inquietante pero seductora dentro y fuera de las pantallas.

Esta chica aprovecha su fama para asistir a las mejores fiestas de Hollywood y salir siempre la última, apurando la diversión hasta el final; mete la pata liándose con chicos que luego filtran fotos comprometidas suyas a diestro y siniestro, véase sin ropa interior, o con sospechosas ojeras; se hace amiga ocasional de Paris Hilton y luego se enemista a muerte con ella y le prohíbe la entrada en eventos a los que ella asiste; recibe reprimendas de los jefes de los estudios por irresponsable e impuntual; finge ingresos en hospitales y oculta hospitalizaciones verdaderas por diversos achaques provocados por esa agitada vida; y mientras tanto actúa en películas olvidables pero encantadoras por su falta de pretensiones compaginándolas con declaraciones imposibles reconociendo anorexias y adicciones en nada menos que el Vanity Fair. Drama queen, como la Marilyn (pronúnciese con acento en "lyn").

Esa manera de atracarse de vida, con una indudable sobredosis de actividad ,experiencias, y sustancias a fin de cuentas no es un “role model” muy sano, pero tampoco pretende serlo. Lindsay simplemente se representa a sí misma y no finge, sino que más bien le saca partido a lo que le ocurre de la manera que juzga más oportuna. En otras palabras, que se lo pasa teta.

Si después de todo esto aún quieres ser una Lindsay Lohan de la vida, recuerda que has de cumplir los siguientes requisitos:
- Belleza adolescente, aunque luego acabes convertida en una vaca burra recalcitrante como le ocurrió a Linda Blair o una matrona descafeinada como Brooke Shields.
- Ansia desmesurada de trasnoche a la española y juerguecilla gitana.
- Uso y relativo abuso de sustancias estimulantes.
- Familia disfuncional o inexistente.
- Cara simpática, preferentemente pecosa.
- Nacionalidad norteamericana, “of course”.
- Club de fans de doceañeras.
- Cierto seguimiento por parte del lobby rosa.
- Afán de protagonismo desmedido.
- Un punto horterilla.
- Teñirse cada dos por tres.
- Admirar a directores de la tercera edad e incluso trabajar con ellos (el fallecido Robert Altman o el irrepetible Woody Allen). Pronto computará Almodóvar.
- No tomarte demasiado en serio, pero que tampoco te tomen por tonta o te convertirías, con el tiempo, en Gunilla Von Bismarck.

Que conste que actrices como Christina Ricci también me encantan, pero esto ya es otro rollito. Y para terminar, Lindsay, si entiendes el español, decirte que me gusta ver cómo quemas tu juventud viviendo diez vidas en un año. A los 25 seguro que ya podrás escribir tus memorias. Los que te critican no saben lo que es reinar en el instituto, ni se divierten, ni saben generar esa expectación, ni tienen una agenda taaaaan agitada.

Para los detractores (o dehtructores) que de todo hay, recomiendo una web farandulera llamada www.thesuperficial.com, la sucursal online del Tomate en los USA, muy americana, muy amarillista.

sábado, noviembre 25, 2006

Middlesex


Ajeno hasta hace poco a la cultura bloguera, y reconociéndome un poco perezoso y sobre todo lento en mis lecturas, pienso que no estaría de más de vez en cuando haceros partícipes de nuestras filias y fobias literarias, en parte porque lo considero una pequeña carencia del mundo blog, en parte porque tanto mis filias como mis fobias suelen ser exarcebadas y necesito hacer al mundo partícipe de las mismas por si pudiesen sentirse reflejados de una u otra manera. Vaya por delante que me resulta más complicado elaborar una crítica o una reflexión sobre un libro que sobre una película, probablemente porque el cine resulta más inmediato, más sensorial si me permitís la cursilería, y te permite recordar más detalles por lo reducido de su duración. De todos modos, bastantes de mis películas preferidas no son sino guiones adaptados (de obras teatrales o de novelas) con lo cual no puedo renegar de los libros por antigualla que parezcan.

Con todo esta introducción no he pretendido aburrir al personal ni pecar de petardismo cultural, pero si lo he hecho habérosla saltado, ¿no?

Ya sin más preámbulos me voy a referir hoy al último libro que he leído, una novela que a veces juega al despiste intentando parecerse a las de antes (división interna en libros, títulos rimbombantes de capítulos, tocho considerable, historia de varias generaciones, etc…) para rebelarse como un artefacto bastante más sofisticado de lo que aparentaba. Es un premio Pulitzer que se llama Middlesex y fue escrito por Jeffrey Eugenides. Pero os voy a contar cómo me dio por leerla, yo, superfan de Jacqueline Susann.

Hace ya unos cinco o seis años, cuando pasaba un verano algo descocado en Londres, un día de lluvia de agosto decidí ir al centro a ver una peli en uno de esos cines londinenses vacíos y carísimos que abundan por allí. Había leído en el Time Out la crítica a Las Vírgenes Suicidas, opera prima de Sophia Coppola, y en vista de las mismas me dije “Hay que verla”. No me equivoqué. Presentaba, siempre con una estética entre naif y preciosista, la historia de cuatro (¿o eran cinco?) hermanas que poco a poco iban muriendo en el seno de una familia aburguesada pero “progre” de la California de los 70. Me costaba enterarme de lo que decían los personajes porque mi inglés estaba en estado larvario por aquel entonces, y sin embargo, conecté totalmente con el universo visual de la peli y con el juego de sugerencias y de adolescentes en plena transición entre la luz y las tinieblas. Me resultó contagiosa y pronto supe que se había basado en un libro de Eugenides, nombre que no olvidé.

Cuatro años después, en un giro insospechado, conocí a una compañera de trabajo cuyo novio compartía agente literario con el tal Eugenides éste, y esto ya fue lo más. Yo, para hacerme el interesante (con gente así nunca está de más) grité “Sí, el autor de The Virgen Suicides, por supuesto que lo conozco, claro, claro….” como si comiese en mi casa de viernes en viernes. Al poco tiempo éste chico recibía el Pulitzer por su nueva novela, llamada Middlesex, y aquí ya no puede frenarme, me conecté a Amazon y me hice con ella.

El título es inmejorable (Middlesex se refiere a la dualidad sexual del protagonista así como al nombre de la casa que ocupa su familia durante largo tiempo) pero el diseño de la portada resulta decepcionante. Después, si forramos el libro con algo más decente que el bulbo mal pintado ese y leemos, descubrimos que con un arranque correcto pero un poco manido, nos introduce en la vida de unos hermanos (chico y chica) griegos que discurre sin mayores problemas por el Monte Olimpo a principios del siglo XX hasta que se produce la invasión turca y deben huir desesperados a la tierra prometida, o sea, América (se entiende del Norte, o sea USA) en una travesía marina muy especial. Ellos son el germen de una nueva familia una vez establecidos allí, y Eugenides nos relata su integración en la sociedad americana, su estancia en el Detroit prometedor de Henry Ford y luego degradado por las revueltas de la minoría negra, la transformación de un país por la aparición de los inmigrantes, la evolución de las costumbres sociales desde un férreo puritanismo hacia una libertad cada vez mayor, pero sobre todo ello, la odisea de un gen que provoca hermafroditismo y una explicación doble al mismo: un origen biológico (consanguinidad, poblaciones concretas de Grecia y Turquía portaban ese gen) y un origen supersticioso del mismo (los hermanos originales del principio de la historia, piedra angular de las tres generaciones retratadas en la ficción, cometen un pecado cuya penitencia llega con ese hermafroditismo mucho después).

Obviamente, la novela se enmarca dentro de la tradición actual de pastiche estilístico, ya que contiene una parte histórica, otra sociológica y también un trabajo muy pulido en la construcción de personajes. Asimismo, el estilo narrativo me resultó elegante e incluso poético, aunque a veces el autor parece querer rizar el rizo y aplica metáforas excesivamente modernas en contextos en principio inapropiados – me pareció que chirriaba en algunos de estos momentos – o se recrea en ciertos acontecimientos algo más de lo necesario.

El libro se circunscribe dentro del debate sobre el “gender” (género) como algo opuesto al “sex” (sexo), con un personaje principal cuyos vaivenes, inquietudes, problemas y aventuras descansan sobre esos pilares en todo momento. Algunos párrafos del libro son tremendamente acertados, como cuando habla de las supuestas diferencias entre hombres y mujeres, y de cómo la interpretación de las mismas varía en función de la corriente de pensamiento vigente en cada década, tan mutables como los genes humanos. Existe todo un aparato crítico dentro de las universidades del mundo que investiga sobre el “gender”, su representación en la cultura y su presencia en la vida cotidiana, y este libro resulta sin duda un buen punto de partida para entender ciertos conceptos.

Narrativamente, creo que usa algún recurso muy visto (como la existencia de dos niveles narrativos desde el mismo comienzo casi de la ficción) pero realmente propone fragmentos de una inolvidable originalidad, donde aparece esa mezcla de espíritu inocente y contexto degradado (las escenas donde Cal o Calliope, personaje principal, decide escapar para trabajar en un club de striptease parten de algo manido y de casi mal gusto pero se convierten en las mejores de todo el libro, por su originalidad, tacto, y detallismo).

La construcción de personajes es impecable, rica y creíble, salvo en dos casos de personajes secundarios con poco peso en la ficción que sin venir a cuento resultan no ser quienes (o como) creíamos que eran. Aunque se quiera relacionar esa doble identidad de ambos personajes con la dualidad del personaje principal para normalizar lo anómalo, y como tal se pueda justificar, debería haberse engarzado mejor.

En resumen, creo que resulta una lectura muy interesante, con fragmentos realmente magníficos, y especialmente apetecible para todos aquello que se plantean dudas, que tiene curiosidad y que, por qué no, encuentran sus propias respuestas. Disculpas por la extensión, no sabía cómo resumir mi opinión en menos palabras. ¿Será que se me ha contagiado algo del escritor éste?

sábado, noviembre 18, 2006

Una Verdad Incómoda es incómoda de ver

Alarmados estamos en Galicia ante el cambio climático. Nunca antes nos habíamos paseado por la playa en bañador ni aventurado a remojarnos en el mar un 8 de noviembre. A 26 grados. Incluso los almendros volvían a florecer, y todo eso después de tres semanas lloviendo non-stop, lo cual había provocado el advenimiento de millones de setas de todo tipo en los lugares más insospechados (amanita muscaria por doquier en mi curro, por ejemplo, hello!) Todo suena muy dramático, pero es que lo es. El cinismo en su justa medida es sano, y sirve como arma protectora ante un montón de cosillas desagradables, pero a veces parece un arma de doble filo. Llegará el día en que nos asfixiaremos en nuestra propia ironía, aunque por ahora sólo forma parte de nuestro “kit esencial de supervivencia” al lado del MP3, el metro o los cubatas.

Yo tengo una amiga bióloga que cuando toca el tema me pone los pelos de punta, supongo que como a todos, y por eso mismo todos preferimos no pensar mucho en ello, ya que el rollo extinción de la raza no es lo que más te apetece tratar un sábado cualquiera, pongamos por caso, en un pub flanqueados por las notas imposibles de la Terremoto de Alcorcón, ¿o tal vez sí? Nos dedicamos a mover el cucu, brindamos, bailamos, nos enrollamos con alguien si surge y “pacasa”. Maravillosa inconsciencia.

El caso es que por mucho que neguemos el problema o lo ignoremos, más bien, el tema no hace sino empeorar. De repente, nuestra cartelera anuncia un documental que afronta el tema desde una perspectiva seria y al mismo tiempo comprensible para todos: Una Verdad Incómoda. No pude evitar ir al cine el día de su estreno. Estaba preocupado, jopetas. A todo esto, el timing del estreno, perfecto, en plena ola de calor de noviembre.

Lo primero que me sorprendió fue la cantidad de adultos que poblaban el cine, incluso jubilados, y me sentí mayor de lo que soy, incluso un poco carca. Un horror. Al poco rato, empezó la peli. No os desvelaré ningún secreto si os digo que alguna de las afirmaciones y predicciones que ofrece son realmente desalentadoras. No niego que sea un proyecto útil y hasta cierto punto bien llevado. Pero, por favor (con tres uves), ¿quién se cree Al Gore?

Pero empecemos por el principio. Al parecer, el documental es una translación cinematográfica de una conferencia que mister Al Gore, expresidente de los EEUU y excandidato demócrata, se ha empeñado en dar por los confines del universo poblado. El punto de partida, consecuentemente, me parece partidista como poco; no sé que hace este tipo como portavoz del movimiento ecologista. Es como si Paris Hilton se hiciera defensora de la lactancia materna, ¿no? Nada que ver. Y me diréis, Brigitte Bardot también defiende a las focas, pero ella lo hace desde que se puso oronda y redonda, lo cual tiene cierto pase. Por otro lado, el tono empleado es tan irritantemente paternalista, didactista (que no didáctico) e infantiloidemente buenrollista que provoca alergia. A veces da la sensación de que te toman por un parvulito, y no se puede subestimar al espectador de esa manera. Se supone además que este documental va dirigido a mentes pensantes que votan al partido demócrata, así que ¿por qué se nos trata este señor como a alumnos de primaria, con esos gráficos simples y discurso sin oraciones subordinadas? Misterios sin resolver.

Al mismo tiempo, eché de menos la mala leche de “Super Size Me” o la sutilidad e inteligencia de “Party Monster” y noté el abuso de la técnica de Michael Moore en todo momento, pero con menos talento. Una visión cuasiunívoca, machacona, y para rematarla, bastante pobre visualmente, con mucho soporte fotográfico e imágenes tomadas de la CNN (inaudita falta de medios, en mi opinión, y de espectacularidad).

En definitiva, que todo lo válido que ofrece el contenido del documental, donde conocemos datos alarmantes y bien seleccionados lo invalida hasta cierto punto una forma burda de presentarlo. Al Gore, no puedo con él, “candemor”. Me daba ganas de enchufarle un buen chorro de laca setentera llena de CFCs. Porque yo lo valgo.

domingo, noviembre 05, 2006

Get RID!

Quizás me doy mucha prisa al hablar de un grupo que descubrí anteayer (literalmente), y del que sólo he escuchado 4 canciones. No obstante, por lo poco que he escuchado, visto y leído, creo que su propuesta encaja perfectamente con nuestros gustos (ahora tercia hablar en plural).

Se trata de un dúo femenino llamado Robots in disguise. Se acaba de reeditar en el Reino Unido (su país de origen) su segundo disco Get RID!, que salió hace ya un par de años en Francia, Australia y los países de Benelux. Ellas se definen a medio camino entre Serge Gainsbourg, Chicks On Speed y Kraftwerk. Aunque es inevitable clasificarlas dentro del movimiento Riot Grrl, por lo mucho que nos recuerda su imagen trash y su mezcla de punk y synth-pop a unas claras exponentes como son Le Tigre, Peaches o las ya mencionadas, Chicks On Speed.

Dicen de sí mismas que homenajean con su imagen y actitud a dos iconos de la cultura pop como Bowie e Iggy Pop. Lo cierto es que uno de sus puntos fuertes es su puesta en escena (por lo que he podido leer y ver en sus videos), con sus saltos y piruetas, y donde alternan el uso de instrumentos clásicos como las guitarras con otros menos frecuentes, como el xilófono o la flauta dulce.

Para más información, se puede visitar su web oficial. Aunque yo recomiendo buscar sus videos en youtube, y dejarse enganchar por canciones como La nuit (en francés, y para un mercado donde son más conocidas), Turn it up (con una claro homenaje a David Bowie) o The Dj's got a Gun (una muestra de su vertiente más disco). La canción que más he escuchado en la radio es una versión del Girl you really got me de The Kinks, que ellas convierten en un recital de instrumentos musicales de juguete.

En fin, que os recomiendo Get RID! y nunca get rid of RID!

sábado, noviembre 04, 2006

Bienvenido Mr. Poderío

Se avecinan cambios.

Como otros han hecho antes, he decidido contar mis con amigos para escribir este blog. Con lo inconstante que soy, de seguir escribiendo sólo yo, caerían dos o tres entradas al mes, como mucho. Con más de una persona firmando, espero que el blog sea mucho más vivo, plural y, en definitiva, mejor.

Por ahora este blog ya tiene un segundo autor. Su nick, Poderío. Dejaré que él se presente a sí mismo, aunque ya se haya dado a conocer con los comentarios de las películas Yo soy la Juani e Hijos de los hombres.

Y para seguir introduciendo cambios, voy a poner cara a mi firma. Para eso, necesito publicar primero una foto en el blog. Sirva esto como justificación de la imagen que ilustra la entrada.

Los hijos de los hombres del Pre-Apocalipsis

Siempre me han fascinado esas etiquetas anglosajonas tan grandilocuentes, reflejo de una sociedad obsesionada con clasificarlo todo, desde la banalidad de los tipos de hamburguesa por su tamaño (small, regular, king size, super size), pasando por la música según su supuesto estilo (listas de éxitos rap, dance, pop, blues y un larguísimo etcétera) hasta llegar a disquisiciones sobre la evolución de la sociedad o la cultura (Modernismo, Postmodernismo, Era Postindustrial que se supone que es la actual, etc).

Lo cierto es que aunque en un principio esta actitud resulte ajena a nuestra manera peninsular de ver la realidad, mucho más pegada al detalle y menos dada a la teorización en abstracto; una vez observada, comprendida y asumida, resulta de gran utilidad para ganar un poco de perspectiva en casi cualquier tema. Y si no, fijaos en la cocina, que está tan de moda desde que alguien acuñó eso de “Nouvelle Cuisine” (ahora ya superpasadísimo). Se crearon etiquetas y entonces, incluso la sin par Bárbara Rey , gracias a esa orientación y a un chef que era el que en realidad lo freía todo, pudo presentar un programa de cocina en Canal 9 con éxito y dejar de enseñar muslamen para revolverlo al ajillo.
De repente, tú mismo comienzas a proponer etiquetas que pueden ayudarte a dividir la realidad en compartimentos más fácilmente asumibles. Véase sino, por ejemplo, las etiquetas sociales vinculadas a cierta ropa y maneras (un quillo, una juani, una pija, un macarra, un porrero, un cansino) o a otra ropa y otras maneras (maribollera, oso, musculoca, lercha, perracha, fistorra, y demás variantes psicotrónicas). Poco a poco parece que de tanto compartimentar ya tienes claro quién eres, cómo es lo que te rodea, a dónde vas, de donde vienes y por qué, por qué, por qué.

En esta pseudocerteza postindustrial me movía yo antes de meterme el otro día a ver esa película: Hijos de los hombres (Children of Men), la ultimísima propuesta de Alfonso Cuarón, al que sólo recordaba por una secuela del mago adolescente resabido ése que me produce un amable estado de grata somnolencia. A pesar de que el director no me decía nada, me adentré en el cine, yo, que siempre he sido muy de ciencia-ficciones, o ficciones científicas que dirán los puristas un poco petardos, esperando toparme, además de con la magnética presencia de Julianne Moore, con quizá el gélido glamour y buen pulso de Blade Runner, la dureza prosoviética de 1984, o la precisión acongojante y enigmática de 2001 Odisea en el espacio. Admito que exagero un poco, no esperaba tanta cosa, pero me ha servido para que sepáis que manejo adjetivos de alcance.

Me encontré con algo en parte inesperado. Desde luego, la película falla en varios aspectos, entre los que yo resaltaría la falta de tensión narrativa en algún momento, provocada por la infrautilización de efectos especiales, por el uso reducido de la música para acompañar a la acción y por el tono general, cercano al documentalismo. Añadiria también como demérito la falta de carisma de Clive Owen como sustentador de toda la trama o la falta de claridad con respecto a los motivos que la generan (no así los que la desarrollan, mejor trazados).

Sin embargo, al mismo tiempo, todos estos defectos curiosamente juegan a su favor. Por ejemplo, Clive Owen, que luce un rostro algo inexpresivo al principio, es definitivamente un antihéroe tristón y sobrepasado por lo que ocurre, desconfía, da pasos en falso, no tiene a qué agarrarse… y en parte creo que todo ello le sirve al espectador como espejo para identificarse con él.

Por su parte, la acción, en ese discurrir aparentemente documentalista que a veces genera cierto distanciamiento, se convierte debido a ello en casi preocupantemente reconocible. Por momentos incomoda esa tan posible sociedad degradada, violenta, masificada, ilógica y descontrolada. No es sino una proyección a 25 años vista de la sociedad actual en la que no se solucionan, sino que se recrudecen en progresión geométrica, problemas como la inmigración, la contaminación, el terrorismo, las desigualdades o las enfermedades masivas. Hay un detonante además que convierte a ese mundo en una pesadilla invivible, pero ese detalle no lo voy a desvelar.

La película también parte de una premisa muy original a la vez que plantea ciertos giros inesperados (entre los cuales la ausencia prematura de Julianne Moore me parece uno de los menos acertados) hasta convertirse en una especie de ejercicio de fe en el ser humano y en uno mismo frente a la adversidad.

No sé si habré explicado bien en qué consiste sin desvelar la trama, probablemente no del todo, pero no era mi intención contar la película. Resumiendo, lo que más me ha llamado la atención es ese discurrir desesperanzado de las gentes, la locura del maltrato a los inmigrantes, la mezcla onírica de naturaleza enferma y civilización podrida, el final del arte, y entre todo ese reguero de desechos una tenue, casi paradójica, esperanza. Todo esto lo consigue sin efectismos gratuitos, aunque dos o tres tampoco habrían sobrado.

No sé si lo que vemos es la sociedad postindustrial o más bien un mundo muy próximo a la extinción, pero en cualquier caso, creo que alerta a la gente de lo que puede ocurrir. No en vano desde que la fui a ver ya he oído que la pesca desaparecerá en 2048, que han llegado 500 inmigrantes a las costas españolas en dos días, que EEUU ha levantado un muro en la frontera con México y que hay otra película (ésta claramente documental) donde Al Gore muestra fotos de un Kilimanjaro a unos inquietantes 25 grados de temperatura. ¿Eso también es ficción? ¿Cómo la etiquetamos? Recomendación: después del cine toca una fiestuqui un poco alcohólica, un cafetín con los amigos, un concierto de música electro para gritar a gusto o una sesión doble de Gran Hermano 8. Y es que hay que relativizar, que al fin y al cabo aún estamos en 2006. Viva Ana Obregón. Viva Julio José Iglesias. Larga vida al pijerío cutrenacional.