martes, agosto 21, 2007

A la felicidad por la cosmética


El verano, largo aunque no excesivamente cálido, me deja mucho tiempo para pensar entre un fin de semana y otro, de tal modo que puedo profundizar como se merece en la dialéctica existencial del ser. Una de esas reflexiones recurrentes es el paso del tiempo y cómo éste se manifiesta en el rostro después de años de playa radical, humo de tabaco y comidas algo desordenadas. Qué queréis que os diga, yo creo que es bastante obvio que se me está cayendo la cara, el espejo no miente.

De repente he sentido una incontenible urgencia por remediar este desaguisado, y he hecho una búsqueda en internet bastante exhaustiva por foros, artículos y demás basura cibernética. ¿Que qué busco? La fuente de la eterna juventud, of course, por favvvvooorrrrr... ¿Qué he encontrado? Cientos de páginas dedicadas a estos temas de la hidratación corporal, en inglés, francés y español mayoritariamente. He comprobado que comparto mi desesperación con la mitad de la humanidad, lo cual no es un consuelo, y he alucinado con la cantidad de personas que dedican parte de su preciado tiempo a escribir opiniones sobre 1000 y una cremas hidratantes para orientar a todos los demás. Gracias mil.

Todo esto es una cuestión de fe, hay que dar un salto al vacío y pensar que un botecito pequeño y bastante caro contiene el elixir de la eterna juventud, ignorando las publicaciones científicas sobre el tema que afirman que detener el paso del tiempo o incluso maquillarlo es tarea imposible. Bueno, yo como soy de letras, he decidido que prefiero creer en los cuentos.

Lo primero que recomiendan todos es beber mucha agua, dejar de fumar y no beber alcohol. En fin, una entelequia. Y luego aplicar cremas varias, que es donde yo puedo quizá inscribirme. Empecé a enfadarme cuando vi que hay productos distintos para hombre y para mujer, pero que los de mujer son infinitamente más específicos que los de hombre; luego me agobié con las diferentes opciones de asesoramiento: dermatólogo, dependientas, amistades, folletos...; para terminar superado por las definiciones de los distintos tipos de piel que uno puede tener. Un caos.

Después de mucho indagar he descubierto que tengo la piel mixta (horror, doble de productos) y muchas opciones. Paso a detallarlas:

1) Creme de la mer. Carísima, un poco de señoronas, con mito intergaláctico incluido porque fue descubierta por un misterioso científico de la NASA del que nada aparece en internet salvo esto, una crema de la que no todo el mundo habla bien, aunque algunos dicen maravillas... No sé, creo que el precio es excesivo.

2) La baba de caracol. Qué asco.

3) El aloe vera. Huele bastante mal.

4) El aceite de jopetas, quiero decir, de jojoba. Come on...

5) El aceite de rosa mosqueta. ¿Eso de mosqueta es una mosca pequeña?

6) Una crema llamada Neostrata Biónica, muy recomendable, pero yo no quiero convertirme en atómico ni nada de eso.

7) Crema de bayas salvajes. Esa seguro que contribuye a la deforestación, nada.

8) Marcas como Avène o Carreras, buenas, bonitas, baratas, pero ¿tienen glamour?

A fin de cuentas, que no sé que hacer. Espero que me aconsejéis un poco, en serio. Estoy en estado de precrisis, puedo acabar atracando una perfumería...

2 comentarios:

lamalaeducacion dijo...

La BABA DE CARACOL es magnífica. Hago un relato hiperrealista en mi blog. Un beso

http://vomitoliterario.blogspot.com

poderío dijo...

Pues sintiéndolo mucho creo que me niego a probarla. La verdad es que ya tuve que hacer una vez de tripas corazón para tragar una paella hecha con caracolillos entre otras cosas y aún regurgito sólo de recordarlo...
Me han recomendado OLAY, aunque he de confesar (como diría la Pantoja) que se me ha pasado la fiebre cosmética de golpe. Afortunadamente.