martes, enero 30, 2007

Este Goya es una joya


Ayer me tragué toda la ceremonia de los Goya porque fue ágil, inteligente y sobre todo, divertida como las que presentaba Rosa María Sardá, ella con algo más de ironía catalana y finura, eso sí. José Corbacho es gracioso, muy ocurrente, sabe improvisar, y es un gran imitador. A veces su humor puede caer en lo fácil, pero no en lo chabacano, y entre lo más memorable de la noche estuvo la tronchante parodia de Volver, y el diálogo que se traía con algunos de sus copresentadores, diálogos que en otras ceremonias resultaban engolados (con Imanol Arias), repetitivos (con Resines), histriónicos (con Concha Velasco) o simplemente balbuceantes (Antonia Sanjuán).

El reparto de premios, por otra parte, fue bastante equitativo ya que casi ninguna nominada importante se fue de vacío, si bien los premios grandes se los repartieron Volver y El Laberinto del Fauno por ese orden. Volver, entre los más destacados, se hizo con los Goyas a mejor película, mejor director (un ausente Almodóvar que consiguió ser mayor centro de atención con su “espantá” que con su otrora ruidosa presencia), mejor actriz principal (encantadora Penélope recibiendo el premio y posterior actitud natural) y secundaria (Carmen Maura, no hay adjetivos) y mejor música (Alberto Iglesias, magnífico aunque algo repetitivo en sus libretos almodovorianos cuando es capaz de más).

El Laberinto se hizo con el mejor guión para Guillermo del Toro y con el Goya a la mejor actriz revelación, entre otras. Todo lo bien que me cayó del Toro en su agradecido y espontáneo discurso de agradecimiento, muy humilde y cercano, me lo estropeó Ivana Vaquero, la actriz revelación, que yo creo que se creyó la nueva Penélope Cruz al subir al escenario. El de mejor actor fue para un descontrolado – o emocionado, dirán otros- Juan Diego, para sorpresa de muchos, ya que Sergi López partía como favorito y merecía el galardón tanto como el ganador. Pero dejadme que vuelva al tema Ivana: ¿Ivana es el femenino de Iván? ¿Cómo se puede estropear un nombre tan bonito con sólo añadir una letra? Si fuera Ivanka, pues vale, le da toque soviético, pero así a pelo, Ivana me recuerda a Raimunda, la verdad.

Entre los presentadores de los premios, yo destacaría a Daniel Guzmán por ponerse esos taconazos y resultar simpático sin esfuerzo y a Isabel Coixet, que se dejó parodiar y luego estuvo simpática. En el lado negativo incluiría a un siempre inexpresivo Dani Martín y a Najwa Nimri, con una de sus poses de musa absurda y palabra ausente. Bordes, bordes, bordes. En cuanto a las injusticias, yo diría que Verónica Echegui se merecía el Goya a la mejor actriz revelación, por garra, por ductilidad y porque promete, pero consolémosnos, ya que a Penélope tampoco se lo dieron por Jamón, Jamón en 1992 (fue para Ariadna Gil por Belle Époque) y mira dónde ha llegado.

Y para terminar con todo este tinglado yo me hago dos preguntas, aquí, en la poco glamourosa soledad de la madrugada, después de envidiar mucho a todos los entregantes, entregados y demás parafernalia premiadora:

1) ¿Aquí una gala con muchos discursos de lagrimilla, con planificación a la americana en plan grandilocuente y con menos chistes no es posible? Reconozco que me ha gustado, pero no acabo de compartir esa idiosincrasia española que rechaza el bombo y platillo, el ruido, a ver si nos entendemos. Esto eran los Goya, y no Homo-Zapping. No entiendo por qué todo hay que teñirlo de humor constante. A fin de cuentas, creo que prefería a Rosa María Sardá.

2) ¿No resulta curioso que ahora la prensa ya no dilapide a Penélope Cruz y de repente la encumbre como una gran actriz? Recuerdo perfectamente que no hace más de un año era una arribista sin talento, vieja y fracasada, según ellos… Y ahora, ni “remotamente” ¿Dónde le dan el título a muchos? ¿En la Churrería Valor, en el anexo a la portería de su casa, en los excusados de una discoteca fashion? Criticar por criticar, que dice Olvido.

Y ya para terminar, ahora en serio, no se puede estudiar idiomas porque provocan confusiones ortográficas inaceptables. Iba a escribir arribista con “v” por culpa del francés y del inglés.
Penélope, cari, me encantas, pero necesitas pulir tu acento anglosajón, ¿te envío mi CV????? ¿¿¿¿Porfaaaa?????

lunes, enero 29, 2007

Life in cartoon (motion) is fantastic

Qué descaro el mío. A la segunda escucha de un disco ya me dedico a recomendarlo, como si me hubiera acompañado en los últimos dos meses. Pues no, el disco de Mika lo acabo de escuchar, como quien dice. Y además, llego un poco tarde, porque sé que más de uno de la esfera bloguera ya lo ha recomendado o, al menos, criticado. Pero no puedo evitarlo, porque me encanta.

Su voz recuerda en unas ocasiones a la de Freddy Mercury y en otras a la de Elton John, aunque es inevitable comparar su forma de interpretar con la de Jack Shears. Su estilo se caracteriza por el uso y abuso del falsete, las melodías pop de efecto inmediato y los acompañamientos de piano. En resumen, no suena a nuevo, pero obtiene muy buenos resultados con sus reinterpretaciones del sonido Fiebre del Sábado Noche.

Una buena muestra del contenido del disco se puede escuchar en su página de myspace. Y lo que digo es un completa obviedad, porque acaban de incluir un sampler del disco completo, que se suma a dos de los singles indudables: 'Relax, Take it easy' y 'Grace Kelly'. Y pensar que me parecía una frikada dedicar un canción a la desaparecida princesa de Mónaco... (¿será su particular 'Candle in the wind'?).

jueves, enero 25, 2007

Caras


Caras, caras, caras,
nombres que se desgastan
de memoria maltratada.
Por el margen de tu luto
dibujado en recovecos
de desgaste y sin templanza.
Miro a los lados
sin distinguir los rostros
Alzo los ojos,
me esfuerzo en recordar
tu semblanza.
Caras, caras, caras
que me miran,
que me atrapan,
bocas abiertas de noche
que de día me acobardan.
Cuerpos inertes de barro
recorren calles y plazas
y encima de todos ellos
Caras, caras, caras, caras.

martes, enero 23, 2007

Me gusta. No me gusta

Hoy seré casi telegráfico. Pensaréis que lo soy casi siempre, porque es cierto que no suelo andar muy sobrado de inspiración. Pero hoy, lo seré radicalmente. Este post no tendrá más de tres párrafos, así que no os robaré mucho tiempo.

Me gusta el nuevo disco de Bloc Party, 'A weekend in the city'. Por lo que he leído por ahí, lo están poniendo bastante mal. Entiendo alguna de las críticas, y reconozco que sus nuevas canciones no tienen la fuerza de las de su album de debut. Aunque debe ser difícil mejorar un disco con temazos como 'Like eating gas', 'Helicopter', 'Banquet' y 'Pioneers'. Y escuchando el single 'Two more years' no cabía adivinar ese cambio en su sonido, esa pérdida de contundencia. El primer single,'The prayer', es una buena carta de presentación, que deja claro que los británicos han seguido por otros derroteros y, sin embargo, todavía enganchan. Quizás les ha salido un disco flojillo en conjunto, pero siguen regalándonos buenas canciones: 'Hunting for witches', 'Waiting for the 7.18', incluso el denostado single americano, 'I still remember'. Todavía no les ha llegado el momento de ser quemados en la hoguera.

No me gusta el Elástico. Aunque, más bien, no me gusta tanto como esperaba. El sábado fui por primera vez, y salí decepcionado. Quizás porque había leído recomendaciones de unos y de otros, y había puesto el listón muy alto. Esperaba encontrarme con mi nuevo lugar de obligada peregrinación sabatina. Pero me faltó espacio, y no encontré ese segundo ambiente del que me habían hablado. La música también me decepcionó, porque esperaba que pinchasen una tras otra mis canciones favoritas del momento, y tan sólo me llevé la alegría de escuchar el 'Gravity’s Rainbow' de Klaxons, por primera vez en un lugar que no fuera mi iPod. Debo reconocer, en cualquier caso, que mi percepción estaba un tanto distorsionada por ciertos excesos alcohólicos. Por eso, y porque confío en el buen criterio de amigos y blogueros, se merece una segunda oportunidad.

lunes, enero 22, 2007

BOBBY


Precedida de bastante expectación por ser la primera película como director del actor Emilio Estévez, hijo del ilustre Martin Sheen, y rodeada por cierto halo de riesgo y valentía, debido a que el hombre empeñó su mansión y pidió incluso un crédito para terminarla (cosa que yo jamás haría, de paso os lo digo, que la fe mueve montañas pero luego las montañas se te vienen encima), Bobby ha aterrizado en nuestras carteleras esta semana.

Por un lado, no la catalogaría como película de culto ya que le falta morbo, frikismo y poderío para serlo en un futuro. No ha sido un fracaso comercial, algo que le daría muchos puntos para ser valorada en el futuro, ni tampoco un éxito claro, lo cual no le otorga un rol comercial demasiado estimulante. Si dejamos a un lado las consideraciones meramente contextuales y nos centramos en la película, resulta que nuestra sensación es un reflejo de lo anterior: neutra, sosa, telefílmica, pasa-ratos. Adolece de una definición concreta (biopic? / película coral? / episodio de Sensación de Vivir refrito con Vacaciones en el Mar regurgitado?) y eso arrastra la película a la frialdad demasiado a menudo, aunque tiene algún momento bueno.

Usando el asesinato de Bobby Kennedy en 1968 en el hotel Ambassador como pretexto, Emilio Estévez retrata en clave algo pedante el estado de la situación de la sociedad americana en aquel momento, utilizando a una serie de personajes como símbolos de ciertas tendencias: la esperanza de un cambio social, las tensiones racistas, el consumismo como escudo, la rebeldía ante lo establecido, la curiosidad ante las drogas o las infidelidades en los matrimonios. Quizá quiera transmitir el cineasta que aquel momento fue clave en el desarrollo de los Estados Unidos, o que Bobby Kennedy y su terrible asesinato sirvió para anular la confianza de un pueblo en un futuro mejor, puesto que Kennedy – heredero de JFK – representaba esa esperanza.

A mí me parece totalmente infructuoso. La conexión entre las reflexiones de Bobby y las aventuras de estos personajes no va más allá de lo geográfico, y como tal anecdótico, puesto que todos se alojan en el hotel cuando tiene lugar la tragedia. Sorprendentemente, a Bobby Kennedy sólo nos lo dejan conocer como político y jamás en su vida personal, lo cual no deja de resultar algo frustrante cuando su nombre encabeza el proyecto prometiendo un biopic.

Emilio Estévez quiere subirse al carro de las películas corales con mensaje, pero se queda en una mera representación casual de unos personajes un poco esquemáticos y bastante deslabazados, ya que la cohesión entre las diferentes historias es nula o endeble.

Algo de positivo siempre podemos apuntar; en este caso yo destacaría por encima de todo la curiosidad histórica que supone contemplar discursos reales de este “all-American man” insertados en la ficción por lo clarificadores que resultan, puesto que acercan el personaje a los espectadores actuales por lo general poco familiarizados con su figura allende los USA. Por otro lado, las interpretaciones de Demi Moore como diva alcoholizada venida a menos y la de Lindsay Lohan como joven confusa pero dogmática y luego segura aunque desesperada (una interpretación tierna y creíble) son destacables. Para mí, sin embargo, Sharon Stone (a pesar de los elogios) está rígida y pobre de matices, William H. Macy monogestual, y a Lawrence Fishburne no hay quien lo aguante. Su historia (el chef perdonavidas) me pareció especialmente sonrojante. Otros como Anthony Hopkins o el propio Martin Sheen no despiertan especial interés, y esto es preocupante.

En definitiva, película sólo mediamente entretenida, con planificación telefílmica, interés relativo y curiosa por momentos, con alguna parte interesante y otras prescindibles. Ni chicha, ni limoná, en parte por exceso de ambición. Le daría un 6, supongo, pero sólo porque mientras la veía sorbí una Coca Cola gigante, que me encanta y me da un poco de subidón.

viernes, enero 19, 2007

RápeMe


Yo era superfeliz porque había encontrado a la peluquera ideal. Atendía en un establecimiento caro mal llamado unisex, una de esas peluquerías de señoras del centro que por arañar unas pelas más dejaban entrar a algún despistado como yo aun a riesgo de perder su clientela de toda la vida, que se mostraba contrariada por ver allí a un chico. No molaba tener que frenar el cotorreo en seco, con el gusto que daba tirar de revista y hacer analogías con la vida de vecinas, ex-amigas o pendones del lugar mientras te depilaban la ceja o te mecheaban bien rubia. La peluquería no era lo mismo, y yo era consciente de todo aquello, pero entre mejorar mi look y conservar el malévolo pero sano cotilleo de las señoras, yo antepongo mi look.

He de admitir que tengo un pelo difícil, rebelde, y que algunos y algunas profesionales me hacían unos cortes que no me favorecían nada. Me recorrí bastantes sitios – barberías cutres, luego peluquerías de hombres, cuando me desesperé, de señoras, y por último las falsas unisex – pero rara vez me gustaba cómo me dejaban, claro que era un joven con acné, y eso un corte de pelo no lo arregla.

En total, que cuando me atendió aquella chica rubia y sonriente, todo cambió para mí. Desde el primer momento me deslumbró su belleza, y además me hizo sentir mimado, mirándome con unos ojos verdes inmensos, y arrimándose a mí en algunos momentos de un modo entre sensual y juguetón. Lo más curioso es que una vez terminaba siempre me dejaba radiante, y yo mientras ella cortaba y recortaba, notaba como si me transmitiera electricidad por las tijeras. Alguna vez me fijé en su escote, y ella, que lo sabía, sonreía y me acariciaba la nuca. A los tres años, se casó con un chico que, un poco anticuado, la “sacó” de trabajar. Todos tenemos prioridades, claro está, y entre mi look y tener una familia, ella escogió lo segundo. No se lo reprocho.

Pasé largo tiempo en el dique seco, como quien dice. Me quedé como vaca sin cencerro, volviendo a caer en el interminable buscar, pero ahora peor, claro, porque ya estaba de vuelta y apenas si albergaba alguna esperanza de volver a tener un look y no solamente una apariencia, que apariencia la tenemos todos, un look no. Probé de todo: el peluquero de toda la vida que aún usa talco, el peluquero fashion supermari, las adolescentes con piercing, las peluqueras de barrio tipo Belén Esteban, un cortapelos eléctrico que más parece un “dildo” que otra cosa… Nada, nada de nada.

Afortunadamente, tengo amigos que también se cortan el pelo de vez en cuando, y uno de ellos me recomendó una peluquería bastante cutre y desangelada que había cerca de mi casa. Sin mucha confianza, me plantifiqué allí pensando “de perdidos, al río”. Si me contagian los piojos – era muuuuy cutre – me tendré que rapar al cero y así evitaré este problema. Qué equivocado estaba, por queé me fijaré tanto en las apariencias. Bueno, y en los refranes. Ése de “segundas partes nunca fueron buenas” hay que ir archivándolo. Algunas segundas partes sí lo son.

Justo al entrar, volví a sentirme deslumbrado de nuevo. Un chico joven moreno, rollo alternativo, pelo largo, voz rascada de fumador, y ¡maneras masculinas! que cortaba el pelo como los ángeles. Captó lo que mejor me quedaba al momento, y también entendió que a mí, cuando proceden a cortar, me gusta el silencio. De hecho, si me tocan la cabeza entro en una especie de letargo placentero y empiezo a tener ocurrencias de lo más estrafalario. Me fijé en él, en sus movimientos seguros y en la fisicidad de nuestra cercanía. He llegado a pensar, mientras él movía mi cabeza y comprobaba si las patillas estaban igualadas, que parecíamos un anuncio de Dolce & Gabbana ante el espejo, y justo entonces, se arrimó a mí como solía hacer mi peluquera anterior. Está claro que a mí se me conquista por la cabeza, no por el estómago.

Y lo admito, me gusta D&G.
Música: Let's get physical (Olivia Newton-John)

martes, enero 16, 2007

i-Pod-erío / Stylophonic

Permitidme la osadía, pero es que hay poderío. Veréis, veréis.

Hasta ahora no he recomendado música ni me he detenido a comentar nada sobre el tema, principalmente porque trapalleiro es todo un experto, está a la última, y yo suelo enterarme tarde de lo que está en boga. Hoy voy a hacer una excepción porque he descubierto música nueva que sintoniza con sus gustos y probablemente con los de los que nos leen.

De antemano pido disculpas por si lo que recomiendo no es lo más reciente y ya lleva en vuestro i-pod más de 3 meses. Ya he reconocido que no estoy en vanguardia por falta de tiempo, porque no tengo ADSL (y eso ya sabéis qué consecuencias conlleva) y porque trapalleiro siempre me pone al día. Trapa, tú sabes que no hay peloteo.

No sé si a vosotros os ocurre, pero yo a veces no sintonizo con el grupo de moda hasta que escucho su música un tiempo y se asienta en mi cabeza y la voy asimilando. Es lo que se llama ser de efectos retardados. Descubrí a Björk en su momento pero no la aprecié en su justa medida hasta que pasó un año (soy lo peor), y con Vive la Fête tardé unas semanas, y con Miss Kittin o Le Tigre también, pero todos son ahora parte de mi olimpo musical forever.

Después de ver la publicidad de Dolce & Gabbana Time de estas navidades, donde veíamos a unos, se supone, go-go’s, modelos y demás gente de mal vivir espatarrándose por la pista de baile y la zona VIP de la disco más in del momento, en poses entre sugerentes y lascivas, con poca ropa pero bien elegida, me fijé en su banda sonora. Era absolutamente contagiosa, medio electro, medio funky, medio techno. Mmmmmhhhh. Me puse a buscar como un poseso pero apenas encontré referencias, y hasta que no fui a casa de unos amigos que buscaron en internet y me pusieron dos canciones que bajaron por mi insistencia, no supe quiénes eran. Lo más curioso es que la otra canción conocida de ellos ya la había oído en un mi pub preferido, pero me la habían vendido como corte del anterior disco de Scissor Sisters que mira tú por dónde, nada que ver.

El grupo en cuestión se llama Stylophonic y el disco Beat Box Show. El single de D&G era Dancefloor y la otra canción Baby Beat Box (no confundir con el título del CD). Amazon ha llamado a mi puerta y me trajo el disco ayer, así que hoy me siento un poco más en la onda que ayer, queridos mortales. La cabeza visible de este grupo se llama Stefano Fontana, y su colegui responde al nombre de Dirty Kylie (¿no es genial?). En las canciones que más me gustan, en inglés of course, predominan las bases techno con toques rap y neofunky donde la chica se desmelena bastante y lo llena todo de attitude. En sus buenos momentos me recuerdan a los Eurythmics menos poperos, mezclados con una Kylie Minogue más seca y más seria. En los malos, cantadas por una voz masculina que intuyo pertenece al Stefano, al sonido Bristol más superado.

Destaco las siguientes canciones:
1) Dancefloor.
2) Baby Beat Box.
3) Play that music.
4) Daisyphonic.

Las demás, prescindibles, pero las buenas son un cañón. Dolce, Dolce, Dolce, como decía mi añorada Carrie Bradshaw. Que sepáis que esto ya me gusta desde hace un mes, pero como el CD andaba escaso en Amazon, he decidido no haceros partícipes hasta que lo tuve en mis manos por si os adelantabais a mi compra. Es lo que tiene ser un fetichista del CD. La foto que acompaña al post no corresponde a dicha campaña porque no existen imágenes sobre ella, aunque podría pertenecer. Sólo he encontrado el anuncio en youtube. Por cierto, la portada, entre horrenda y pavorosa.

domingo, enero 14, 2007

Esos jardines de palacio...


Sofia Coppola no es Francis Ford Coppola, lo cual no quiere decir que sea peor, sino simplemente distinta. Hay críticos que no perdonan nunca la etiqueta de “hija de”, pues de otro modo no entiendo la animadversión que despierta esta directora, plasmada en algunas de las críticas que ha recibido esta película.

Marie Antoinette se centra en una época histórica complicada, convulsa, y que desemboca en la revolución francesa, un momento histórico que podríamos considerar el germen de nuestra sociedad occidental actual. Los roles pseudofeudales que todavía pervivían en la sociedad europea recibieron entonces un serio varapalo a partir del cual no habría vuelta atrás. Por todo ello, este momento histórico adquiere peso específico de por sí, poseyendo una relevancia intrínseca que en principio habría que tratar con rigor y seriedad, como solían hacer las películas del milenio anterior y las aburridas lecciones de los libros de historia. Para regocijo de posmodernos, diletantes, gente divertida, irreverente y chic, este es un nuevo milenio y los planteamientos pueden evolucionar.

Nos encontramos aquí con la hiperestilización estética de la vida de María Antonieta, desde que se casa con Luis XVI, delfín de Francia, hasta su apresamiento por el pueblo. Descubrimos los entresijos de palacio, la frialdad con la que la futura reina es recibida, los rituales inacabables de la corte francesa, los diferentes rangos que ésta posee, los cotilleos de palacio, las amantes de los reyes y condes, el arte de la época, la comida y sobre todo las fiestas organizadas por esta reina. En otras palabras, sólo conocemos la parte fashion de la historia, que al fin y al cabo, alguien tiene que contar.

Indudablemente, como austriaca que era, Marie Antoinette despertaba desconfianza en un principio entre su pueblo, y tuvo que soportar a un marido con el que la pasión sexual era inexistente. Todo esto aparece reflejado con maestría y humor fino en la película. Con el transcurso del tiempo, M. A. se fue familiarizando con las rutinas palaciegas (de las cuales la favorita de Luis XV, Madame Dubarry sería la más difícil de tragar) y fue aceptando plenamente su papel de reina francesa, que le llegó demasiado pronto, con todo lo que de pompa y circunstancia conllevaba dicho título. (Ya se sabe que los franceses se pirran por una ceremonia).

Consiguió, según parece, ser una reina bastante popular, superando la reticencia inicial del rey por procrear, por ejemplo. Entre otras cosas, participó activamente en las artes, ejerció el mecenazgo, y se autoerigió en reina de las fiestas. El champán, los pasteles, los vestidos rococó y los zapatos se mezclan en una sinfonía de color desbordante, mezclada con conversaciones superficiales y ligoteos más o menos evidentes en bailes de máscaras semiclandestinos. Desde luego, la reina reinó a gusto, a pesar de la creciente preocupación de su madre por el halo de inconsciencia que adquiría su vida y de la creciente impopularidad que despertaba entre la plebe francesa debido a sus cada vez más descontrolados dispendios.

La última (y breve) parte del film nos muestra el reverso de toda esa luminosidad, pues Marie Antoinette debe enfrentarse a la enfermedad, a la pérdida de alguno de sus hijos, y sobre todo, a la caída en desgracia de la monarquía entre el pueblo francés, que reclamó finalmente su cabeza. Ella siempre se mantuvo firme, no obstante, y fuerte, aunque eso sólo se adivina en la película, porque Sofía no quiere ser tremendista, como buena pija que es.

Kirsten Dunst hace un trabajo sutil y delicado, y su gestualidad realmente transmite una firmeza de fondo que le viene muy bien al personaje. Compone una convincente reina "teen-queen" que se transforma en "queen-bee" absolutista, con momentos dramáticos intensos, paréntesis erótico-festivos sensuales y seguridad ejecutora continua. El resto de los actores también consiguen cautivarnos, desde una malvada Du Barry hasta un Luis XVI tímido pero entrañable. Nos los creemos siempre y en toda circunstancia.

Lo más destacable de toda la película para mí es el tono, entre contemporáneo y arcaico, jugando con los anacronismos premeditadamente (unas zapatillas azules de Zara en el medio de los zapatos dieciochescos), las paradojas (el hijo de los reyes hablando en francés sin doblar, “la petite abeille” dice), o las boutades (Marie citando a Rousseau como inspiración). Creo que esto es lo más destacado de la película porque sitúa al espectador en un entorno en cierto modo atemporal, sin ese peso que parecen tener las “películas de época”, que parece que siguen un canon estricto sobre modos de representación y códigos de lenguaje que aquí no se cumplen. Aquí sentimos que la peli está hecha hoy, la música – maravillosa- nos lo recuerda una y otra vez con fragmentos tecno, rock y house a veces, transmitiendo un sentimiento de teen comedy mezclado con drama histórico surrealista que es ciertamente único. La manera de filmar, a veces algo publicitaria o de video clip, confirma esta postura estética.

Resumiendo, me ha parecido una hermosa película, deliciosa en lo visual, etérea formalmente, algo femenina quizá (por esa preocupación constante por el detalle) y sobre todo valiente y original. La disfruté muchísimo, pero quizá sea algo muy personal. Entiendo que a algunos les pueda enervar (como me ocurrió a mí con Lost In Translation).

miércoles, enero 10, 2007

Más Allá del Valle de las Muñecas... (o sea, por Finisterre más o menos)


Ya sé que esto no es un blog de contenido excesivamente sesudo, y que la política en principio no debería de formar parte del mismo. Pues bien, voy a mandar todas esas ideas preconcebidas a la porra.

Normalmente este tema me trae bastante sin cuidado, y sólo noto que me hierve la sangre reivindicativa cuando ocurren cosas muy gordas, como lo del Prestige, que me pilló por el sur de España e hizo que me uniera a una cacerolada, cosa que tampoco te exige un gran sacrificio cuando estás haciendo la cena con 3 ollas. A todo esto, recomiendo que probéis eso de darle con la tapa a la cacerola porque quita mucho estrés y luego, cuando dejas de oir el clonc-clonc infernal provocado por ti mismo allí delante de tus propias narices, estás tan dulcemente aturdido como si te hubieras tomado tres copazos pero sin gastar nada.

A lo que iba, que como buen ejemplo de la generación X paso bastante de esos rollos. Hasta que de repente, ves semejante mamarrachada que no puedes sino pensar de nuevo en la cacerola, pero esta vez para tirársela a alguien. Y te das cuenta de que, al fin y al cabo, sigues siendo un producto de los reivindicativos años 70.

El otro día, en el periódico, los dirigentes de un partido político X (esto ya parece que se pone porno, pero no) sugirieron que las muñecas parlantes que se vendan en Galicia tendrán que hablar gallego. Así como suena. Porque tú lo vales. Por encima del cadáver de Mattel.

Pero desglosemos la información, a ver si así entendemos esto:

1) ¿Qué es exactamente una muñeca parlante? ¿Una réplica de la niña del exorcista? ¿Anne Igartiburu? ¿Marujita Díaz? ¿Importa lo que digan? Porque ya me dirás qué va a decir una muñeca parlante...

2) ¿Para qué sirve una muñeca parlante? ¿Es profe de gallego? ¿O quizá imparte literatura española? ¿También hace de baby-sitter? ¿Hace preguntas chungas del tipo “por qué”?

3) ¿Las muñecas parlantes las hacen en China? ¿Habrá que enseñar primero gallego a los chinos o acaso Zara o en su defecto Pescanova va a abrir una tienda especializada en la venta de muñecas parlantes que hablen gallego? ¿Cómo se va a llamar esa tienda? ¿Muñeskha? ¿Muñ and Bear? Suena fatal…

4) ¿Sólo se van a vender muñecas parlantes que hablen en gallego? ¿Habrá que hacer objeción de conciencia para que te den la muñeca que hable castellano o español o como se llame esa lengua tan poco fashion? ¿O habrá que ir a Castilla-León a por ella? ¿O las de Castilla-León hablarán Leonés? ¿Habrá que ir a Venezuela a comprarlas? ¿Habrá mercado negro? ¿Me haré rico traficando con muñecas que hablen español resién llhegadas de Panamá?

5) ¿Qué pasa si la muñeca parlante se queda muda? ¿Y si se va de casa? ¿¿¿Y si (horror) emigra, como buena gallega quinientoseurista, y no la entiende ni dios???

Todas estas observaciones probablemente no procedan, porque el sesudo estudio previo realizado por el partido político en cuestión ya las habrá contemplado, concluyendo que tal propuesta es una gran prioridad para el ciudadano medio, un tema de alcance al que los mejores cerebros del gobierno han de dedicarse en cuerpo y alma, y, en definitiva, un asunto de gabinete de gobierno.

De todos modos, desde aquí, ya vamos sugiriendo ideas complementarias para este plan de galleguización de la muñeca de hoy en día. Proponemos:

1) La Barbie Mariscadora, muy grunge, y un poco radical. Tonos de maquillaje negros y zapatos vintage, a poder ser, zuecos.

2) La Nancy Muiñeira, con sus tonos-politonos de “Hey, carballeira”.

3) La Bratz Star-Poeta, que sirve para todo: llorar, dar discursos, presentar programas en la tele autonómica…

4) La Barbie Repollo, con su línea de aparejos de labranza a la última.

5) La Barriguitas bipartitas, preparada para el bilingüismo en cualquier ocasión.

6) El Furby de Montealto, un poco revoltoso y equipado con todos sus accesorios de surfeiro dominguero.

7) La Pantoja de Caranza, que canta por peteneras pero en gallego, por descontado.

8) El Ken de Samil, un poco chulo de playa, ataviado con su bañador fardahuevos y pareo metrosexual. Pareja de la Barbie Mariscadora.


Desde aquí ofrecemos apoyo y marketing a esta propuesta que nos parece de tan vital importancia para el desarrollo correcto de la comunidad autónoma y sus ciudadanos. También nos parece superimportante el tema del cambio de la hora para equipararnos a Canarias, porque un reloj biológico es un reloj biológico, y si no que se lo digan a Ana Obregón, ¿no?

Desde aquí mi más sincera felicitación por esta talentosa aportación.

sábado, enero 06, 2007

Noche de reyes

La noche pasada, los reyes no fueron los padres (por mucho que digan Astrud) sino, definitivamente, los Pet Shop Boys. ¡Qué grandes son! Vaya recital que dieron ayer en el Palacio de los Deportes. Es una impresión totalmente subjetiva, pues era la primera vez que los veía en concierto, y no puedo comparar con anteriores actuaciones, aunque creo que no me equivoco. Realmente, la primera vez que los vi fue el el año pasado en la Granja de San Ildefonso, con su espectáculo del Acorazado Potemkin, que aun estando genial, poco tenía que ver con uno de sus conciertos.

Imagino que a estas alturas ya todo el mundo sabe de qué estoy hablando. Del motivo por el cual adelanté mi vuelta a Madrid, para asistir la noche de reyes al Ceed's Winter Festival. Ese festival fantasma, del que me enteré leyendo blogs (creo que el de Xabi) y del que, incluso con las entradas en la mano, me producía desconfianza. Porque un festival con un cartel tan rotundo, que no tuviera página web, ni se publicitara en otros medios, me hacía dudar. Se empezó a anunciar en televisión después de año nuevo y sí, tenía página web, a la que era necesario llegar a través de la web de KIA. En fin, que mi miedo, más que no hubiera festival, era que se descolgaran del cartel alguno de los dos grupos a los que iba a ver y, sobre todo, que se cayeran los PSB.

Los primeros artistas en aparecer fueron Pastora. No puedo decir mucho de ellos, pues tan sólo conocía una de sus canciones, la archiconocida 'Lola'. Sentía curiosidad por las proyecciones, de las que había leído que formaban parte esencial de su show, aunque no me parecieron nada reseñable. Lo que realmente mantuvo mi atención sobre el escenario, fue la hiperactiva cantante: se quitó los tacones para correr sin moverse, nos enseñó las bragas y el liguero, tuvo que mantener a raya sus tetas, que parecían querer salirse de su camiseta... En fin, que hicieron un show entretenido.

Las siguientes en aparecer fueron las Nancys Rubias. Mario y compañía saben llevar bien un tacón, y no necesitan quitárelos para dar saltos. Y nada más que decir, a pesar de que el público se enfervorizó cuando cantaron (en riguroso play-back) el 'Sálvame'. Lo bueno es que dieron paso a Fangoria. A los que tenía muchas ganas de ver, porque tenía la espinita clavada de no haber conseguido las invitaciones para el concierto en la sala Arena. Tengo la sensación de que hicieron un show muy parecido al que relató eurocero en su día, en el concierto que dieron en Santiago. Abrieron de nuevo el concierto con 'Fantasmas', y lo cerraron con un ya conocido doble bis, donde fusionan 'El cementerio de mis sueños' con el 'Rey del glam'. Tampoco faltó 'Descongélate', del disco Fan Fatal de Alaska y Dinarama, y nos ofrecerieron una sesión triple de bacalao, que anunciaron ellos mismos, donde incluyeron el 'Estés donde estés' de su último disco y los hits anteriores 'No sé qué me das' y 'Retorciendo palabras'. Imposible quedarse sentado, a pesar de que habíamos reservado asiento.

Y lo que vino a continuación lo mejor sin duda. Un concierto de más de una hora, cuando sólo esperaba 45 minutos. Los PSB hicieron una revisión bastante completa de sus hits, donde no faltaron los conocidísimos ‘West End Girls’, ‘Domino Dancing’ o 'Always on my mind'. Y me quedé sin voz cantando cada una de las canciones (o al menos el estribillo, que mi inglés no es tan bueno), de las que sólo desconocía el 'Shopping'. De su último disco trajeron lo mejor, cuatro canciones entre las que no incluyeron el 'I'm with stupid', aunque sí mi favorita del disco: 'The Sodom and Gomorrah show'. Y para finalizar, cual orgasmo final, otro doble bis con 'It's a sin' y 'Go West'. La puesta en escena me pareció fantástica, compuesta de bailarines con indumentarias diferentes para cada canción, voces de apoyo y un flexible decorado construido con cajas translúcidas y neones. No faltó movimiento en el escenario en ningún momento, salvo cuando se quedó solo Cris cantando el 'Paninaro'. Y nos demostraron lo inmersos que están en la cultura gay, haciéndose acompañar de vaqueros vestidos con lamé dorado, como si de Madonna se trataran.

Debo haberme portado bien el año pasado, porque la noche de reyes me llevé un buen regalo a casa.

jueves, enero 04, 2007

Sen título

Hace ya un tiempo que no escribo. Menos mal que en mi ausencia, mi compañero Poderío ha mantenido vivo este blog con su torrente de ideas (y de palabras). A él le preocupa que esté usurpando mi lugar, pero yo creo, sin embargo, que es mi nombre (nick o whatever) el que ya no se merece encabezar este proyecto que tenemos en común. Esto requiere una pensada y, sobre todo, una conexión a Internet decente, de la que carezco desde mediados de noviembre. Primero porque mi proveedor de ADSL me dejó sin línea durante un mes para, al parecer, hacer mejoras en el servicio que me presta. Y ahora, porque en casa de mi madre, con modem analógico y sin tarifa plana, me conecto exclusivamente para atenuar el mono. Porque sí, lo reconozco, soy adicto a la red.

En fin, que aunque me haya puesto a escribir, escribo sin un motivo ni tema que desarrollar, simplemente por el placer, y en parte por la obligación, de escribir. Aunque no me gustaría ensombrecer el estupendo post de Poderío. Así que espero que quien lea esto se tome un par de minutos más para leer su crónica sobre Babel. Que leyéndolo a él, casi me estará leyendo a mí, porque sus opiniones suelen ser muy parecidas a las mías. O al menos, puedo adelantarme a ellas, como si fuéramos una pareja de las de toda la vida, que ha ido infinidad de veces al cine juntos los domingos. En muchos otros casos tenemos un gusto parecido, mientras que en otros no tiene nada que ver… (como me decía un amigo común, "tu y yo nunca nos pelearemos por el mismo hombre").

En fin, se acaban las vacaciones de Navidad. Casi dos semanas que me he pasado en mi pueblo, en un estado de felicidad estúpida, disfrutando de las rutinas y de esas pequeñas cosas que siempre han estado ahí, pero que nunca había valorado: los paseos en bicicleta por el puerto, las conversaciones con mi madre y mi abuela, las cenas con primos y tíos, etc. Será que he madurado, o peor, que me estoy haciendo viejo. Hace poco superé la barrera de los 30, y eso debe notarse. Ahora, siento morriña. Y me siento gallego, arraigado a mi origen. Y disfruto de aquellas cosas que me hacen sentir que comparto identidad con el resto de los gallegos, como hablar una misma lengua. Como anécdota, no me perdí ni los culebrones ni los realities de producción propia de la teuvegá, toda vez que rodaban los exteriores en mi pueblo, o a pocos kilómetros de él.

Pues ya toca volver a Madrid, a esa nueva vida que busqué en su día, aunque con nostalgia de la pasada. Pero por lo menos empezaré con buen pié, porque mañana iré al ceed's Winter Festival. Así que imagino que la próxima vez que escriba hablaré del festival o del próximo cine que haré, para el que Maria Antonieta tiene muchos puntos. Por cierto, gracias una vez más a ledo75, al que le hurté la foto. No creo que le moleste el robo, porque sólo tiene que descorrer las cortinas para hacer otra.

martes, enero 02, 2007

unBABELievable!!!


Resulta difícil responder racionalmente ante una película que te provoca una emoción tan intensa como ésta. De algún modo, y a pesar de su algo excesiva duración, la ficción fluye de tal manera que no da tregua en ningún momento. Sólo tras un rato largo, un café y un paseo después de salir de la sala puedes empezar a pensar con claridad en todo lo que has visto, pues hasta entonces casi parece que lo has vivido.

En líneas generales, y quizá por su proximidad en el tiempo, Babel me ha parecido una versión mundializada y matizada de Crash, tanto por su temática (tensiones raciales, dramas atropellados, seres humanos capaces de lo mejor y lo peor) como por su planteamiento, puesto que ambas son películas corales con historias paralelas enlazadas unas con otras por la casualidad.

Ambas plantean los miedos irracionales que sentimos hacia personas de otras etnias, colores, orígenes o circunstancias, y lo infundado y envenenado que ese miedo basado en el desconocimiento mutuo puede ser. Demuestra la película que los miedos son irracionales porque cuando esos mundos ajenos se dan a conocer entre sí, generalmente se superan los prejuicios. Sirvan como ejemplo los niños americanos en la boda mejicana disfrutando como el que más a pesar de la desconfianza previa, la turista americana con fobia a la pobreza aceptando una pipa de una saharahui que la recibe en casa para curar heridas mortales o la japonesa sordomuda aceptada momentáneamente por un grupo de chicos oyentes. Sin embargo, tras este paréntesis de alivio, aflorará de nuevo el rechazo mutuo, la incomprensión, la imposibilidad de diálogo. Lenguas diferentes, culturas distantes, incomunicación y violencia.

En Crash podíamos extrapolar las situaciones de violencia y choque de culturas planteadas en Los Ángeles a todo el mundo, Los Ángeles en este caso funcionando como metáfora del mundo globalizado. Babel, sin embargo, profundiza en esas fricciones planteando la acción en varios países de ese mundo tan falsamente globalizado. Iñarritu maneja con maestría esta mezcla transformándola en un cuento transfronterizo, filmando con extrema elegancia y dotando del mismo nivel de credibilidad a las jóvenes japonesas enmarcadas en su atuendo sexy y entorno extremadamente urbano como a los mejicanos apegados a sus fiestas cargadas de alcohol, animales y cierto salvajismo de los sentidos en barriadas precarias o a los turistas norteamericanos pudientes en un autobús huidizo y trágico.
Acompaña a casi todas las imágenes una música que no hace sino aportarles mayor densidad, acentuar su significado, hasta conseguir emocionarnos en algunos momentos. Especialmente sobrecogedora me pareció la escena de la chica japonesa en la discoteca, donde imagen, sonido, silencio e interpretación se articulan a la perfección para transmitir esa tan brusca y difícil transición que a veces se da entre el éxtasis y la desesperación.

La inspirada y auténtica visión de González Iñáturri me ha recordado más a Amores Perros (salvajemente certera) que a 21 Gramos (demasiado afectada, algo manierista) presentando a una serie de personajes tremendamente creíbles, cercanos, enfrentándose a situaciones límite en entornos muy hostiles. Estos personajes se ven arrastrados casi sin querer en una espiral de tensión creciente, casi tangible, de la que resulta imposible salir ileso, ya sea física o emocionalmente. A esa construcción esmerada se suman unas interpretaciones muy destacables, especialmente por parte del elenco de intérpretes menos conocidos.

Tanto el comienzo como el final sirven como imágenes-resumen de todo lo planteado . Al principio vemos a unos niños en el desierto hablando una lengua extraña que no entendemos, y al final, una torre de apartamentos en Japón circunscrita en una ciudad llena a su vez de apartamentos. Si al principio nos sentimos extraños por no entender la lengua que se habla, al final nos sentimos incómodos por la identificación que podemos sentir con ese apartamento. Todos somos esa torre, todos somos una lengua extraña para alguien, todos formamos Babel.

Os recomiendo que la veáis.