jueves, febrero 22, 2007

zzz...Dreamgirls...zzz


Resulta sorprendente cómo a veces puedo anticipar si una película me va a resultar interesante. Entre críticas leídas por encima, comentarios someros de amigos o conocidos, pistas que te da el cartel y menciones varias en internet, siempre te puedes ir orientando. Luego, aparte de todo esto, yo tengo cierta intuición extraña que me falla pocas veces. Con Dreamgirls fue así, tenía la sensación de que no era nada del otro jueves y efectivamente mis expectativas se vieron confirmadas. Dioses y Mónstruos, anterior obrilla del director responsable de esta película, me había dejado indiferente, y también lo había presentido. ¿Tendré que abrir una consulta de videncia?


Pero vamos a lo que vamos. Dreamgirls. Partiendo de una historia real, la película plasma la trayectoria de tres cantantes negras desde el oscuro Detroit de los disurbios raciales de los 60 hasta el superestrellato, aliñándolo con un toque de folletín e insertando una historia de superación personal en el más puro estilo Hollywood-Babilonia pasadísimo de grandilocuente. Este trío de "cantaoras" son un paralelo más que evidente de Diana Ross and The Supremes, con lo cual no termino de comprender que se nos venda como una película original cuando es un biopic (algo dramatizado) en toda regla. ¿Temían acciones legales por parte de Dirty Diana quizá? Es el primer tropezón que veo, pero hay más. Tantos que la foto que adjunto es de las (enteras y) verdaderas The Supremes.


La historia en sí no es muy original, y en estos tiempos de Operación Triunfo, MTV y adicción al mundo rosa, menos si cabe. La planificación de las canciones, como su propio nombre indica, me parece PLANA hasta el aburrimiento, ya que no se insertan en la trama dando lugar a escenarios diferentes e incrementando las posibilidades dramáticas, sino que se presentan como actuaciones en escenarios diversos del trío Lalalá. Escenarios con sus luces, sus escaleras, sus focos, que rompen el discurrir de la historia con demasiada frecuencia. ¡Como si esto fuera Mira Quién Baila! Ah, y debido precisamente a que las canciones no las conocemos (si se apropiasen de las originales de The Supremes esto sería otra cosa) lo cierto es que en su mayor parte nos resbalan muchísimo. Y es que tampoco son como para echar cohetes, suenan rancias y sosas.


Hay que admitir, sin embargo, que el reparto maneja bien a los personajes, y si algo resulta especialmente llamativo en este capítulo es Jennifer Hudson, enorme en todos los sentidos. Insistiendo en el gastronómico símil, se come con patatas a Beyoncé, Eddie Murphy, Jamie Foxx y demás etnicidades varias, arrollando con su presencia vibrante, su voz arrolladora, su manejo brutal del personaje y una eficacia a prueba de bomba. Logra traspasar la pantalla en más de una ocasión y engrandece la figura de Florence Ballard, inspiradora del personaje.


De todos modos, tampoco toméis toda esta crítica despiadada a pies juntillas. No me encantan los musicales por regla general (Chicago sería la excepción) y mis certezas pueden ser meramente intransferibles. ¿Estaré amargado de la vida?


PS: Super para nada!!!

jueves, febrero 15, 2007

La Ciencia del Sueño.


La última propuesta de Michael Gondry, La Ciencia del Sueño, curiosa coproducción franco-italiana, acaba de estrenarse. Dado a conocer en un principio por los video-clips de Björk, Gondry se convirtió en promesa prematuramente estrellada con su primer largo, Human Nature. Poco después, afortunadamente, confirmaría expectativas con la acertada Eternal Sunshine of the Spotless Mind, y ahora trata de volver a dar en la diana con esta película, donde sin renovar ni hacer evolucionar su estilo fílmico nos sigue resultando fresco y valiente.


La historia, sumergida de lleno en un mundo semionírico, se centra en un chico llamado Stephan (Gael García Bernal) que viaja a París para instalarse en casa de su madre -que sólo aparece a ratos- y aceptar un nuevo trabajo de diseñador de calendarios. Casualmente, conocerá a su vecina y entablará amistad con ella y con una amiga de ella. Sin embargo, nada es lo que parece en este mundo Gondryano.

Según parece, Stephan padece de una enfermedad disociativa desde los 6 años que le hace confundir la realidad con sus sueños, mezclándolas de tal modo que en muchos momentos no se llega a distinguir si lo que vemos es una cosa o la otra. Además, como es una persona creativa (diseñador gráfico) sus fantasías dan mucho de sí, y lo veremos a veces trabajar con unas manos gigantes que lo convierten en alguien torpe y agobiado, o tirarse por la ventana para volar por encima de los edificios de París con manuscritos en su mano, o crear una máquina del tiempo que rebobina y adelanta los momentos imitando a un mando de vídeo. Como vemos en algunos tramos de la película, él es una especie de director en la sombra de la inconsciencia e inconsistencia que rigen su propia conciencia.


Sin lugar a dudas, los dos pivotes alrededor de los cuales gira esta extraña historia son por un lado, el mundo laboral de Stephan, y por otro el mundo afectivo. Laboralmente, se ve rodeado del típico colega graciosillo-vividor que se convierte en amigo y dos chupatintas bastante insoportables connaturales a toda oficina cutre que se precie, además de un jefe estirado que finalmente aceptará sus propuestas (o quizá sólo en sus sueños, quién sabe). Afectivamente, Stephan se enamorará de su vecina, una compositora poco agraciada pero compatible con él, puesto que posee un mundo interior lleno de creatividad y muestra una tierna perplejidad ante un personaje tan particular como él. Ambos entablan una relación curiosa, con altibajos, momentos de plenitud y otros de incomprensión, debido principalmente a la naturaleza de Stephan, siempre dubitativo, siempre perplejo. El espectador también lo está, y quiere saber más.

Gondry no nos da ninguna clave para interpretar su película. Va enlazando ambos mundos de manera cada vez más sutil, y las estridencias de los momentos más locos se ven aplacadas por el contraste con la realidad más gris. Y de nuevo, como por arte de magia, la pantalla se vuelve a llenar de máquinas de escribir enormes, de animales de trapo, de trazos imposibles y de pantallas manipulables. Los personajes se desdibujan, la línea argumental se disuelve y todo vuelve a empezar otra vez.

Lo que más me gustó de la película fue la capacidad de sorpresa que atesora, su imprevisibilidad, y especialmente los momentos de poesía visual que consigue transmitir al mostrar la relación amoroso-poética entre Stephan y la vecina. Lo que menos fue que a veces la ficción se torna impermeable, como si el pretexto nublara al texto, y puede llegar a agobiar como lo haría alguna pesadilla inoportuna, con giros más propios de la farsa que de la comedia. Sin embargo, detrás de una puerta que se abrirá, sabemos que todo volverá de nuevo a ser comprensible. ¿O tal vez no?

Los efectos visuales de La Ciencia del Sueño son muy naif, han evolucionado poco con respecto a los vídeos que este director filmaba para Björk, y sin embargo, tienen mucho poder evocador. Montañas de tela blanca, disfraces y nubes de algodón son parte de los recursos utilizados, como en una especie de teatro del guiñol. Por otra parte, las imágenes son casi siempre elegantes, muchas veces barrocas, y las más, originales. A los actores y actrices (magnífica Charlotte Gainsbourg) los encontré muy bien, Gael incluido. Sólo le sobraban a la película ciertos excesos puntuales, y quizá le faltaba algo de hilación en algún momento, pero en general vale la pena. Al menos, es diferente. Una peli que es un puntazo lleno de puntazos.


sábado, febrero 10, 2007

Requiem for a dream


La muerte de Erika Ortiz, tan desgraciada como inesperada, sacudió al mundo informativo esta semana, y entre ellos a mí. Metido de lleno en una de las semanas más intensas del año laboralmente hablando, estaba totalmente desconectado de la televisión, periódicos y demás parafernalia periodística, y la noticia me la dio un compañero de trabajo al regresar yo de una comida con otros compañeros.

Como siempre que me dan una noticia de éstas, pensé que me estaban tomando el pelo de la manera más inapropiada, pero al poco rato comprobé que no era así. Supongo que puede sonar estúpido, pero este tipo de sucesos a veces nos afectan algo aunque no conozcamos mucho al personaje ni fuera alguien muy relevante desde un punto de vista político o social. Es inevitable sentir lástima por ella y, debido a la falta de transparencia en la información sobre lo ocurrido, empezar a debatir qué podría haber pasado.

La alternativas eran pocas, pero en un primer momento unos pensaron en suicidio, otros en muerte natural y otros (yo) en atentado terrorista debido al secretismo que rodeaba al suceso. Se podría debatir si una noticia así debería darse a conocer con detalles (¿es un asunto de estado?) o reservarlo al ámbito familiar (¿es un asunto privado?). Por descontado, el dolor de la familia merece respeto y prudencia, cosas ambas que no están reñidas con contar la verdad de los hechos. No es una cuestión de morbo o curiosidad malsana, sino un duelo público en el que la necesidad de saber detalles ayuda a entender lo ocurrido.

La familia real española ya tiene su tragedia pública, como la monegasca con Grace Kelly o la británica con Lady Di. A pesar de que su relevancia dentro del aparato monárquico era mínima, Erika se había convertido en un personaje quizá demasiado cercano a la que se seguía alcachofa en mano, y eso la hace relevante. La naturaleza de su fallecimiento, del que algunos diarios como El Mundo o El País empiezan a desvelar detalles, nos parece terrible. Verdaderamente, todos estos acontecimientos van convirtiendo poco a poco a nuestra familia real en posible inspiradora de un futuro guión cinematográfico similar al que Stephen Frears ha hecho en The Queen: tragedia, silencio, locura mediática… y es que la realidad a veces supera a la ficción.

En conclusión, vemos que los sueños tienen reversos muy negros, que la popularidad y los privilegios no te blindan ante los fantasmas personales, que el desamparo y la desesperación pueden afectar a cualquiera hasta extremos impresionantes, y que una muerte así siempre genera tristeza y culpabilidad.

Supongo que muchos periodistas, ante la noticia, envidiarán a las redactoras del Vogue, que afortunadamente para ellas, no tienen que decidir qué se debe contar y qué no, ni se ven obligadas a sumergirse en detalles escabrosos; ellas sólo tendrán que comentar quizá la elección de modelitos en los actos oficiales y mentar el tema de pasada. Fantástica frivolidad, que siempre está llena de vida, de efervescencia, y a veces nos ayuda a curar heridas.

Bueno, y a ver si por fin dejan a Leticia Ortiz tranquila. Va siendo hora. Me ha resultado difícil subir esa foto, espero que no resulte sensacionalista.

domingo, febrero 04, 2007

BIGGER THAN LIFE


Llevo una temporada sin ir al cine por muy diversos motivos, pero mi alma cinéfaga sigue activa gracias a los DVD que compro compulsivamente para satisfacer mi apetito insaciable de ficción desmesurada. Sin saber muy bien por qué, últimamente me da por lo retro (que no por lo clásico, que aborrezco muy a mi pesar) de forma preocupante. Mi gran aliada en esta tarea allende los mares, Amazon, me trae a mal traer y mi cuenta bancaria disminuye peligrosamente mientras yo tecleo alegremente en el portátil y me hago con las pelis más “over the top” que existen en los USA.

Ayer llegó hasta mí una joya del camp más arrebatado y extremo que te puedas echar a la cara: la edición especial, y definitiva, de “El Valle de las Muñecas”, título sugerente donde los haya y a la vez críptico como pocos. Esta edición sólo se ha editado en los USA debido a que allí la película goza de mayor popularidad que aquí y porque los americanos son los príncipes del consumismo (los reyes son los japoneses, nosotros somos meros comparsas, utilizando el símil real seríamos como la sobrina no reconocida de una infanta, ocupados como estamos todos en invertir en el ladrillo y embrutecernos en lo demás), y como tales exigen que un DVD sobresalga y rebose de extras de lo más sustancioso. Viva el consumismo japoamericano!!!

“Valley of the Dolls” merece esta edición, realmente sobresaliente, cuidada hasta la obsesión, minuciosa y desarmantemente pop. Pero retrotraigámonos, retrotraigámonos. Valley está basada en un libro del mismo título editado en los años 60 y que marcó el comienzo de muchas cosas: los best sellers mundiales, la popularización de las pastillas para dormir, la inclusión de escenas de sexo donde se le llamaba a cada cosa por su nombre, la obsesión por el éxito mediático a toda costa y sus peligros, y la mención normalizada del mundo gay como algo presente en la sociedad. Como tal, Valley rompió moldes, y su autora, una ex-actriz de segunda amante de la frivolidad, se convirtió en una polémica referencia de los años 60 a la altura de Andy Warhol o Los Beatles. Se llamaba Jacqueline Susann.

Esta novela es la número uno en cifras de venta de la historia (sin contar novela infantil), con 30 millones de ejemplares vendidos certificados a día de hoy, a pesar de las despiadadas críticas que recibió en su momento. El “establishment” literario de la época, las universidades incluidas, la veían como a una intrusa inculta y le dieron la espalda desde siempre y para siempre, acusándola de vulgar, torpe y petarda. Algunos dijeron de ella que no escribía, sino que solamente “mecanografiaba”; Truman Capote la llamó “camionero vestida de drag-queen” y luego pidió disculpas a los camioneros, y mientras tanto ella vendía y vendía y vendía y era la envidia de todos esos envidiosos críticos, valga la redundancia, que la trataban con desdén o rechazo frontal. Afortunadamente, Jacqueline tenía mucho carácter, y no se dejó comer el terreno, contestando a todo y a todos con su lenguaraz verborrea de señora peligrosa.

Otro día contaré más cosas de esta mujer, cuya biografía y obra me han fascinado en este último año, con auténticas joyas por redescubrir como “Yargo” o “Every night, Josephine”, pero hoy no me quiero extender mucho más para no convertir mi post en algo interminable y farragoso. Sólo diré que tuvo una vida apasionante, llena de éxitos rotundos y fracasos criminales, mezclada con problemas de salud que siempre ocultó y con un hijo autista que nunca asumió del todo, y que todo ello provocó ese torbellino de emociones, de historias tiernas y al tiempo retorcidas, imposibles pero cercanas, camp y tradicionales a un tiempo. Puro delirio pop.

Valley of the Dolls relata la vida de tres jóvenes mujeres que se marchan a Hollywood a probar suerte en el mundo del espectáculo y se dejan absorber por esa máquina incontrolada que en lugar de fabricar sueños genera pesadillas. Las tres tratarán de evadirse de maneras distintas, pero siempre cayendo en adicciones bastante severas. Aunque la historia, contada en 2007, parece previsible (por las miles de imitaciones que se han hecho de este libro) en 1967 no lo era, y además la manera de filmar plenamente kistch, las interpretaciones casi siempre excesivas, los diálogos a menudo demasiado emocionales, crean una atmósfera entre divertida y atormentada que le imprime un carácter único a la película. Hay que fijarse en las extravagantes trajes, los peinados siempre llenos de laca, las expresiones descontroladas, y la cuidada dirección de arte. Veremos a las estrellas ilusionadas, felices, desquiciadas, agresivas, exhaustas y arrepentidas. Asistiremos a la mezcla constante de estudios de grabación con piscinas cristalinas, paseos de palmeras, playas desiertas y psiquiátricos a lo Tennessee Williams. Como para volverse loca...

Jacqueline se erigió en un pilar esencial de la cultura de masas y reveló secretos de estrellas como Ethel Merman o Marilyn Monroe a través de sus trasuntos ficcionales, y finalmente consiguió lo que siempre había deseado: un éxito apabullante entre el público. Su figura ha sido injustamente relegada a mera anécdota, excepto por parte de un sector muy concreto del mundo intelectual americano que la define como concepto cultural más que como autora. Su imagen, vestida de Pucci, creó escuela y se mantiene fresca a pesar de todo.

Muchos consideran que ésta es la peor película de la historia, y si embargo a mí, por todo lo que significa, me parece importantísima. Además, esta edición rebosa de apetitosos extras, como una revisión de un documental del 67 donde se plasmaba la gira de presentación mundial de la película, que se hizo en un crucero imponente desde Grecia hasta California pasando entre otros lugares por las ¡Islas Canarias!; tres canciones de la película en un karaoke muy original; dos reportajes completísimos sobre la vida de Susann y su relevancia en la época (con un montón de imágenes de archivo dificilísimas de encontrar; entrevistas con Michael Musto, el cronista gay por excelencia de Nueva York; testimonios de las actrices supervivientes…recordemos que Sharon Tate sería asesinada por miembros de la secta de Mason poco después de esta película) y muchas cosas más. Apasionada y excesiva, altamente recomendable y claramente adictiva. Como un buen polvo. Aquí os dejo el inicio del libro:
"You've got to climb to the top of Mount Everest
to reach the Valley of the dolls.
It's a brutal climb to reach that peak,
which so few have seen.
You stand there, waiting for
the rush of exhilaration
you thought you'd feel - but
it doesn't come."

jueves, febrero 01, 2007

Genio y figura


Me persigue. Primero se coló en mi vida a regañadientes con aquellos estilismos imposibles que combinaban lo más “edgy” de películas como Fama con lo más “underground” e irreverente que se movía por las aceras de Nueva York. Pionera, descarada, dominante, ambición rubia teñida, poderosa, “control freak”. Guarrilla. Moviéndose en un submundo de pintores suicidas (Jean Michel Basquiat) y disc jockeys amateurs, supo extraer la esencia del momento y subir como la espuma.

Siempre me ha gustado Madonna, aunque nunca he sido mitómano ni fan fatal, sin embargo hay momentos en los que, quizá porque me pilla desprevenido, brilla de golpe en mi cotidianeidad para hacerme sentir efervescente con su música. Me ocurrió hace unos meses cuando me subí a un taxi de un argentino imprudente que estaba flipado con la versión de Like a Prayer en directo que se incluye en el DVD de la gira anterior. Esa versión sonaba auténticamente celestial, y me hizo recobrar la fe momentáneamente. Si por una mala jugada del destino (es un decir, el argentino iba follado) hubiésemos tenido un accidente probablemente habría ido al purgatorio y no al infierno que es donde me corresponde porque con la cancioncilla entré como en un éxtasis en el que me arrepentí de todo lo malo que había hecho hasta entonces varias veces.

A los tres o cuatro meses, la noche de Fin de Año, mientras todos se colaban en mi baño para acicalarse y yo jugaba con las pepitas de las 12 uvas preguntándome si no haberlas ingerido me restaría suerte (y efectivamente, me la ha restado este año, no lo hagáis jamás, además tienen mucha fibra) puse Canal Plus sin querer. Allí la encontré, dando un auténtico recital de profesionalidad en el escenario, de buen hacer, con una escenografía impactante, una pose de absoluta seguridad, una mirada desafiante y un físico de vértigo. Era el concierto no censurado en Londres de su gira Confessions. De la emoción que transmitía, y repito, no soy fan fatal, empecé a comerme las pepitas sin darme cuenta. ¿Cómo será sentirte así encima de un escenario? ¿A qué huele ese éxito? No he visto nunca algo así on stage, ni siquiera ella en giras anteriores.

Aunque, en realidad, ¿de qué me sorprendo? Ella ha hecho que la palabra “icono” o al menos su variante inglesa “icon” se volviese a poner de actualidad, y por primera vez para designar algo animado. Hasta entonces sólo las imágenes fijas o los objetos inanimados se consideraban como tal, y sólo después de la irrupción del arte Pop empezaron a adscribir esa etiqueta iconográfica a objetos cotidianos como la botella de Coca Cola o el logotipo de Nike. Quizá James Dean o Marilyn se consideraran mitos, pero no iconos.

Madonna se lo merece, ya que más allá de polémicas continuas, tintes más o menos favorecedoras, maridos impresentables, películas pochentas, grammies no ganados, extravagancias varias, portadas por doquier y mutaciones camaleónicas, ella sigue vigente. Conservar vigencia en un mundo como el de hoy en día durante tanto tiempo resulta verdaderamente excepcional, más aún cuando te decantas por absorber las últimas tendencias y hacerlas comercialmente tuyas sin dejar de ser un poco pendón y petardilla. Detrás de ese éxito constante, sin duda, hay una mujer que ha sabido renovarse, que quiere desafiar el paso del tiempo, que a los casi 50 años sigue siendo carne de discoteca, que lo hace como nadie.

Recomiendo su reciente CD + DVD de su gira Confessions. Esto sí que es "Body Language" y no el de otras... Me pregunto si Madonna es lo que podríamos dar en llamar la "folclórica global".

martes, enero 30, 2007

Este Goya es una joya


Ayer me tragué toda la ceremonia de los Goya porque fue ágil, inteligente y sobre todo, divertida como las que presentaba Rosa María Sardá, ella con algo más de ironía catalana y finura, eso sí. José Corbacho es gracioso, muy ocurrente, sabe improvisar, y es un gran imitador. A veces su humor puede caer en lo fácil, pero no en lo chabacano, y entre lo más memorable de la noche estuvo la tronchante parodia de Volver, y el diálogo que se traía con algunos de sus copresentadores, diálogos que en otras ceremonias resultaban engolados (con Imanol Arias), repetitivos (con Resines), histriónicos (con Concha Velasco) o simplemente balbuceantes (Antonia Sanjuán).

El reparto de premios, por otra parte, fue bastante equitativo ya que casi ninguna nominada importante se fue de vacío, si bien los premios grandes se los repartieron Volver y El Laberinto del Fauno por ese orden. Volver, entre los más destacados, se hizo con los Goyas a mejor película, mejor director (un ausente Almodóvar que consiguió ser mayor centro de atención con su “espantá” que con su otrora ruidosa presencia), mejor actriz principal (encantadora Penélope recibiendo el premio y posterior actitud natural) y secundaria (Carmen Maura, no hay adjetivos) y mejor música (Alberto Iglesias, magnífico aunque algo repetitivo en sus libretos almodovorianos cuando es capaz de más).

El Laberinto se hizo con el mejor guión para Guillermo del Toro y con el Goya a la mejor actriz revelación, entre otras. Todo lo bien que me cayó del Toro en su agradecido y espontáneo discurso de agradecimiento, muy humilde y cercano, me lo estropeó Ivana Vaquero, la actriz revelación, que yo creo que se creyó la nueva Penélope Cruz al subir al escenario. El de mejor actor fue para un descontrolado – o emocionado, dirán otros- Juan Diego, para sorpresa de muchos, ya que Sergi López partía como favorito y merecía el galardón tanto como el ganador. Pero dejadme que vuelva al tema Ivana: ¿Ivana es el femenino de Iván? ¿Cómo se puede estropear un nombre tan bonito con sólo añadir una letra? Si fuera Ivanka, pues vale, le da toque soviético, pero así a pelo, Ivana me recuerda a Raimunda, la verdad.

Entre los presentadores de los premios, yo destacaría a Daniel Guzmán por ponerse esos taconazos y resultar simpático sin esfuerzo y a Isabel Coixet, que se dejó parodiar y luego estuvo simpática. En el lado negativo incluiría a un siempre inexpresivo Dani Martín y a Najwa Nimri, con una de sus poses de musa absurda y palabra ausente. Bordes, bordes, bordes. En cuanto a las injusticias, yo diría que Verónica Echegui se merecía el Goya a la mejor actriz revelación, por garra, por ductilidad y porque promete, pero consolémosnos, ya que a Penélope tampoco se lo dieron por Jamón, Jamón en 1992 (fue para Ariadna Gil por Belle Époque) y mira dónde ha llegado.

Y para terminar con todo este tinglado yo me hago dos preguntas, aquí, en la poco glamourosa soledad de la madrugada, después de envidiar mucho a todos los entregantes, entregados y demás parafernalia premiadora:

1) ¿Aquí una gala con muchos discursos de lagrimilla, con planificación a la americana en plan grandilocuente y con menos chistes no es posible? Reconozco que me ha gustado, pero no acabo de compartir esa idiosincrasia española que rechaza el bombo y platillo, el ruido, a ver si nos entendemos. Esto eran los Goya, y no Homo-Zapping. No entiendo por qué todo hay que teñirlo de humor constante. A fin de cuentas, creo que prefería a Rosa María Sardá.

2) ¿No resulta curioso que ahora la prensa ya no dilapide a Penélope Cruz y de repente la encumbre como una gran actriz? Recuerdo perfectamente que no hace más de un año era una arribista sin talento, vieja y fracasada, según ellos… Y ahora, ni “remotamente” ¿Dónde le dan el título a muchos? ¿En la Churrería Valor, en el anexo a la portería de su casa, en los excusados de una discoteca fashion? Criticar por criticar, que dice Olvido.

Y ya para terminar, ahora en serio, no se puede estudiar idiomas porque provocan confusiones ortográficas inaceptables. Iba a escribir arribista con “v” por culpa del francés y del inglés.
Penélope, cari, me encantas, pero necesitas pulir tu acento anglosajón, ¿te envío mi CV????? ¿¿¿¿Porfaaaa?????

lunes, enero 29, 2007

Life in cartoon (motion) is fantastic

Qué descaro el mío. A la segunda escucha de un disco ya me dedico a recomendarlo, como si me hubiera acompañado en los últimos dos meses. Pues no, el disco de Mika lo acabo de escuchar, como quien dice. Y además, llego un poco tarde, porque sé que más de uno de la esfera bloguera ya lo ha recomendado o, al menos, criticado. Pero no puedo evitarlo, porque me encanta.

Su voz recuerda en unas ocasiones a la de Freddy Mercury y en otras a la de Elton John, aunque es inevitable comparar su forma de interpretar con la de Jack Shears. Su estilo se caracteriza por el uso y abuso del falsete, las melodías pop de efecto inmediato y los acompañamientos de piano. En resumen, no suena a nuevo, pero obtiene muy buenos resultados con sus reinterpretaciones del sonido Fiebre del Sábado Noche.

Una buena muestra del contenido del disco se puede escuchar en su página de myspace. Y lo que digo es un completa obviedad, porque acaban de incluir un sampler del disco completo, que se suma a dos de los singles indudables: 'Relax, Take it easy' y 'Grace Kelly'. Y pensar que me parecía una frikada dedicar un canción a la desaparecida princesa de Mónaco... (¿será su particular 'Candle in the wind'?).

martes, enero 23, 2007

Me gusta. No me gusta

Hoy seré casi telegráfico. Pensaréis que lo soy casi siempre, porque es cierto que no suelo andar muy sobrado de inspiración. Pero hoy, lo seré radicalmente. Este post no tendrá más de tres párrafos, así que no os robaré mucho tiempo.

Me gusta el nuevo disco de Bloc Party, 'A weekend in the city'. Por lo que he leído por ahí, lo están poniendo bastante mal. Entiendo alguna de las críticas, y reconozco que sus nuevas canciones no tienen la fuerza de las de su album de debut. Aunque debe ser difícil mejorar un disco con temazos como 'Like eating gas', 'Helicopter', 'Banquet' y 'Pioneers'. Y escuchando el single 'Two more years' no cabía adivinar ese cambio en su sonido, esa pérdida de contundencia. El primer single,'The prayer', es una buena carta de presentación, que deja claro que los británicos han seguido por otros derroteros y, sin embargo, todavía enganchan. Quizás les ha salido un disco flojillo en conjunto, pero siguen regalándonos buenas canciones: 'Hunting for witches', 'Waiting for the 7.18', incluso el denostado single americano, 'I still remember'. Todavía no les ha llegado el momento de ser quemados en la hoguera.

No me gusta el Elástico. Aunque, más bien, no me gusta tanto como esperaba. El sábado fui por primera vez, y salí decepcionado. Quizás porque había leído recomendaciones de unos y de otros, y había puesto el listón muy alto. Esperaba encontrarme con mi nuevo lugar de obligada peregrinación sabatina. Pero me faltó espacio, y no encontré ese segundo ambiente del que me habían hablado. La música también me decepcionó, porque esperaba que pinchasen una tras otra mis canciones favoritas del momento, y tan sólo me llevé la alegría de escuchar el 'Gravity’s Rainbow' de Klaxons, por primera vez en un lugar que no fuera mi iPod. Debo reconocer, en cualquier caso, que mi percepción estaba un tanto distorsionada por ciertos excesos alcohólicos. Por eso, y porque confío en el buen criterio de amigos y blogueros, se merece una segunda oportunidad.

lunes, enero 22, 2007

BOBBY


Precedida de bastante expectación por ser la primera película como director del actor Emilio Estévez, hijo del ilustre Martin Sheen, y rodeada por cierto halo de riesgo y valentía, debido a que el hombre empeñó su mansión y pidió incluso un crédito para terminarla (cosa que yo jamás haría, de paso os lo digo, que la fe mueve montañas pero luego las montañas se te vienen encima), Bobby ha aterrizado en nuestras carteleras esta semana.

Por un lado, no la catalogaría como película de culto ya que le falta morbo, frikismo y poderío para serlo en un futuro. No ha sido un fracaso comercial, algo que le daría muchos puntos para ser valorada en el futuro, ni tampoco un éxito claro, lo cual no le otorga un rol comercial demasiado estimulante. Si dejamos a un lado las consideraciones meramente contextuales y nos centramos en la película, resulta que nuestra sensación es un reflejo de lo anterior: neutra, sosa, telefílmica, pasa-ratos. Adolece de una definición concreta (biopic? / película coral? / episodio de Sensación de Vivir refrito con Vacaciones en el Mar regurgitado?) y eso arrastra la película a la frialdad demasiado a menudo, aunque tiene algún momento bueno.

Usando el asesinato de Bobby Kennedy en 1968 en el hotel Ambassador como pretexto, Emilio Estévez retrata en clave algo pedante el estado de la situación de la sociedad americana en aquel momento, utilizando a una serie de personajes como símbolos de ciertas tendencias: la esperanza de un cambio social, las tensiones racistas, el consumismo como escudo, la rebeldía ante lo establecido, la curiosidad ante las drogas o las infidelidades en los matrimonios. Quizá quiera transmitir el cineasta que aquel momento fue clave en el desarrollo de los Estados Unidos, o que Bobby Kennedy y su terrible asesinato sirvió para anular la confianza de un pueblo en un futuro mejor, puesto que Kennedy – heredero de JFK – representaba esa esperanza.

A mí me parece totalmente infructuoso. La conexión entre las reflexiones de Bobby y las aventuras de estos personajes no va más allá de lo geográfico, y como tal anecdótico, puesto que todos se alojan en el hotel cuando tiene lugar la tragedia. Sorprendentemente, a Bobby Kennedy sólo nos lo dejan conocer como político y jamás en su vida personal, lo cual no deja de resultar algo frustrante cuando su nombre encabeza el proyecto prometiendo un biopic.

Emilio Estévez quiere subirse al carro de las películas corales con mensaje, pero se queda en una mera representación casual de unos personajes un poco esquemáticos y bastante deslabazados, ya que la cohesión entre las diferentes historias es nula o endeble.

Algo de positivo siempre podemos apuntar; en este caso yo destacaría por encima de todo la curiosidad histórica que supone contemplar discursos reales de este “all-American man” insertados en la ficción por lo clarificadores que resultan, puesto que acercan el personaje a los espectadores actuales por lo general poco familiarizados con su figura allende los USA. Por otro lado, las interpretaciones de Demi Moore como diva alcoholizada venida a menos y la de Lindsay Lohan como joven confusa pero dogmática y luego segura aunque desesperada (una interpretación tierna y creíble) son destacables. Para mí, sin embargo, Sharon Stone (a pesar de los elogios) está rígida y pobre de matices, William H. Macy monogestual, y a Lawrence Fishburne no hay quien lo aguante. Su historia (el chef perdonavidas) me pareció especialmente sonrojante. Otros como Anthony Hopkins o el propio Martin Sheen no despiertan especial interés, y esto es preocupante.

En definitiva, película sólo mediamente entretenida, con planificación telefílmica, interés relativo y curiosa por momentos, con alguna parte interesante y otras prescindibles. Ni chicha, ni limoná, en parte por exceso de ambición. Le daría un 6, supongo, pero sólo porque mientras la veía sorbí una Coca Cola gigante, que me encanta y me da un poco de subidón.

viernes, enero 19, 2007

RápeMe


Yo era superfeliz porque había encontrado a la peluquera ideal. Atendía en un establecimiento caro mal llamado unisex, una de esas peluquerías de señoras del centro que por arañar unas pelas más dejaban entrar a algún despistado como yo aun a riesgo de perder su clientela de toda la vida, que se mostraba contrariada por ver allí a un chico. No molaba tener que frenar el cotorreo en seco, con el gusto que daba tirar de revista y hacer analogías con la vida de vecinas, ex-amigas o pendones del lugar mientras te depilaban la ceja o te mecheaban bien rubia. La peluquería no era lo mismo, y yo era consciente de todo aquello, pero entre mejorar mi look y conservar el malévolo pero sano cotilleo de las señoras, yo antepongo mi look.

He de admitir que tengo un pelo difícil, rebelde, y que algunos y algunas profesionales me hacían unos cortes que no me favorecían nada. Me recorrí bastantes sitios – barberías cutres, luego peluquerías de hombres, cuando me desesperé, de señoras, y por último las falsas unisex – pero rara vez me gustaba cómo me dejaban, claro que era un joven con acné, y eso un corte de pelo no lo arregla.

En total, que cuando me atendió aquella chica rubia y sonriente, todo cambió para mí. Desde el primer momento me deslumbró su belleza, y además me hizo sentir mimado, mirándome con unos ojos verdes inmensos, y arrimándose a mí en algunos momentos de un modo entre sensual y juguetón. Lo más curioso es que una vez terminaba siempre me dejaba radiante, y yo mientras ella cortaba y recortaba, notaba como si me transmitiera electricidad por las tijeras. Alguna vez me fijé en su escote, y ella, que lo sabía, sonreía y me acariciaba la nuca. A los tres años, se casó con un chico que, un poco anticuado, la “sacó” de trabajar. Todos tenemos prioridades, claro está, y entre mi look y tener una familia, ella escogió lo segundo. No se lo reprocho.

Pasé largo tiempo en el dique seco, como quien dice. Me quedé como vaca sin cencerro, volviendo a caer en el interminable buscar, pero ahora peor, claro, porque ya estaba de vuelta y apenas si albergaba alguna esperanza de volver a tener un look y no solamente una apariencia, que apariencia la tenemos todos, un look no. Probé de todo: el peluquero de toda la vida que aún usa talco, el peluquero fashion supermari, las adolescentes con piercing, las peluqueras de barrio tipo Belén Esteban, un cortapelos eléctrico que más parece un “dildo” que otra cosa… Nada, nada de nada.

Afortunadamente, tengo amigos que también se cortan el pelo de vez en cuando, y uno de ellos me recomendó una peluquería bastante cutre y desangelada que había cerca de mi casa. Sin mucha confianza, me plantifiqué allí pensando “de perdidos, al río”. Si me contagian los piojos – era muuuuy cutre – me tendré que rapar al cero y así evitaré este problema. Qué equivocado estaba, por queé me fijaré tanto en las apariencias. Bueno, y en los refranes. Ése de “segundas partes nunca fueron buenas” hay que ir archivándolo. Algunas segundas partes sí lo son.

Justo al entrar, volví a sentirme deslumbrado de nuevo. Un chico joven moreno, rollo alternativo, pelo largo, voz rascada de fumador, y ¡maneras masculinas! que cortaba el pelo como los ángeles. Captó lo que mejor me quedaba al momento, y también entendió que a mí, cuando proceden a cortar, me gusta el silencio. De hecho, si me tocan la cabeza entro en una especie de letargo placentero y empiezo a tener ocurrencias de lo más estrafalario. Me fijé en él, en sus movimientos seguros y en la fisicidad de nuestra cercanía. He llegado a pensar, mientras él movía mi cabeza y comprobaba si las patillas estaban igualadas, que parecíamos un anuncio de Dolce & Gabbana ante el espejo, y justo entonces, se arrimó a mí como solía hacer mi peluquera anterior. Está claro que a mí se me conquista por la cabeza, no por el estómago.

Y lo admito, me gusta D&G.
Música: Let's get physical (Olivia Newton-John)

martes, enero 16, 2007

i-Pod-erío / Stylophonic

Permitidme la osadía, pero es que hay poderío. Veréis, veréis.

Hasta ahora no he recomendado música ni me he detenido a comentar nada sobre el tema, principalmente porque trapalleiro es todo un experto, está a la última, y yo suelo enterarme tarde de lo que está en boga. Hoy voy a hacer una excepción porque he descubierto música nueva que sintoniza con sus gustos y probablemente con los de los que nos leen.

De antemano pido disculpas por si lo que recomiendo no es lo más reciente y ya lleva en vuestro i-pod más de 3 meses. Ya he reconocido que no estoy en vanguardia por falta de tiempo, porque no tengo ADSL (y eso ya sabéis qué consecuencias conlleva) y porque trapalleiro siempre me pone al día. Trapa, tú sabes que no hay peloteo.

No sé si a vosotros os ocurre, pero yo a veces no sintonizo con el grupo de moda hasta que escucho su música un tiempo y se asienta en mi cabeza y la voy asimilando. Es lo que se llama ser de efectos retardados. Descubrí a Björk en su momento pero no la aprecié en su justa medida hasta que pasó un año (soy lo peor), y con Vive la Fête tardé unas semanas, y con Miss Kittin o Le Tigre también, pero todos son ahora parte de mi olimpo musical forever.

Después de ver la publicidad de Dolce & Gabbana Time de estas navidades, donde veíamos a unos, se supone, go-go’s, modelos y demás gente de mal vivir espatarrándose por la pista de baile y la zona VIP de la disco más in del momento, en poses entre sugerentes y lascivas, con poca ropa pero bien elegida, me fijé en su banda sonora. Era absolutamente contagiosa, medio electro, medio funky, medio techno. Mmmmmhhhh. Me puse a buscar como un poseso pero apenas encontré referencias, y hasta que no fui a casa de unos amigos que buscaron en internet y me pusieron dos canciones que bajaron por mi insistencia, no supe quiénes eran. Lo más curioso es que la otra canción conocida de ellos ya la había oído en un mi pub preferido, pero me la habían vendido como corte del anterior disco de Scissor Sisters que mira tú por dónde, nada que ver.

El grupo en cuestión se llama Stylophonic y el disco Beat Box Show. El single de D&G era Dancefloor y la otra canción Baby Beat Box (no confundir con el título del CD). Amazon ha llamado a mi puerta y me trajo el disco ayer, así que hoy me siento un poco más en la onda que ayer, queridos mortales. La cabeza visible de este grupo se llama Stefano Fontana, y su colegui responde al nombre de Dirty Kylie (¿no es genial?). En las canciones que más me gustan, en inglés of course, predominan las bases techno con toques rap y neofunky donde la chica se desmelena bastante y lo llena todo de attitude. En sus buenos momentos me recuerdan a los Eurythmics menos poperos, mezclados con una Kylie Minogue más seca y más seria. En los malos, cantadas por una voz masculina que intuyo pertenece al Stefano, al sonido Bristol más superado.

Destaco las siguientes canciones:
1) Dancefloor.
2) Baby Beat Box.
3) Play that music.
4) Daisyphonic.

Las demás, prescindibles, pero las buenas son un cañón. Dolce, Dolce, Dolce, como decía mi añorada Carrie Bradshaw. Que sepáis que esto ya me gusta desde hace un mes, pero como el CD andaba escaso en Amazon, he decidido no haceros partícipes hasta que lo tuve en mis manos por si os adelantabais a mi compra. Es lo que tiene ser un fetichista del CD. La foto que acompaña al post no corresponde a dicha campaña porque no existen imágenes sobre ella, aunque podría pertenecer. Sólo he encontrado el anuncio en youtube. Por cierto, la portada, entre horrenda y pavorosa.

domingo, enero 14, 2007

Esos jardines de palacio...


Sofia Coppola no es Francis Ford Coppola, lo cual no quiere decir que sea peor, sino simplemente distinta. Hay críticos que no perdonan nunca la etiqueta de “hija de”, pues de otro modo no entiendo la animadversión que despierta esta directora, plasmada en algunas de las críticas que ha recibido esta película.

Marie Antoinette se centra en una época histórica complicada, convulsa, y que desemboca en la revolución francesa, un momento histórico que podríamos considerar el germen de nuestra sociedad occidental actual. Los roles pseudofeudales que todavía pervivían en la sociedad europea recibieron entonces un serio varapalo a partir del cual no habría vuelta atrás. Por todo ello, este momento histórico adquiere peso específico de por sí, poseyendo una relevancia intrínseca que en principio habría que tratar con rigor y seriedad, como solían hacer las películas del milenio anterior y las aburridas lecciones de los libros de historia. Para regocijo de posmodernos, diletantes, gente divertida, irreverente y chic, este es un nuevo milenio y los planteamientos pueden evolucionar.

Nos encontramos aquí con la hiperestilización estética de la vida de María Antonieta, desde que se casa con Luis XVI, delfín de Francia, hasta su apresamiento por el pueblo. Descubrimos los entresijos de palacio, la frialdad con la que la futura reina es recibida, los rituales inacabables de la corte francesa, los diferentes rangos que ésta posee, los cotilleos de palacio, las amantes de los reyes y condes, el arte de la época, la comida y sobre todo las fiestas organizadas por esta reina. En otras palabras, sólo conocemos la parte fashion de la historia, que al fin y al cabo, alguien tiene que contar.

Indudablemente, como austriaca que era, Marie Antoinette despertaba desconfianza en un principio entre su pueblo, y tuvo que soportar a un marido con el que la pasión sexual era inexistente. Todo esto aparece reflejado con maestría y humor fino en la película. Con el transcurso del tiempo, M. A. se fue familiarizando con las rutinas palaciegas (de las cuales la favorita de Luis XV, Madame Dubarry sería la más difícil de tragar) y fue aceptando plenamente su papel de reina francesa, que le llegó demasiado pronto, con todo lo que de pompa y circunstancia conllevaba dicho título. (Ya se sabe que los franceses se pirran por una ceremonia).

Consiguió, según parece, ser una reina bastante popular, superando la reticencia inicial del rey por procrear, por ejemplo. Entre otras cosas, participó activamente en las artes, ejerció el mecenazgo, y se autoerigió en reina de las fiestas. El champán, los pasteles, los vestidos rococó y los zapatos se mezclan en una sinfonía de color desbordante, mezclada con conversaciones superficiales y ligoteos más o menos evidentes en bailes de máscaras semiclandestinos. Desde luego, la reina reinó a gusto, a pesar de la creciente preocupación de su madre por el halo de inconsciencia que adquiría su vida y de la creciente impopularidad que despertaba entre la plebe francesa debido a sus cada vez más descontrolados dispendios.

La última (y breve) parte del film nos muestra el reverso de toda esa luminosidad, pues Marie Antoinette debe enfrentarse a la enfermedad, a la pérdida de alguno de sus hijos, y sobre todo, a la caída en desgracia de la monarquía entre el pueblo francés, que reclamó finalmente su cabeza. Ella siempre se mantuvo firme, no obstante, y fuerte, aunque eso sólo se adivina en la película, porque Sofía no quiere ser tremendista, como buena pija que es.

Kirsten Dunst hace un trabajo sutil y delicado, y su gestualidad realmente transmite una firmeza de fondo que le viene muy bien al personaje. Compone una convincente reina "teen-queen" que se transforma en "queen-bee" absolutista, con momentos dramáticos intensos, paréntesis erótico-festivos sensuales y seguridad ejecutora continua. El resto de los actores también consiguen cautivarnos, desde una malvada Du Barry hasta un Luis XVI tímido pero entrañable. Nos los creemos siempre y en toda circunstancia.

Lo más destacable de toda la película para mí es el tono, entre contemporáneo y arcaico, jugando con los anacronismos premeditadamente (unas zapatillas azules de Zara en el medio de los zapatos dieciochescos), las paradojas (el hijo de los reyes hablando en francés sin doblar, “la petite abeille” dice), o las boutades (Marie citando a Rousseau como inspiración). Creo que esto es lo más destacado de la película porque sitúa al espectador en un entorno en cierto modo atemporal, sin ese peso que parecen tener las “películas de época”, que parece que siguen un canon estricto sobre modos de representación y códigos de lenguaje que aquí no se cumplen. Aquí sentimos que la peli está hecha hoy, la música – maravillosa- nos lo recuerda una y otra vez con fragmentos tecno, rock y house a veces, transmitiendo un sentimiento de teen comedy mezclado con drama histórico surrealista que es ciertamente único. La manera de filmar, a veces algo publicitaria o de video clip, confirma esta postura estética.

Resumiendo, me ha parecido una hermosa película, deliciosa en lo visual, etérea formalmente, algo femenina quizá (por esa preocupación constante por el detalle) y sobre todo valiente y original. La disfruté muchísimo, pero quizá sea algo muy personal. Entiendo que a algunos les pueda enervar (como me ocurrió a mí con Lost In Translation).

miércoles, enero 10, 2007

Más Allá del Valle de las Muñecas... (o sea, por Finisterre más o menos)


Ya sé que esto no es un blog de contenido excesivamente sesudo, y que la política en principio no debería de formar parte del mismo. Pues bien, voy a mandar todas esas ideas preconcebidas a la porra.

Normalmente este tema me trae bastante sin cuidado, y sólo noto que me hierve la sangre reivindicativa cuando ocurren cosas muy gordas, como lo del Prestige, que me pilló por el sur de España e hizo que me uniera a una cacerolada, cosa que tampoco te exige un gran sacrificio cuando estás haciendo la cena con 3 ollas. A todo esto, recomiendo que probéis eso de darle con la tapa a la cacerola porque quita mucho estrés y luego, cuando dejas de oir el clonc-clonc infernal provocado por ti mismo allí delante de tus propias narices, estás tan dulcemente aturdido como si te hubieras tomado tres copazos pero sin gastar nada.

A lo que iba, que como buen ejemplo de la generación X paso bastante de esos rollos. Hasta que de repente, ves semejante mamarrachada que no puedes sino pensar de nuevo en la cacerola, pero esta vez para tirársela a alguien. Y te das cuenta de que, al fin y al cabo, sigues siendo un producto de los reivindicativos años 70.

El otro día, en el periódico, los dirigentes de un partido político X (esto ya parece que se pone porno, pero no) sugirieron que las muñecas parlantes que se vendan en Galicia tendrán que hablar gallego. Así como suena. Porque tú lo vales. Por encima del cadáver de Mattel.

Pero desglosemos la información, a ver si así entendemos esto:

1) ¿Qué es exactamente una muñeca parlante? ¿Una réplica de la niña del exorcista? ¿Anne Igartiburu? ¿Marujita Díaz? ¿Importa lo que digan? Porque ya me dirás qué va a decir una muñeca parlante...

2) ¿Para qué sirve una muñeca parlante? ¿Es profe de gallego? ¿O quizá imparte literatura española? ¿También hace de baby-sitter? ¿Hace preguntas chungas del tipo “por qué”?

3) ¿Las muñecas parlantes las hacen en China? ¿Habrá que enseñar primero gallego a los chinos o acaso Zara o en su defecto Pescanova va a abrir una tienda especializada en la venta de muñecas parlantes que hablen gallego? ¿Cómo se va a llamar esa tienda? ¿Muñeskha? ¿Muñ and Bear? Suena fatal…

4) ¿Sólo se van a vender muñecas parlantes que hablen en gallego? ¿Habrá que hacer objeción de conciencia para que te den la muñeca que hable castellano o español o como se llame esa lengua tan poco fashion? ¿O habrá que ir a Castilla-León a por ella? ¿O las de Castilla-León hablarán Leonés? ¿Habrá que ir a Venezuela a comprarlas? ¿Habrá mercado negro? ¿Me haré rico traficando con muñecas que hablen español resién llhegadas de Panamá?

5) ¿Qué pasa si la muñeca parlante se queda muda? ¿Y si se va de casa? ¿¿¿Y si (horror) emigra, como buena gallega quinientoseurista, y no la entiende ni dios???

Todas estas observaciones probablemente no procedan, porque el sesudo estudio previo realizado por el partido político en cuestión ya las habrá contemplado, concluyendo que tal propuesta es una gran prioridad para el ciudadano medio, un tema de alcance al que los mejores cerebros del gobierno han de dedicarse en cuerpo y alma, y, en definitiva, un asunto de gabinete de gobierno.

De todos modos, desde aquí, ya vamos sugiriendo ideas complementarias para este plan de galleguización de la muñeca de hoy en día. Proponemos:

1) La Barbie Mariscadora, muy grunge, y un poco radical. Tonos de maquillaje negros y zapatos vintage, a poder ser, zuecos.

2) La Nancy Muiñeira, con sus tonos-politonos de “Hey, carballeira”.

3) La Bratz Star-Poeta, que sirve para todo: llorar, dar discursos, presentar programas en la tele autonómica…

4) La Barbie Repollo, con su línea de aparejos de labranza a la última.

5) La Barriguitas bipartitas, preparada para el bilingüismo en cualquier ocasión.

6) El Furby de Montealto, un poco revoltoso y equipado con todos sus accesorios de surfeiro dominguero.

7) La Pantoja de Caranza, que canta por peteneras pero en gallego, por descontado.

8) El Ken de Samil, un poco chulo de playa, ataviado con su bañador fardahuevos y pareo metrosexual. Pareja de la Barbie Mariscadora.


Desde aquí ofrecemos apoyo y marketing a esta propuesta que nos parece de tan vital importancia para el desarrollo correcto de la comunidad autónoma y sus ciudadanos. También nos parece superimportante el tema del cambio de la hora para equipararnos a Canarias, porque un reloj biológico es un reloj biológico, y si no que se lo digan a Ana Obregón, ¿no?

Desde aquí mi más sincera felicitación por esta talentosa aportación.

sábado, enero 06, 2007

Noche de reyes

La noche pasada, los reyes no fueron los padres (por mucho que digan Astrud) sino, definitivamente, los Pet Shop Boys. ¡Qué grandes son! Vaya recital que dieron ayer en el Palacio de los Deportes. Es una impresión totalmente subjetiva, pues era la primera vez que los veía en concierto, y no puedo comparar con anteriores actuaciones, aunque creo que no me equivoco. Realmente, la primera vez que los vi fue el el año pasado en la Granja de San Ildefonso, con su espectáculo del Acorazado Potemkin, que aun estando genial, poco tenía que ver con uno de sus conciertos.

Imagino que a estas alturas ya todo el mundo sabe de qué estoy hablando. Del motivo por el cual adelanté mi vuelta a Madrid, para asistir la noche de reyes al Ceed's Winter Festival. Ese festival fantasma, del que me enteré leyendo blogs (creo que el de Xabi) y del que, incluso con las entradas en la mano, me producía desconfianza. Porque un festival con un cartel tan rotundo, que no tuviera página web, ni se publicitara en otros medios, me hacía dudar. Se empezó a anunciar en televisión después de año nuevo y sí, tenía página web, a la que era necesario llegar a través de la web de KIA. En fin, que mi miedo, más que no hubiera festival, era que se descolgaran del cartel alguno de los dos grupos a los que iba a ver y, sobre todo, que se cayeran los PSB.

Los primeros artistas en aparecer fueron Pastora. No puedo decir mucho de ellos, pues tan sólo conocía una de sus canciones, la archiconocida 'Lola'. Sentía curiosidad por las proyecciones, de las que había leído que formaban parte esencial de su show, aunque no me parecieron nada reseñable. Lo que realmente mantuvo mi atención sobre el escenario, fue la hiperactiva cantante: se quitó los tacones para correr sin moverse, nos enseñó las bragas y el liguero, tuvo que mantener a raya sus tetas, que parecían querer salirse de su camiseta... En fin, que hicieron un show entretenido.

Las siguientes en aparecer fueron las Nancys Rubias. Mario y compañía saben llevar bien un tacón, y no necesitan quitárelos para dar saltos. Y nada más que decir, a pesar de que el público se enfervorizó cuando cantaron (en riguroso play-back) el 'Sálvame'. Lo bueno es que dieron paso a Fangoria. A los que tenía muchas ganas de ver, porque tenía la espinita clavada de no haber conseguido las invitaciones para el concierto en la sala Arena. Tengo la sensación de que hicieron un show muy parecido al que relató eurocero en su día, en el concierto que dieron en Santiago. Abrieron de nuevo el concierto con 'Fantasmas', y lo cerraron con un ya conocido doble bis, donde fusionan 'El cementerio de mis sueños' con el 'Rey del glam'. Tampoco faltó 'Descongélate', del disco Fan Fatal de Alaska y Dinarama, y nos ofrecerieron una sesión triple de bacalao, que anunciaron ellos mismos, donde incluyeron el 'Estés donde estés' de su último disco y los hits anteriores 'No sé qué me das' y 'Retorciendo palabras'. Imposible quedarse sentado, a pesar de que habíamos reservado asiento.

Y lo que vino a continuación lo mejor sin duda. Un concierto de más de una hora, cuando sólo esperaba 45 minutos. Los PSB hicieron una revisión bastante completa de sus hits, donde no faltaron los conocidísimos ‘West End Girls’, ‘Domino Dancing’ o 'Always on my mind'. Y me quedé sin voz cantando cada una de las canciones (o al menos el estribillo, que mi inglés no es tan bueno), de las que sólo desconocía el 'Shopping'. De su último disco trajeron lo mejor, cuatro canciones entre las que no incluyeron el 'I'm with stupid', aunque sí mi favorita del disco: 'The Sodom and Gomorrah show'. Y para finalizar, cual orgasmo final, otro doble bis con 'It's a sin' y 'Go West'. La puesta en escena me pareció fantástica, compuesta de bailarines con indumentarias diferentes para cada canción, voces de apoyo y un flexible decorado construido con cajas translúcidas y neones. No faltó movimiento en el escenario en ningún momento, salvo cuando se quedó solo Cris cantando el 'Paninaro'. Y nos demostraron lo inmersos que están en la cultura gay, haciéndose acompañar de vaqueros vestidos con lamé dorado, como si de Madonna se trataran.

Debo haberme portado bien el año pasado, porque la noche de reyes me llevé un buen regalo a casa.

jueves, enero 04, 2007

Sen título

Hace ya un tiempo que no escribo. Menos mal que en mi ausencia, mi compañero Poderío ha mantenido vivo este blog con su torrente de ideas (y de palabras). A él le preocupa que esté usurpando mi lugar, pero yo creo, sin embargo, que es mi nombre (nick o whatever) el que ya no se merece encabezar este proyecto que tenemos en común. Esto requiere una pensada y, sobre todo, una conexión a Internet decente, de la que carezco desde mediados de noviembre. Primero porque mi proveedor de ADSL me dejó sin línea durante un mes para, al parecer, hacer mejoras en el servicio que me presta. Y ahora, porque en casa de mi madre, con modem analógico y sin tarifa plana, me conecto exclusivamente para atenuar el mono. Porque sí, lo reconozco, soy adicto a la red.

En fin, que aunque me haya puesto a escribir, escribo sin un motivo ni tema que desarrollar, simplemente por el placer, y en parte por la obligación, de escribir. Aunque no me gustaría ensombrecer el estupendo post de Poderío. Así que espero que quien lea esto se tome un par de minutos más para leer su crónica sobre Babel. Que leyéndolo a él, casi me estará leyendo a mí, porque sus opiniones suelen ser muy parecidas a las mías. O al menos, puedo adelantarme a ellas, como si fuéramos una pareja de las de toda la vida, que ha ido infinidad de veces al cine juntos los domingos. En muchos otros casos tenemos un gusto parecido, mientras que en otros no tiene nada que ver… (como me decía un amigo común, "tu y yo nunca nos pelearemos por el mismo hombre").

En fin, se acaban las vacaciones de Navidad. Casi dos semanas que me he pasado en mi pueblo, en un estado de felicidad estúpida, disfrutando de las rutinas y de esas pequeñas cosas que siempre han estado ahí, pero que nunca había valorado: los paseos en bicicleta por el puerto, las conversaciones con mi madre y mi abuela, las cenas con primos y tíos, etc. Será que he madurado, o peor, que me estoy haciendo viejo. Hace poco superé la barrera de los 30, y eso debe notarse. Ahora, siento morriña. Y me siento gallego, arraigado a mi origen. Y disfruto de aquellas cosas que me hacen sentir que comparto identidad con el resto de los gallegos, como hablar una misma lengua. Como anécdota, no me perdí ni los culebrones ni los realities de producción propia de la teuvegá, toda vez que rodaban los exteriores en mi pueblo, o a pocos kilómetros de él.

Pues ya toca volver a Madrid, a esa nueva vida que busqué en su día, aunque con nostalgia de la pasada. Pero por lo menos empezaré con buen pié, porque mañana iré al ceed's Winter Festival. Así que imagino que la próxima vez que escriba hablaré del festival o del próximo cine que haré, para el que Maria Antonieta tiene muchos puntos. Por cierto, gracias una vez más a ledo75, al que le hurté la foto. No creo que le moleste el robo, porque sólo tiene que descorrer las cortinas para hacer otra.

martes, enero 02, 2007

unBABELievable!!!


Resulta difícil responder racionalmente ante una película que te provoca una emoción tan intensa como ésta. De algún modo, y a pesar de su algo excesiva duración, la ficción fluye de tal manera que no da tregua en ningún momento. Sólo tras un rato largo, un café y un paseo después de salir de la sala puedes empezar a pensar con claridad en todo lo que has visto, pues hasta entonces casi parece que lo has vivido.

En líneas generales, y quizá por su proximidad en el tiempo, Babel me ha parecido una versión mundializada y matizada de Crash, tanto por su temática (tensiones raciales, dramas atropellados, seres humanos capaces de lo mejor y lo peor) como por su planteamiento, puesto que ambas son películas corales con historias paralelas enlazadas unas con otras por la casualidad.

Ambas plantean los miedos irracionales que sentimos hacia personas de otras etnias, colores, orígenes o circunstancias, y lo infundado y envenenado que ese miedo basado en el desconocimiento mutuo puede ser. Demuestra la película que los miedos son irracionales porque cuando esos mundos ajenos se dan a conocer entre sí, generalmente se superan los prejuicios. Sirvan como ejemplo los niños americanos en la boda mejicana disfrutando como el que más a pesar de la desconfianza previa, la turista americana con fobia a la pobreza aceptando una pipa de una saharahui que la recibe en casa para curar heridas mortales o la japonesa sordomuda aceptada momentáneamente por un grupo de chicos oyentes. Sin embargo, tras este paréntesis de alivio, aflorará de nuevo el rechazo mutuo, la incomprensión, la imposibilidad de diálogo. Lenguas diferentes, culturas distantes, incomunicación y violencia.

En Crash podíamos extrapolar las situaciones de violencia y choque de culturas planteadas en Los Ángeles a todo el mundo, Los Ángeles en este caso funcionando como metáfora del mundo globalizado. Babel, sin embargo, profundiza en esas fricciones planteando la acción en varios países de ese mundo tan falsamente globalizado. Iñarritu maneja con maestría esta mezcla transformándola en un cuento transfronterizo, filmando con extrema elegancia y dotando del mismo nivel de credibilidad a las jóvenes japonesas enmarcadas en su atuendo sexy y entorno extremadamente urbano como a los mejicanos apegados a sus fiestas cargadas de alcohol, animales y cierto salvajismo de los sentidos en barriadas precarias o a los turistas norteamericanos pudientes en un autobús huidizo y trágico.
Acompaña a casi todas las imágenes una música que no hace sino aportarles mayor densidad, acentuar su significado, hasta conseguir emocionarnos en algunos momentos. Especialmente sobrecogedora me pareció la escena de la chica japonesa en la discoteca, donde imagen, sonido, silencio e interpretación se articulan a la perfección para transmitir esa tan brusca y difícil transición que a veces se da entre el éxtasis y la desesperación.

La inspirada y auténtica visión de González Iñáturri me ha recordado más a Amores Perros (salvajemente certera) que a 21 Gramos (demasiado afectada, algo manierista) presentando a una serie de personajes tremendamente creíbles, cercanos, enfrentándose a situaciones límite en entornos muy hostiles. Estos personajes se ven arrastrados casi sin querer en una espiral de tensión creciente, casi tangible, de la que resulta imposible salir ileso, ya sea física o emocionalmente. A esa construcción esmerada se suman unas interpretaciones muy destacables, especialmente por parte del elenco de intérpretes menos conocidos.

Tanto el comienzo como el final sirven como imágenes-resumen de todo lo planteado . Al principio vemos a unos niños en el desierto hablando una lengua extraña que no entendemos, y al final, una torre de apartamentos en Japón circunscrita en una ciudad llena a su vez de apartamentos. Si al principio nos sentimos extraños por no entender la lengua que se habla, al final nos sentimos incómodos por la identificación que podemos sentir con ese apartamento. Todos somos esa torre, todos somos una lengua extraña para alguien, todos formamos Babel.

Os recomiendo que la veáis.

martes, diciembre 26, 2006

Flor sin Olor


Soy seguidor de los perfumes, lo que quiere decir que me gusta olerlos en los demás, en mí, en las tiendas, en los bulevares; probablemente porque poseen un ligero toque decadente o quizá por su elevado nivel de artificialidad, pues se escogen con esmero, se embotellan con el máximo detalle y se anuncian compulsivamente prometiendo lo imposible. Eso que todos queremos. Y también, por qué no, porque dicen algo de nosotros (¿acaso no afirman eso en la publicidad?).

Os confesaré que mi pituitaria y mi cuerpo pertenecen a Jean Paul (Gaultier para los no iniciados) desde mi más tierna juventud, después de errores iniciales como la colonia Privata (todos tenemos secretillos inconfesables de adolescencias erróneamente pijas) y los primeros intentos muy banales por derrochar carnalidad (es decir, Versace Blue Jeans).

Un día, de golpe, encontré mi olor. Le Mâle. The Male. El Macho. Curioso nombre para tan andrógino perfume, al tiempo que certera manera de compensar su inicial falta de masculinidad. Un perfume que destilaba tanto poderío pop en su envase como atrevimiento en su publicidad y descaro en su contenido. Calvin Klein también trató de seducirnos en esa época con una gama mucho más variada de nombre en monosílabo (Be, One, etc) sin conseguirlo más que por un corto período de tiempo.

Yo fui de la escasa avanzadilla de precursores que en plenos lánguidos primeros 90 se atrevió a bañarse, y digo literalmente, bañarse en aquel nada discreto perfume. La gente perfumada con Loewe o Armani se giraba por la calle pensando si era una putilla (hasta que me veían y entonces pensaban, un chaperillo) y miraban raro, aunque secretamente les gustaba. Les daba morbo. Otros que no llevaban colonia se paraban en seco y les faltaba poco para no ladrar.

Y ocurrió lo impensable. Poco a poco el dulce y exclusivo perfume empezó a conquistar los corazones de las chicas, que se lo regalaban al novio. Los novios más atrevidos decidieron ponerse un poco de vez en cuando, otros sólo lo hicieron a regañadientes y por complacer a las chicas, pero luego descubrieron que realmente no había un perfume similar y se lo empezaron a poner de motu propio, además de apuntarse al gimnasio, empezar a depilarse, comprar juguetes sexuales y dejar a la novia.

Luego llegó la metrosexualidad, Bershka perresca, Aquí hay Tomate y lo que antes resultaba atrevido pasó a ser mayoritario. Yo aún lo usaba, a pesar de la democratización del mismo. Pero es que la voz de alarma saltó hace poco, cuando he visto que los padres de mis amigos o amigas (de 60) también lo usan! Tócate las pelotas.¡¡¡Ya no soy la vanguardia!!!

En total, que cuando mi maravilloso bote de Le Mâle, ahora alternado sabiamente con Miyake, estaba ya pareciéndome mortecino, vulgar, y un poco Tena Lady, y ya me había puesto a buscar sustituto por las perfumerías sin demasiado éxito, decidí consultar internet. A tal grado de confusión había llegado. Y es que me estaba planteando no volver a echármelo, pero tampoco quería volver a ser una flor sin olor.

Entonces, en pleno proceso dubitativo, di con la web de ciao, que tiene un apartado para este tipo de cosas y bastantes opiniones sobre perfumes masculinos, lo cual es un consuelo puesto que pude comprobar que no soy una rara avis super friki. Y tres de las opiniones allí vertidas decían que mi wonderful perfume ERA TÓXICO. Según parece, contiene una cantidad de almizcle artificial y de f-talatos de agárrate y no te menees. ¿Tendrá mi proverbial flaqueza de salud y mi muy numerosa lista de padeceres algo que ver con ese aroma de los dioses que yo (si fuera sano) hasta me bebería a sorbos o en su defecto sorbería poco a poco como granizado en verano?

Muchos puntos acumulaba para arrinconar dicho veneno per secula seculorum cuando llegó la campaña navideña de super Jean Paul, y si el anuncio es auténticamente flipante por lo heterosexualmente sensual, no lo es tanto por su final, porque ahora le han cambiado el nombre, y se llama “Jean Paul Classique”. YA NO ES LE MâLE. ¡Ahhhhhhhhhhh! ¿Cómo que classique? De eso nada, es supermoderno. No puede ser, me dije, asincopado por la impresión. He de ir a por otro perfume o me quedaré más anticuado que las bolas de naftalina, y eso sólo si sobrevivo al veneno de sus ingredientes.

Total, que me fui a las perfumerías y esnifé como cincuenta sustancias en días sucesivos para llegar a la siguiente conclusión:

- Utilizaré de día probablemente el Le Mâle (de algo hay que morir) y lo alternaré con Kenzo for Men (aunque tiene cierto toque a Mister Proper baño que no acaba de convencerme).

- Y de noche o de fiesta o cuando tenga el cuerpo de rumba me aplicaré unos buenos chorros de Jean Paul 2. O sea, el nuevo perfume de Jean Paul Gaultier.

Todo cambia, nada cambia.

PD: Por favor, mensajeadme con ideas, recomendaciones, críticas, elogios y sobre todo contadme qué os ponéis y qué me recomendáis. Es lo que me In-Teresa.

sábado, diciembre 16, 2006

PALÍNDROMOS


La última película de Todd Solondz ha llegado aquí muy tarde y sólo ha durado una semana en cartel, pero afortunadamente se ha programado en versión original, lo que le otorga mucho mayor interés. Comentaré algunos elementos de la trama porque creo que la mayoría de vosotros ya la habrá visto, y no desvelaré ningún secreto.

No soy un fan acérrimo de este director, aunque admito que siempre he sentido curiosidad por sus propuestas. Su opera prima, Bienvenido a la casa de muñecas, fue todo un descubrimiento, tanto de temática como de enfoque. Happiness, más retorcida y coral que la primera, me gustó menos. Sin embargo, hay que reconocer su originalidad de planteamientos y su valentía por presentar tramas arriesgadas. Todd Solonz, creedme, es un poco extraterrestre.

Ya desde el principio, es decir, desde el título, se hace una elección premeditada por lo diferente y peculiar, ya que los palíndromos son frases que se leen igual al derecho y al revés (como por ejemplo, “Ana lava lana”). Probablemente el número de palíndromos en una lengua no supere el centenar, así que en cierto modo se nos advierte de lo especial y poco convencional que será lo que luego veremos.

Aquí, en Palíndromos, nos sitúa de nuevo en uno de sus universos preferidos, el de la más tierna adolescencia femenina, a través de una chica llamada Aviva, que no ceja en su determinación por ser madre a pesar del estupor o el rechazo frontal que esto pueda provocar, ya que la chica no supera los trece años. No cabe duda de que este punto de partida supone llevar el típico juego de la ficción Solondziana un poco más allá de lo habitual, y que en principio puede resultar incluso subversivo, pero el tono con el que todo (o casi todo) está planteado dulcifica esa primera impresión.

Aviva ,cuyo nombre no deja de ser un palíndromo, ha decidido quedarse embarazada, y buscará apareamiento de mil formas distintas a lo largo del metraje, iniciando una especie de película de aventuras posmoderna. En su periplo entrará tanto un adolescente rubio raro como un hombre mayor del que (por supuesto) ella inadecuadamente se enamorará. Al fin y al cabo, Aviva lo ve todo con mucha naturalidad, y sólo quiere tener muchos bebés porque así se sentirá siempre querida, lógica aplastante de adolescente “paralela”.

Entre las etapas que encontrará en su viaje, hallaremos una especialmente kitsch en la que se aloja en una especia de hogar para niños friquis (la albina, la niña sin brazos, el asmático, el epiléptico) capitaneado por una matrona oronda y sonriente, toda bondad, llamada “mamá Sunshine”. Este momento me recordó a los dibujos animados de los 70, del tipo de Heidi y Banner y Flappi, donde se preconizaba esa especie de bondad contagiosa llevada al extremo que, efectivamente, sólo puede formar parte de la ficción más extravagante. Al mismo tiempo, la madre de Aviva, interpretada por una intensa Ellen Birkin, rezuma una maldad también muy peliculera, actuando de contrapunto a esa Julie Andrews avejentada y con kilos de más que es mamá Sunshine.

Otra de las peculiaridades de la película – la más llamativa, y que por eso he dejado para el final – es el manejo que se hace de la actriz principal y de uno de los secundarios. Aviva cambia con cada aventura, pero no sólo mentalmente, sino también físicamente. Su personaje está representado por siete u ocho actrices diferentes dependiendo de la toma, actrices que retoman el personaje para otra toma y luego lo vuelven a ceder para la siguiente. Aviva, entonces, deja de ser pelirroja y con aparato dental para convertirse en una inmensa negrata y luego es de nuevo blanca, pero esta vez gordita y de cejas pobladas. Este recurso nos confunde al principio, y sólo le veo justificación como paradigma de la libertad con lo que este cineasta plantea sus ficciones. Crea una manera nueva de narrar a un personaje, si se me permite la expresión, le otorga cierta carga de magia, de abstracción a la película, como tratando de decirnos que quizá no haya que tomarse este juego demasiado en serio, como intentando que nos distanciemos y aceptemos la aconvencionalidad del lenguaje y del contenido como ejercicios de estilo.

En cualquier caso, esta extravagancia fílmica destila talento, una grotesca creatividad, y momentos de impagable comedia en diálogos que mezclan la ironía, la inocencia y el descaro con maestría. En resumen, una película insólita para paladares entrenados. Y otro de los detalles que me gustan es que escoge a gente fea, incluso deforme, como parte del elenco actoral, algo que en Hollywood escasea y es sano, puesto que no impone modelos estéticos imposibles y ofrece sueños más realistas. Cualquiera puede ser la reina del mambo en una película de Todd Solondz, ¿me entendéis?

viernes, diciembre 08, 2006

SOY FALSA (la canción)


FALSAAAAAAAAAAAA
SUPERFALSA
DIENTES, DIENTES...

Busco productor o dj experimentado para que me ayude a hacer de esto un disco. He tratado por todos los medios a mi alcance (premeditación, chantaje, secuestro, amenazas, tortura) de que formase parte del repertorio de algún artista emergente y con imagen prometedora, pero cuando eres un pendoncillo de provincias periféricas nadie te toma en serio. Y, como diría la tricéfala (Tamara-Ámbar-Yurema o como sea, tanta chicha pa tan poca limoná) "me parece patético".

No se me ocurría otra plataforma que ésta para dar a conocer esta canción. Ahí va. Espero miles de comentarios, posibles contratos, montañas de propuestas, fans agolpados en el portal de mi casa, flashes en todas partes. Miss Kittin, por favor, proponme algo. Felix da Housecat, prodúceme. Vive la Fête, llamadme. SUPERPORFAAAAAAA...


SOY FALSAAAAAAA

Soy falsaaaa
Te miro y te sonrío,
Soy falsa
Pero pienso fatal.
Soy falsa,
Te juro que da el pego,
Soy falsa,
Me sale natural.

Falsa, falsa, falsa, falsa, falsa
Adicta a la mentira
Memola aparentar.
Títulada en falsa modestia,
Doctorada en mentira
Máster en falsedad.

Soy falsa
Te invito a mi cumpleaños
Soy falsa
Aunque me caigas mal
Soy falsa
Y luego te critico
A tus espaldas
Lo aprendí de mamá.

En las fiestas
Me beso con extraños
Soy falsa
Que en realidad detesto.
Qué pasa
Ésa es mi verdad
Soy falsa
La pura falsedad

Sonrío cercana
Como Ana Rosa Quintana,
Actriz total
En plan Carmen Maura,
Nada pendón
Como la Obregón,
Natural
Como Yola Berrocal.

Falsa, falsa, falsa, falsa, falsa,
Yo soy de cartón piedra
Maquillaje y maldad.
Me gusta la doble moral,
La sonrisa torcida
Y la telerealidad.

martes, diciembre 05, 2006

Campos de Teresa


Aunque hace poco tiempo que soy bloguero, reconozco que me está dando fuerte. Tanto que creo que el bloguero de cabecera debe querer emigrar escandalizado por mi falta de criterio para escoger qué comentar (entiendo que el post pro Lindsay Lohan pueda parecer carente de criterio, pero es que vivimos en una época POP, y ya se sabe, cuando haces POP ya no hay stop). Espero que vuelva pronto porque me parece que esto se está desmadrando. De hecho lo de este post puede hasta escandalizar.


Y es que yo tiendo a dejarme llevar, culturalmente hablando. Al principio me puede costar un poco, pero después me adapto y defiendo lo indefendible, que luego resulta no serlo tanto. No sé si me entendéis, es por ejemplo como lo que ocurre con las libretas de Naranjito, que en el 82 a todos nos parecían horrendas y sin embargo ahora, vía ejercicio nostálgico, ponemos en el altar de lo chic. Todo por culpa del tiempo, que todo lo tiñe de vínculos.


O como mi relación con la televisión matinal. Empecé haciéndome fan de la tele matutina cuando empezó allá por los años 80 y tantos, una extravagancia, en aquel programa-cajón desastre que moderaba Jesús Hermida (Por la Mañana, creo que se llamaba) y amenizaban entre otras Consuelo Berlanga (semi retirada), Irma Soriano (mi preferida en aquel entonces, joven, guapa y simpática con lo del "cao-cao", después desdibujada), Miriam Díaz Aroca (show-woman desgraciadamente reconvertida en robot pseudoIgartiburu), Nieves Herrero (prefiero no comentar) y THE QUEEN MARÍA TERESA CAMPOS. Qué tiempos.


Como sucesor de la carta de ajuste, la verdad, me parecía comparativamente mejor, especialmente los "Apueste por Una" en los que una agria Patricia Ballesteros perdía sistemáticamente por no poder luchar contra el gracejo y la persuasión de your royal highness MariTere. Era la época en la que estaba de moda la superpeineta de Martirio, la guerra de los sexos y las hombreras super powerful. María Teresa ejercía también de comedianta en una especie de sketches con cierta continuidad que se montaban a veces en el programa, siendo cuando menos eficaz, y cuando más la mejor.


Al poco tiempo pudo desarrollar un programa propio, y aunque vagó por varias cadenas siempre destacó por encima de todas y todos, mezclando entrevistas, actuaciones, desfiles de moda algo cutres, introduciendo el corazón en la televisión de forma todavía tímida y hasta cierto punto elegante, promocionaba fregonas, spaguettis y zapatillas como si tal cosa; seguía con sus teatrillos, y disfrutaba como una enana. Es cierto que en su última etapa se había vuelto algo intransigente en algunos momentos, que cometió el error de contratar a Rociíto, puede que incluso resultara algo prepotente, no lo sé a ciencia cierta, pero creo que no se le ha reconocido que creó el germen de lo que son ahora casi todos los magazines televisivos, algunos actualmente desmadrados y sonrojantes. Ella eso lo solía controlar. Porque, como se dice por el norte a veces no hablaba, sino que "posaba la palabra".


Alguien pudo con ella hace casi dos años, de manera muy contundente. Con la que era la superviviente por excelencia del mundo catódico ibérico. Esta otra señora no ha hecho sino copiar el modelo Campos sin pagarle derechos de autor ni agradeciéndole nada. Quizá use un tratamiento de las noticias algo menos vehemente, más "pijo", pero en el fondo los temas que se tratan son en su mayoría más truculentos, y la profundidad que se le da a la mesa de debate político (otra copia escandalosa) es casi de chiste. Esta señora, a mi modo de ver, no se sabe expresar con la necesaria fluidez a veces, y me resulta estirada, falsa y bastante sosa. Me da como AR-dor de estómago.


Ya sé que en el mundo bloguero probablemente resulte algo "marujil" el tema que he tratado, pero a mí la Campos me daba rollito, me hacía gracia, y la echo de menos. Además, quien no sea un poco marujilla a veces que tire la primera piedra. Yo además de marujilla ocasional, he de reconocer que soy un poco teleadicto, o más bien lo era, porque tal y como se está poniendo la tele, mejor me voy al cine. O a hacerme un arroz a banda.


Un fan de Teresa Campos.


PD: No sólo de Derrida, Shakespeare o Woody Allen vive el hombre. Al menos yo. Y la mujer ni te cuento.

SCOOP O VOLVER CON LA FRENTE "FLORIDA"

El otro día fui a ver Scoop de Woody Allen. Siempre me habían gustado sus películas, excepto en la segunda mitad de los 90, donde Acordes y Desacuerdos (insufrible) o las decepcionantes Granujas de Medio Pelo o Todo lo Demás provocaron cierto desinterés en mí hacia sus propuestas. Como buen director que es, y sobre todo estupendo guionista, siempre encontraba toques de talento y originalidad en lo que veía, pero bastante dispersos. Además, ciertos tics se me hacían repetitivos y poco inspirados.

Sin embargo, esto cambió. De casualidad me llevaron a ver Melinda y Melinda y recuperé algo de interés. Me volví a sentir fan con Match Point - un gran cambio de tono y obsesiones - a pesar de que su primera mitad me pareció muy superior a a segunda, y con Scoop creo que me he vuelto incondicional. Veréis por qué.

La trama nos sitúa en el Londres contemporáneo, en un espectáculo de magia en el que una inexperta periodista americana - Scarlet Johansonn supercreíble - recibe un soplo sobre un asesinato mientras participa en un truco. El que lanza este soplo viene de un pintoresco más allá, más propio como videoclip de la infame "Ay quién maneja mi barca, quién" que de una película "seria".
A partir de ahí, y con la inestimable colaboración del mago (Woody) como compañero de correrías detectivescas, ambos tratan de resolver el misterio introduciéndose en el círculo social aristocrático al que pertenece el supuesto asesino, inventando una relación paterno-filial de lo más inverosímil. El supuesto criminal resulta ser un apuesto joven (un Hugh Jackman ajustado al papel) por el que la desastrosa periodista beberá los vientos; eso sí, sin renunciar a investigar lo que parece ser a fin de cuentas una gran paranoia.

Al tiempo que los diferentes orígenes de los personajes - clases sociales dispares, nacionalidades distintas como son el Reino Unido y Estados Unidos - provocan ciertos contrastes bien aprovechados por el guión; las situaciones rocambolescas se suceden una tras otra sin dejar de ser del todo creíbles, lo cual tiene bastante mérito si nos fijamos en lo extremo de la trama. En definitiva, que resulta simpática, divertida y ocurrente. Esta vez no he notado un agotamiento de los planteamientos a mitad de película, ni me ha ocurrido que de repente un personaje me resulte cargante después de un rato.
Podemos extrapolar alguna reflexión más profunda de toda la ficción planteada (la obsesión por la muerte, muy desdramatizada, o la desconfianza hacia las apariencias) pero siempre en tono irreverente. Resumiendo, os diré que recomiendo esta película si queréis pasar un buen rato y os gusta el Woody Allen de siempre. Por cierto, la música, m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-a. Y me olvidaba, tiene cosas de Misterioso Asesinato en Manhattan y también de Desmontando a Harry.

sábado, diciembre 02, 2006

The artist's game with Cyndi Lauper.

Siguiendo la estela de Xabi en su blog y de ledo75 en su fotolog, he decidido jugar a lo que proponen. Elegid a un artista al que admiréis y proponed títulos de canciones para cada etiqueta. ¡Mola!

1. Solista o grupo elegido:
Cyndi Lauper
2. ¿Eres hombre o mujer?:
Boy Blue
3. Descríbete:
It’s hard to be me
4. ¿Qué sienten las personas acerca de ti?:
He’s so unusual
5. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?:
I don’t want to be your friend
6. Describe tu actual relación con tu novio(a) o pretendiente:
I'll kiss you
7. ¿Dónde quisieras estar ahora?:
Dancing with a stranger
8. ¿Cómo eres respecto al amor?:
Insecurious
9. ¿Cómo es tu vida?:
Girls just want to have fun
10. ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo?:
Shine
11. Ahora despídete:
I’m gonna be strong

Burn, Lindsay, BURN!!


¿Quién no ha querido alguna vez ser una reina de la comedia americana para adolescentes? Y no hablo de la típica novia de América (como Julia Roberts o Meg Ryan) de imagen tirando a inofensiva, prototipos de audiencia masiva con paréntesis cultos en cine independiente. No. Me refiero a esas chicas monas sin demasiado talento que pululan por comedietas más o menos prescindibles pero amables y auténticas, que no venden una imagen prefabricada y falsa, sino que se venden a sí mismas, a veces prefabricadas, a veces falsas, y sacan partido de la fama para correrse la gran juerga de sus vidas.

La última incorporación a ese olimpo de estrellas que se ganan el pan y el caviar en guiones rabiosamente formulaicos es Lindsay Lohan, una chica pelirroja que comenzó como actriz infantil simpática en un ámbito en el que resultar repelente (Dakota Fanning, agh) es la norma, para convertirse poco a poco en la típica “reina del instituto” adolescente que ligaba por doquier, terminando por adoptar un rol de joven divertida y de precocidad inquietante pero seductora dentro y fuera de las pantallas.

Esta chica aprovecha su fama para asistir a las mejores fiestas de Hollywood y salir siempre la última, apurando la diversión hasta el final; mete la pata liándose con chicos que luego filtran fotos comprometidas suyas a diestro y siniestro, véase sin ropa interior, o con sospechosas ojeras; se hace amiga ocasional de Paris Hilton y luego se enemista a muerte con ella y le prohíbe la entrada en eventos a los que ella asiste; recibe reprimendas de los jefes de los estudios por irresponsable e impuntual; finge ingresos en hospitales y oculta hospitalizaciones verdaderas por diversos achaques provocados por esa agitada vida; y mientras tanto actúa en películas olvidables pero encantadoras por su falta de pretensiones compaginándolas con declaraciones imposibles reconociendo anorexias y adicciones en nada menos que el Vanity Fair. Drama queen, como la Marilyn (pronúnciese con acento en "lyn").

Esa manera de atracarse de vida, con una indudable sobredosis de actividad ,experiencias, y sustancias a fin de cuentas no es un “role model” muy sano, pero tampoco pretende serlo. Lindsay simplemente se representa a sí misma y no finge, sino que más bien le saca partido a lo que le ocurre de la manera que juzga más oportuna. En otras palabras, que se lo pasa teta.

Si después de todo esto aún quieres ser una Lindsay Lohan de la vida, recuerda que has de cumplir los siguientes requisitos:
- Belleza adolescente, aunque luego acabes convertida en una vaca burra recalcitrante como le ocurrió a Linda Blair o una matrona descafeinada como Brooke Shields.
- Ansia desmesurada de trasnoche a la española y juerguecilla gitana.
- Uso y relativo abuso de sustancias estimulantes.
- Familia disfuncional o inexistente.
- Cara simpática, preferentemente pecosa.
- Nacionalidad norteamericana, “of course”.
- Club de fans de doceañeras.
- Cierto seguimiento por parte del lobby rosa.
- Afán de protagonismo desmedido.
- Un punto horterilla.
- Teñirse cada dos por tres.
- Admirar a directores de la tercera edad e incluso trabajar con ellos (el fallecido Robert Altman o el irrepetible Woody Allen). Pronto computará Almodóvar.
- No tomarte demasiado en serio, pero que tampoco te tomen por tonta o te convertirías, con el tiempo, en Gunilla Von Bismarck.

Que conste que actrices como Christina Ricci también me encantan, pero esto ya es otro rollito. Y para terminar, Lindsay, si entiendes el español, decirte que me gusta ver cómo quemas tu juventud viviendo diez vidas en un año. A los 25 seguro que ya podrás escribir tus memorias. Los que te critican no saben lo que es reinar en el instituto, ni se divierten, ni saben generar esa expectación, ni tienen una agenda taaaaan agitada.

Para los detractores (o dehtructores) que de todo hay, recomiendo una web farandulera llamada www.thesuperficial.com, la sucursal online del Tomate en los USA, muy americana, muy amarillista.