MDYSSL lanzan este Mi muñeca me habló, versión de una canción de Flor Bovina, y que forma parte de un disco homenaje al programa chileno 31 minutos, que al parecer fue como una especie de La Bola de Cristal a la latinoamericana. Mientras esperamos su nuevo EP, que se está haciendo bastante de rogar, podemos entretenernos con esto. La canción funciona.
Stephen Frears regresa a las pantallas con una película de época, género que ya había manejado magistralmente en la insuperable Las Amistades Peligrosas, adaptación del libro homónimo de Choderlos de Laclos. En esta ocasión adapta un título de Colette llamado Chéri, y cuenta con Michelle Pfeiffer, Rupert Friend y Kathy Bates como intérpretes principales.
Como casi siempre, Frears traslada a la pantalla con detallismo y solvencia todo lo que compone el submundo de sus personajes, unas señoritas de compañía ya algo mayores en el burbujeante a la par que decadente París de la Belle Époque. Alejadas ya del mundanal ruido, bien situadas gracias a regalos de sus amantes o a suculentos beneficios obtenidos en tiempos pasados con sus armas de seducción, estas mujeres se ven abocadas a cierta exclusión social debido a su profesión y pasan las tardes en sus cárceles de oro, visitándose unas a otras y entregándose al cotilleo fino y al veneno lenguaraz.
Entre ese ir y venir de convencionalismos algo contradictorios, la protagonista se dejará enredar en un amor bastante imprevisto aunque duradero con un apuesto joven que la llevará a una situación complicada e inesperada para ella. Y sin embargo, a pesar de toda esa amalgama de volátiles emociones, la película se va dibujando sin estridencias, con un ritmo suave y unas emociones casi siempre contenidas.
Como fruto de la sofisticación, suponemos, la forma prevalece sobre todo lo demás, y el desgarro o la emoción intensa es algo sólo permitido en momentos muy puntuales.En líneas generales me ha resultado una película interesante, inteligente, pero extrañamente distante. Kathy Bates compone su personaje con más precisión que Michelle Pfeiffer, una Michelle que sí destaca en la escena final, donde traspasa la pantalla.
Siempre que se habla de Sade se recurre a lo mismo: que si su voz aterciopelada, que si su elegante sensualidad, su refinamiento... probablemente porque lleva 25 años haciendo lo mismo, un soul depurado con toques pop que le viene como anillo al dedo. Esta mujer no se nos reinventa con cada disco, ni se deja asesorar por productores de moda, ni se pone labios o bótox. Ella va a lo suyo, fiel a sí misma con su cabello recogido-labios rojísimos-pendientón a lo Paloma Picasso, cantándole al amor y al desamor sobre todo, en entregas tan espaciadas entre sí que el público la recibe con expectación y ganas. Es lo bueno de saber dosificarse, que te puedes repetir un poco y no pasa nada.
Ahora presenta Soldier of Love, una canción que no difiere gran cosa de cualquiera de las de Love Deluxe o Lovers Rock, por ejemplo, con unos beats un poco sobreproducidos(lo justo)como máxima novedad.
Me gusta mucho Sade, me gusta esta canción también, esta mujer se ha convertido en un clásico y sin embargo echo de menos algo de frescura en su sonido, que sí tenía cuando irrumpió en el mundo de la música. Ya sé que no se nos va a teñir de rubia ni a cantar por peteneras, pero no me refería a eso.
Yo creo que si a esta canción la ponemos vuelta y vuelta puede salir una buena mezcla de baile, con esos beats un poco más acelerados e inspirándonos en el Hunter de Björk... A ver si Josh Harris o Stuart Price cometen la herejía.
A pesar de las ambivalentes críticas y de la tibia recepción del público americano, Nine parece prometer un poco de escapismo, lujo y poderío, que nunca están de más... Penélope se nos pone sensual para encarnar a la díscola Carla y en esta A Call from the Vatican nos convence. D-e-l-t-o-d-o. A pesar de que sólo han colgado en youtube una pequeña parte de su número musical.
Sigue la estela de la nominada a los Tony Awards Anita Morris (en 1982, fecha del estreno del musical en Broadway) y de Anne Krakowski (ganadora del Tony en 2003 en el revival de Nine en Broadway).
Aunque Lady Gaga me parece otra mamarracha más, y de su último disco no aguanté más de 5 escuchas, esta canción, y el videoclip (que no sé lo que vino primero), me encantan (hoy por lo menos, quizás dentro de unos días lo niegue).
El videoclip es, como suele ya ser habitual en largometrajes y videoclips norteamericanos, un anuncio publicitario de larga duración. Aunque lo bueno de esto, es lo entretenido que resulta jugar a descubrir el máximo número de productos anunciados. En este caso, por raro que aparezca, no aparece ningún móvil Nokia, aunque sí un iPod, una base con altavoces para el mismo, una marca de Vodka, gafas Carrera (otro clásico)... y por ahora no he encontrado más.
Otro tema es que el videoclip me parece inspirado en la serie True Blood. Y puede que la inspiración no sea casual, y en el fondo, lo que pretende es recordarnos que habrá que esperar hasta el próximo verano para ver la tercera temporada de la serie. Aunque puede que, simplemente, el fetish está de moda, y Lady Gaga se ha convertido en su nueva abanderada.
P.D.: Recuerdo haber visto a Alexander Skarsgård (este vampiro vikingo de True Blood) en uno de los anteriores videos de Gaga. Y gracias a Google, ya se que es el video de Paparazzi...
Según el marketing más avanzado, existen muy diversos tipos de consumidor. Los fieles (a un producto, marca o establecimiento), los compulsivos (que no reparan en gastos), los insatisfechos (que constantemente presentan reclamaciones allá por donde posan su visa), los racionales, los pragmáticos… En fin, una retahíla. Y no seré yo quien ponga en cuestión todo este sesudo etiquetaje, simplemente añadiré una categoría: el consumidor nostálgico.
El pobre consumidor nostálgico, que suele ser un poco maniático y un bastante sibarita, se acostumbra a un cierto producto de tal manera que cuando lo dejan de fabricar lo pasa fatal, y empieza a hacer acopio de las últimas existencias del producto sacrificado hasta rayar la extravagancia. Porque cómo jode cuando retiran cualquier cosa de la que te has convertido en fan. O cómo le jode al consumidor nostálgico.
Esto ocurre en muchos mercados, el de la tecnología (esos Spectrum), el de la televisión (cuando retiran una serie que te gusta), la ropa (cómo echo de menos los plumíferos extra largos) o la alimentación. Y no sé por qué, pero en alimentación pasa demasiado a menudo. Entre otros, echo de menos ese irremplazable TaB setentero que tan bien sabía, no hay Coca Cola Zero que lo pueda sustituir; los zumos Kas Fruit Kids de fresa, una gozada de la que aún guardo el último tetra brick como comprobante de que alguna vez existió, llamadme fetichista; el chicle Cheiw de fresa normal y el de fresa ácida que eran superpotentes; el azulado y añorado Frigurón, y ahora… las infusiones de sabores de Twinings (en especial la de fresa y mango) que hasta hace nada había en el Carrefour para ahora desaparecer sigilosamente y sin previo aviso, que es lo peor porque no da tiempo a hacer acopio. ¿Por qué caducan los conceptos? Y lo peor es que nada los puede sustituir…
Rescato uno de los pocos momentos hilarantes de Los Abrazos Rotos, de un Pedro Almodóvar demasiado introspectivo. Ahora que en los cines aún resuenan los éxitos de Ágora y Celda 211, donde una no tan nueva generación de cineastas ha encontrado fórmulas para atraer al público a las salas, me parece un buen momento para reivindicar a Almodóvar. ¿Será capaz de volver a escribir comedia?
Lola Dueñas merece una mención especial por ese cameo inenarrable.
M-A-R-A-V-I-L-L-O-S-A esta versión completa de Baila Duro, anticipo de lo nuevo de María Daniela. Estoy en éxtasis. ¿Soy su fan número 1 en España? La espera de su nuevo disco se hace eterna. En directo es aún mejor.
Le temps qui reste (traducida en España como El tiempo que queda) es una maravillosa película que relata los últimos días en la vida de Romain (Melvil Poupaud), un joven fotógrafo de moda. Casi al empezar, Romain recibe inseperadamente la noticia de que tiene un cáncer avanzado y reacciona primero con amargura para pasar poco a poco a aceptar su situación con gran serenidad.
En lugar de caer en lugares comunes, el director consigue planos muy originales, escenas realmente conmovedoras que se suceden aquí y allá, con una sensibilidad que llega al espectador como auténtica. Al principio la noticia actúa como un mazazo para él, lo que le hace entrar en conflicto con su familia, su pareja, y consigo mismo, hasta que poco a poco, en parte por la irrupción de una mujer (Valeria Bruni)que le pedirá un favor inesperado y bastante especial, va cerrando heridas y reconciliándose con su destino.
Lo más curioso de la historia es que nos conmueve sin hacer ruido, sin apenas cargar las tintas, enfocando la narración más con silencios y miradas que con obviedades. Esa sobriedad dramática, con toques minimalistas, logra conmovernos sin artificiosidad, lo cual es un gran mérito. Son pequeños gestos los que nos hacen identificarnos con el personaje, reacciones que nos convierten en sus cómplices en ese duro trance.
La escena final es perfecta.
François Ozon de nuevo vuelve a dar en la diana, como casi siempre, y demuestra su capacidad para contar todo tipo de historias y afrontar diferentes géneros con maestría. Esta película es de 10.
Muchísimo más inmediata y contagiosa esta versión en directo de Drive Me que la versión de estudio. Najwa debería de profundizar en la electrónica, que es lo que mejor hace y dejarse de experimentos guitarrero-introspectivos de una vez por todas. Me daba pereza desde Mayday, que fue un disco redondo, hasta que escuché esto.
Alaska, refiriéndose a una de las crisis periódicas en España, en este caso a la del principio de los 80, introducía su ya mítico Canciones Profanas con esta rotunda canción. Quizá no posea una melodía memorable, pero la letra, toda una acumulación de sustantivos a cada cual peor, recoge a modo de enumeración los síntomas que ahora mismo parecen rodearnos, formando una inquietante letanía post-punk.
En Canciones Profanas podíamos escuchar temas más elaborados, algunos memorables como Perlas Ensangrentadas, pero Crisis servía para situar la temática decididamente oscura de este disco. Personalmente, siempre me he acordado de esta canción, y cada vez que estamos en crisis me vuelve a la cabeza sistemáticamente.
Esto es lo que hay. Un capítulo chungo de Sin Tetas no hay Paraíso. Un Callejeros en una barriada periférica. Un Documentos TV sobre la crisis financiera. Momento crítico.
Ventas, rentas, saldos, hipotecas Alquila, compra, vende, arrenda Oferta, demanda, valores en alza Suben y bajan, acciones de banca. Inflación, devaluación Explotación, deuda exterior.
Karmele está en su salsa en ese Sálvame de Jorge Javier Vázquez, que no deja de ser un refrito de Aquí hay Tomate y Tómbola. Este programa es una especie de barullo grotesco repleto de frikis gritones, público gallináceo y vídeos desatados. Entre todas estas cacatúas destacan el presentador y su co-presentadora, la Esteban, que mira tú por donde, está haciendo historia de la televisión. Sí, confieso que alguna tarde que otra, veo el Sálvame un rato...
Karmele, que va de divina porque destaca menos que los susodichos, trata de mostrar de vez en cuando que se diferencia del resto proclamando su republicanismo exacerbado con proclamas antimonárquicas, su cultivado espíritu artístico con referencias a El Greco y a algún que otro escritor, y su profundo conocimiento de lenguas extranjeras. Ojo que no acaba aquí la cosa, porque Karmele es, además, feminista convencida y antitaurina de pro. Vamos, que al final ya no sabemos si en el fondo es supermoderna y nos cae bien o superpetarda y nos cae fatal, pero se le agradece esa punto procultural aunque sea de fachada.
En cualquier caso, lo mejor de Karmele viene cuando se nos pone estupenda, en plan sexóloga de andar por casa, y ataviada con capas imposibles instruye a las masas sobre el uso de las bolas chinas o da lecciones sobre gimnasia sexual para parturientas mientras se come un yogur. En plena sobremesa. Toma ya. No digo yo que todo esto no resulte de lo más interesante, pero ¿y el horario infantil? ¿¿Debería Sálvame llevar dos rombos??
Este maravilloso videoclip recrea algunas de las boutades de esta periodista del corazón que ahora también lo es de la vagina. Nuestra Karmele ha decidido ponerse tontorrona, y como es mayor, nadie la corta...
Un programa como Sálvame, tan odiado como visto por las masas, no deja de ser un fenómeno sociológico, un síntoma de que España necesita una vía de escape bronca y alocada en la más perfecta tradición histriónica del esperpento teatral español. SALVANDO las distancias.
He dicho.
Otro día hablaré de "La Esteban", que hoy día ostenta el dudoso título de "mujer más famosa de España". Y es que España, España ... is different.
He estado poniéndome al día de a qué se dedica Perz Hilton, y hace un poco de todo, no se pierde ningún sarao... Ya le gustaría a Jorge Javier.
Pues para muestra un botón: el chico canta y compone esta canción que es BSO de una gran película que nadie debería perderse: Another gay movie: Gays gone wild!
Se acaba de estrenar en EEUU una película de miedo que está dando la campanada. Tanto es así que ya ha batido el récord de recaudación por sala (44.000 dólares de promedio) esta semana, algo realmente llamativo. Dirigida por el debutante Oren Peli, interpretada por actores totalmente desconocidos, con presupuesto casi ridículo y maneras de filmar propias del documental "a lo" Bruja de Blair, la película debió esperar desde el 2007 para empezar a llamar la atención de los grandes distribuidores cinematográficos norteamericanos.
En un giro inesperado, el DVD promocional llegó a las manos de Spielberg, quien se vio tan sorprendido por la propuesta fílmica que no dudó un segundo en darle luz verde a su estreno comercial. La leyenda urbana cuenta que al propio Spielberg se le cerraron las puertas de la sala donde la proyectó y no podía salir. La trama se desarrolla en torno a una pareja que vive en una casa unifamiliar y de repente se ve acosada por una presencia poco amistosa que provoca poltergeists y ese tipo de fenómenos tan agradables. Según parece, las críticas han sido muy positivas y el boca-oreja está funcionando como pocas veces. No parece una idea muy original, con esas reminiscencias a Poltergeist o La Bruja de Blair, pero el caso es que está arrasando.
Charlotte Gainsbourg ha preparado un álbum con Beck, y su anticipo es este IRM, que no es otra cosa que MRI, o sea, una resonancia magnética. La resonancia se lleva a cabo en un tubo bastante claustrofóbico, en algunos hospitales lo llaman "el tubo de la risa" y la prueba consiste en meterse ahí dentro durante unos 20 minutos más o menos y quedarse totalemente inmóvil mientras se oyen sonidos que siempre me han recordado a la Björk de Pluto (una canción de su Homogenic). Vamos, techno heavy heavy.
De hecho, en las cerca de 10 veces que he pasado por el tubo siempre he pensado que de ahí podía salir una buena melodía para la islandesa, tan proclive ella al desparrame experimentador, y que la podría incluir en Dancer in the Dark 2. La prueba médica hay gente que no la soporta bien y sin embargo a mí me parece la mejor de las pruebas y poco me falta para comenzar a canturrear ahí dentro. A lo que iba, que me disperso... Charlotte ha pensado lo mismo que yo, así que finalmente no soy tan original como yo pensaba, y ha compuesto una de sus melodías basándose en esto. La canción se puede descargar gratuitamente en su web oficial y creo que merece la pena. Después de Anticristo y de su querencia por las resonancias, Charlotte está empezando a parecerme una diosa de mi olimpo, por sufridora y despierta.
Hotter es el prometedor single de presentación del nuevo álbum de Parralox, State of Decay, que se publicará en Conzoom Records, una discográfica alemana que los ha fichado recientemente. Su disco anterior, Electricity, fue muy alabado pero tuvo poca difusión.
Desde la lejana Australia, han cambiado de cantante y nos proponen un synthpop depurado. Amii y John Van Ahlen, con frialdad absoluta, presentan Hotter y ya tienen preparado el segundo single de State of Decay, llamado I am Human. ¿Que cómo los descubrí? Gracias a Pérez Hilton, el Jorge Javier americano que a veces hace de dj.
Portada arrolladora de Penélope Cruz en el Vanity Fair americano. Se acerca el estreno del musical Nine, donde compartirá cartel con Nicole Kidman, Daniel Day-Lewis, Audrey Tautou y la gran Sophia Loren.