domingo, mayo 13, 2007

De VOLTA de todo

Me quita el sueño. De nuevo, ha vuelto a hacerlo, seduciéndome con su mezcla irrepetible de bases rítmicas algo desacompasadas y su voz aniñada pero arrebatada. De nuevo, inusual. Otra vez, viva. Naturaleza en movimiento.

Maravillosa rendición de Innocence, de Volta, más seria que Earth Intruders.

lunes, mayo 07, 2007

Que j'aime ta couleur, CAFÉ


Es increíble la gran variedad que existe en las pequeñas cosas. Me fascina especialmente la gran cantidad de matices que a veces parecen rodear a un hecho casi gris de cotidiano. El café. Esas cartas donde se incluyen treinta cafés de origen distinto, con sugerentes nombres y exóticos o cercanos orígenes contribuyen a maquillar la pastosa realidad de las mañanas laborables.


Desde el café mezclado torrefacto hasta el arábica, robusta, libérica, el café semidescafeinado, el Capuccino, y otros como el café bombón, el Irlandés, solo, expreso, cortado, americano, vienés, con hielo, clarito, manchado, batido, con horchata...todos acechan la linealidad de los lunes. En la variedad está el gusto, no cabe duda. Si existe la poesía realista, estas cartas de café son parte de ella.


Además, nos sirve como disculpa para enamorarnos, o reconciliarnos (nos tomamos un café?) y su olor y color sugieren exotismo, historia, calidez, intensidad y excitación. Mmmhhh... YA LO DECÍA SERGE GAINBOURGH, enamorado de alguien con color café.En este link lo podéis apreciar. La mejor canción de este cantautor (el nombre se le queda pequeño) que me retrotrae a la grandeur de una Francia más cosmopolita y menos atemorizada que la actual. VIVE LE CAFÉ!

lunes, abril 09, 2007

¡¡¡Björk vuelve y en plena forma!!!

El single se llama Earth Intruders y el CD completo Volta, muy apropiado para referirse a su regreso a lo que parece la Björk más techno, más liviana, más cañera. Sorprende tanto color en la portada. Han colaborado en el album Timbaland y Missy Elliot, según parece, en lo que supondría un nuevo salto hacia delante de la islandesa. ¡No puedo esperar para hacerme con él! ¿Será tan bueno como Homogenic?



Os dejo aquí el link para la canción que se puede escuchar en youtube. No sé qué ocurre que no me deja postear el vídeo, y como "trapalleiro" está de vacaciones, no se puede arreglar. Una trapallada. Falta un mes para que se edita el disco, pero el single nos hará más dulce la espera. Björk forever.

A todo esto, y en espera del vídeoclip, me parece destacable que haya titulado el single "Earth intruders, space invaders" y se haya vestido de esa guisa. Supongo que está admitiendo que después de todo, tiene algo de extraterrestre, ¿no? Además, después de tanto viaje interior (Vespertine, Medulla, Drawing Restraint) ya era hora de que hiciera un viaje espacial, aunque más bien parece venir de alguna tribu colorista de los confines del pasado. En cualquier caso, es única.

martes, abril 03, 2007

300



Me ha parecido curioso el origen de la película 300, retorcido a más no poder. En primer lugar, se basa en un acontecimiento histórico de dimensiones legendarias, la batalla de las Termópilas, ya de por sí exagerado. Posteriormente, un cineasta llamado Rudolph Maté plasmó su visión de este acontecimiento histórico en El León de Esparta, que fue la fuente principal de la que bebió Frank Miller para desarrollar su cómic Los 300. A partir de ese cómic se ha confeccionado esta película.

La trama nos sitúa en la antigua Grecia, en un momento en que las ciudades estado deben organizarse para responder ante el empuje incontenible del Imperio Persa. La descoordinación entre las ciudades provoca que el rey de Esparta, Leónidas, se autoerija en salvador de la idea de democracia griega y dirija a sus 300 hombres más poderosos a detener a los persas, que se contaban por miles.

Desde el primer momento observamos cómo se mezclan la realidad y la fantasía en esta historia, con un despliegue visual rico aunque estrafalario, para trazar una visión eminentemente violenta, desnaturalizada y extrañamente actual de la batalla. Partiendo de la infancia de Leónidas, común a la de cualquier niño de Esparta, se nos desvelan datos sobrecogedores sobre la forma de gobierno de aquella polis. Enseguida entendemos que Esparta funciona como la centinela de Grecia y se enorgullece por ello. Su rey, Leónidas, no sigue las reglas del juego y responde a cualquier provocación con la independencia de un hombre libre y el fanatismo de un iluminado, equilibrio difícil de mantener.

La guerra en sí no tarda en desencadenarse, no sin antes mostrarnos a Leónidas como a un héroe (capaz de amar, de ganar, de derrotar a las supersticiones) que defiende su libertad y la de su pueblo. La batalla, exageradamente intensa, sangrienta, casi mítica, quizá se prolongue algo más de lo debido. De todos modos, esta película consigue relatar un hecho histórico importante sin aburrir al personal, lo cual tiene su puntillo didáctico.

Aún así, hay detalles en el desarrollo de la ficción que me parecen menos defendibles. Por un lado, el maniqueísmo campa a sus anchas durante todo el metraje, y en ningún momento se profundiza en los ideales de los persas, que no son sino enemigos con careta o demasiada barba, por supuesto mucho menos musculosos y atractivos que los espartanos. ¿Tendrá que venir Clint Eastwood a hacer su versión de la batalla desde el otro lado?

En este sentido, la representación de Xerxes, el rey persa, roza la ridiculización, pues es un gigante calvo enjoyado hasta las cejas, con piercings, las uñas largas pintadas y voz de drag-queen. Para mas inri, solicita que Leónidas le muestre sumisión y se arrodille… Por descontado, Leónidas no se someterá a sus órdenes, y se impondrá con sus heterodecentes ideales a los desviados persas.

Al mismo tiempo, las escenas de sexo que se contemplan en la película sólo otorgan papeles de sumisas a las mujeres de los espartanos, y si luego nos paramos a pensar en por qué van 300 tíos musculados tan felices a la batalla final, no deja de resultar un poco sospechoso. ¿Son masoquistas disfrazados de héroes? ¿Son tan heterodecentes como parecen?

Lo mejor de todo es que esta lectura no pasa desapercibida para casi nadie. Tampoco se nos olvida la frase “la sangre es el precio de la democracia”. Muy, muy actual.

V de Vendetta es muy superior a esta película e infinitamente más sutil.

sábado, marzo 24, 2007

Cómo me poseyó la modernez


Me voy a poner nostálgico, que lo retro tiene su punto. Esto va a ser como un capítulo de Hormigas Blancas.
Me acordaré toda mi vida de cómo dejó de gustarme la música infantil –engendros patrios tipo Parchís o los Cocoguagua – y empezó a gustarme el tecno-pop ochenteno más cañí. Fue de la forma más inesperada, una noche en casa de mis abuelos. Ya dormido, hacia las 11 de la noche me despertó el sonido del televisor que ellos habían encendido en el salón. A lo lejos, podía percibir unas notas originales, un poco infantiles a lo mejor, y tan pegadizas que habían conseguido despertarme. En ese momento casi olía la música, me sabía a fiesta. Era el verano de 1983.

Era uno de esos momentos clave que se nos imponen y ante los que respondemos como autómatas preprogramados sin saber por qué: el impulso de nuestra psique va madurando poco a poco y en un determinado momento se precipita hacia algo nuevo. Eso noté yo entonces y me levanté de la cama sólo para ver aquello por la tele ante la mirada atónita de mis abuelos, un poco flipados por mi interés y también por los tupés de la Torroja.

Descubrí que iba a ser un pendón discotequero ya a la tierna edad de 9 años. No os dejaré con la duda, la canción era un himno, Barco a Venus, que me sigue encantando a día de hoy. Mecano me abrió las puertas de mi adolescencia y del fanatismo, me volví mecanógrafo perdido, y luego amplié horizontes en ferias de pueblos de la costa valenciana donde siempre pinchaban música bailonga. Vídeo (Víctimas del desamor, La Noche no es para Mí), el primer disco de Olé-Olé (esa Vicky Larraz panterona), Los Pegamoides y tantos otros calmaban mi precocidad, me hacían repetir estribillos fáciles y me transmitían una intensidad inédita. Era como si escuchara música por primera vez. Y es que todos tenemos un pasado.

Mi disco preferido de aquella época es Ya Viene el Sol de Mecano. No era el más exitoso ni el más pegadizo, pero sí arriesgado y diferente, un guiño a todos aquellos seguidores de Mecano que no éramos pijines veinteañeros, a todos los que estábamos en transición. Me gustó el exotismo industrial de Japón, la reflexión neowarholiana-consumista de Busco algo barato (a la que, con un lifting, Felix Da Housecat o Tiga harían de oro), el tono de himno protesta posmoderno de No pintamos nada o las pinceladas de autocrítica turística de Ya Viene el Sol. Sin saber explicar el motivo (y con canciones insoportables también como Me río de Janeiro o Hawai-Bombay) este disco algo deslabazado, pintoresco, diferente e irrepetible, me llegó al corazón sin un mapa.

Luego Mecano resurgió comercialmente aunque resultó menos arriesgado, Ana Torroja perdió frescura y poco a poco dejaron de interesarme. En cualquier caso, su legado sigue ahí y puede contemplarse en su caja de DVDs Mecanografía. También recomiendo youtube!!!

Y todo esto viene a que esta semana he mirado una cadena musical nueva y no veáis qué agobio con los precios. Veinte años después, yo sigo buscando la gran ganga. Es un estrés. Y a todo esto, ahora que se acerca el verano y viene a colación el título del disco... ¿los Mecano también predijeron el cambio climático?

jueves, marzo 22, 2007

Batas blancas everywhere


Nuestra sociedad de hoy en día debe estar enferma, de ahí el torrente de series de médicos que podemos disfrutar cualquier día de la semana. ¿No es un poco excesivo?

Aunque existieron intentos anteriores, quien abrió la veda de la ficción médica (medical drama) fue una producción americana llamada Hospital General, donde el hospital sólo servía de mera localización y los uniformes no eran sino una pretexto para derramar laca, moreno de solarium, infidelidades y lujo de cartón piedra por todas las esquinas. La serie continúa su andadura hoy en día, encuadrada en el "daytime" americano, aunque su momento de mayor esplendor fueron los 80.

Desde entonces se han estrenado muchas otras series de parecida temática. Urgencias, por ejemplo, fue una de las estrellas de los 90, con méritos como haber servido de vehículo para George Clooney o novedades como el acercamiento más realista a los quirófanos. Tenía momentos lacrimógenos pero no sobrepasaba ciertos límites, lo cual la convertía en producto masivo fácilmente consumible. Salvando las distancias, aquí tuvimos una muy exitosa versión patria (que envejece fatal) llamada Médico de Familia, con su tufillo sentimentaloide excesivo y su meridiana vocación sociológica de reflejo de las clases medias.

Y entonces llegó el nuevo milenio y con él de golpe todos nos hemos vuelto locos con las series éstas. Que si hoy pongo House, que si mañana grabo Anatomía de Grey, que si me compro Nip and Tuck, que si veo MIR sin decir nada, que si qué pasa con la nueva temporada de Hospital Central... Definitivamente, los enfoques han cambiado, puesto que ahora vemos a los pacientes sufrir, sudar, sangrar, vomitar o morirse. Además, los doctores cometen errores, dudan, reciben demandas, dicen palabrotas y se divorcian. Debe ser el signo de los tiempos que decía Prince, todos los tabúes se van superando y vamos adquiriendo una visión más auténtica (aunque también drástica) de lo que nos rodea.

Entre todas esas series, me quedo con House. Creo que tiene unos diálogos muy logrados, consiguiendo individualizar a los personajes y darles solidez, presentando sus puntos débiles y fuertes con realismo y buena mano. Es cierto que el esquema central de los capítulos es siempre parecido, pero después el desarrollo que se hace de los mismos suele enganchar. Anatomía de Grey no me atrae nada por ahora, MIR es como una especie de "Al Salir de Clase" histérica pero con futuro (creo yo) y de Nip / Tuck me han hablado maravillas. De todos modos, hay demasiado médico en la tele y pocos ejerciendo.

Los servicios de urgencias están colapsados en muchas ciudades, y es que con tanto "medical drama" en las ondas, la gente se vuelve más que aprensiva, hipocondríaca perdida, se desespera por sentir un poco de glamour hospitalario, y se planta en urgencias histérica. Luego, hay otros que están verdaderamente enfermos pero después de ver tanto caos en la tele deciden automedicarse. ¿A dónde vamos a parar?

Yo la verdad, estoy deseando que vuelvan a imponerse los culebrones de amor, lujo, adicciones e infidelidades inverosímiles. Ya está bien de tanta víscera. ¡Es una urgencia!


sábado, marzo 17, 2007

La Vida de los Otros / La Envidia de los Otros


El guión de La Vida de los Otros está trazado con precisión digital y con cuidada sensibilidad al mismo tiempo, resultando dicha combinación un fogonazo que consigue universalizar la anécdota contada.

La historia, situada en el cercano año 1984, nos relata el seguimiento que un alto cargo de la policía secreta alemana le hace a un escritor bastante afín al régimen. El oficial espiará al escritor y a su pareja (una actriz muy importante) obsesivamente, fiel al decálogo del régimen comunista en el que cree firmemente, hasta que poco a poco descubre la corrupción existente en el partido y a su pesar comprende el comportamiento del escritor, finalmente más subversivo de lo sospechado.

La película va ganando en intensidad con el discurrir de los minutos, ya que sin despegarse de lo plausible, adquiere cada vez una mayor intensidad dramática. Al tiempo que la recreación de ambientes es poderosa y la fidelidad histórica muy notable, el trazado de los personajes no deja fisuras. Habrán de enfrentarse a situaciones donde tendrán que hacer elecciones difíciles, donde ninguna alternativa resulta acertada plenamente. Situaciones límite, psicológicamente hablando.

Me resulta sorprendente que, tan próximos aún a la caída del muro, se haga una película como ésta, donde se superan maniqueísmos, se plasman con transparencia hechos históricos difíciles de aceptar, se reflexiona con hondura. Quizá Alemania esté preparada para recuperar la memoria histórica sin que nadie se escandalice.

En España se ha hablado a menudo de recuperar la memoria histórica referida a los hechos acaecidos antes, durante y después de la guerra civil. Me pregunto por qué esa recuperación a veces se considera tendenciosa, como también me pregunto por qué no existe una película española que trate de la guerra civil o de la transición con este nivel de respeto, de cercanía, de universalidad.

Ciertamente, El Laberinto del Fauno me pareció interesante, pero me parece que sólo afronta los hechos desde el realismo mágico. Y aquí la guerra no acabó ayer precisamente…

martes, marzo 13, 2007

Tecnofobia vertiginosa


He de admitir que siempre me ha costado adaptarme a los cambios. Odio cambiarme de ciudad por motivos laborales, detesto que mis actrices fetiche envejezcan y ya no puedan hacer los papeles de jovenzuela, me fastidia el cambio climático, no soporto las mudanzas y tampoco me gustan los cambios de hora de primavera y otoño.


En general, cuando estos cambios se refieren a la tecnología y a las maneras de vivir, tardo muchísimo en adaptarme y a menudo me da la sensación de que voy dos o tres escalones más atrás que la mayoría, y además que los subo a trompicones. De hecho, para entender el concepto "MP3" pasaron varios meses en los que simplemente prefería no entenderlo para aferrarme, en un claro exceso de dramatismo, a mi reproductor de CDs con auriculares. El tema de los nuevos tipos de DVD (Blu Ray y HD DVD) ya me pone del hígado directamente y soy consciente de que no compraré ninguno de ellos hasta que el mercado se decante por uno masivamente.

Estoy ahora mismo al borde de un ataque de nervios parecido al de la niña de la foto porque mañana van a instalarme el ADSL, porque tengo que comprarme un disco duro externo y porque luego quizá debería agenciarme un refrigerador de portátiles, un ratón externo nuevo, varias llaves de memoria, un router wifi, una pantalla LCD, y una cámara de fotos digital. Todo esto me lo ha aconsejado un gurú informático que tengo, pero yo, cabezota, me resisto. No en vano soy la cabra en el horóscopo chino.

Reconozco que vengo de letras puras, ejerzo como tal, me encanta el word y adoro mi portátil, pero muchas veces todo este rollo tecnológico sólo lo hago mío cuando por un pequeño guiño (Carrie escribiendo sus columnas en Sexo en Nueva York) me llega al corazón. Quizá si emigrase a Japón una temporada me cambiaría el chip - nunca mejor dicho - radicalmente, pero es que la mudanza me puede. Estoy entre eso o hacerme Amish en Dakota del Norte...

viernes, marzo 09, 2007

The Host.

No se estrenan muchas películas asiáticas por estos lares y cuando lo hacen, suelen acceder a las pantallas europeas gracias a su exhibición exitosa en distintos festivales de cine. Habitualmente, transmiten un ritmo diferente al que estamos acostumbrados y plantean ficciones más abiertas que las occidentales, o juegan con una extraña mezcla de realidad y fantasía asumidas siempre como verosímiles dentro del lenguaje de la propia ficción. A pesar de ciertos elementos chocantes, el cine asiático por lo general resulta fresco, un poco exótico, a veces muy interesante y en algún momento indescifrable.

Una de las tradicionales puertas de entrada para estas producciones fue la televisión, que solía emitir películas de monstruos en blanco y negro hace unos (bastantes) años. Aún recuerdo cómo me quedaba pegado a la pantalla viendo Godzilla y sus variantes cuando las emitían en La Bola de Cristal allá por los primeros ochenta. Luego vendrían las violentas películas de kung-fu de Hong Kong, y los Zhang Yimou, Ang Lee, Wong-Kar Wai, o más recientemente Kim Ki Duk y muchos otros que yo desconozco, ofreciendo un lenguaje diferente, una temática más libre y siempre, o casi siempre, sorprendiendo.

Esta semana se ha estrenado una nueva muestra de cine asiático, coreano en este caso, llamado The Host (el título coreano es Gwoemul) después de haber recibido alguna mención en festivales de cine fantástico como el de Sitges. Nos encontramos indiscutiblemente ante un híbrido entre las antiguas películas de monstruos asiáticas y la típica película americana del mismo tema. La ficción planteada recoge el enfrentamiento de una familia con el monstruo con el fin de recuperar a la chiquilla que el monstruo les ha robado en su primer ataque.

Especialmente conseguida está la larga secuencia de (cuasi)apertura del film, cuando el monstruo ataca en el lugar más inesperado de la forma más aterradora. Resulta muy realista por el correcto manejo del tempo y el uso inteligente de los elementos espaciales. Entre lo más destacable de la película yo mencionaría también la cotidianidad que destila todo lo relatado y el alto grado de credibilidad que nos transmite la interacción de los personajes con la bicha. Te la crees totalmente.

Desconciertan sin embargo los cambios de tono que hay en algunos instantes, con elementos cómicos o excesivamente dramáticos mal calibrados. ¿O será que tal vez mi sensibilidad occidental no capte otros lenguajes? No acabo de saber muy bien si es una cosa u otra, pero en cualquier caso, ciertos giros de la historia parecen caprichosos. Por otro lado, el desarrollo de los personajes resulta bastante completo aunque un poco cansino, distrayéndonos de lo esencial y rebajando la tensión más de lo debido en demasiados momentos. El drama familiar nos importa como anécdota, pero nos aburre como argumento principal si se incide en él más de lo debido.

Aparte de todo esto, la película plantea una crítica hacia las autoridades clara y constante por su rematada ineptitud a la hora de controlar la situación. Es comprensible esta crítica cuando nos enteramos de que la mutación que da origen a Gwoemul fue un vertido de cantidades industriales de sustancias químicas peligrosas que existió en realidad. Al parecer en el año 2000 en una base americana un responsable del laboratorio ordenó tirar por un desagüe miles de litros de residuos peligrosos…en territorio coreano. (Fuente: imdb)

En resumidas cuentas, que The Host me parece recomendable pero no imprescindible. Eso sí, la secuencia en la que vemos al bicho por primera vez es tangible como la vida misma. Bastante más terrorífica que la secuencia de aparición de los androides en La Guerra de los Mundos de Spielberg.

martes, marzo 06, 2007

El señor de los abalorios



Con mucha pedrería. ¡Fue en París! (Fabio Macnamara)
Marichalada total.

lunes, marzo 05, 2007

Ojos que no ven, peligro en el ambiente


La censura nos suena ajena por quedar ya lejana en el tiempo, ser impropia de un país avanzado y parecer improbable (al menos a priori) hoy en día. En franca colisión con las libertades de prensa y expresión, los países democráticos habían logrado aislarla, casi eliminarla. Es cierto que en algunos asuntos existía cierto secretismo, que a veces no se contaba más que la verdad a medias, y que en ocasiones conocíamos secretos a voces, pero hacía mucho tiempo que la expresión como tal, "censura", no se aplicaba a la actualidad.

En menos de un mes, nos hemos topado con tres ejemplos sangrantes de censura informativa de la buena. El primero de ellos tuvo lugar cuando un juez impuso censura cautelar sobre un reportaje que Telecinco iba a emitir acerca de la vida del Pescaílla en su refrito de higadillos llamado "Hormigas Blancas". El programa tiene un título verdaderamente terrible, lo sé, y entiendo que un programador lo retire por ello o por otras razones, pero que un juez lo censure, me resulta extraño.

El segundo ejemplo, esta vez en TVE, fue la entrevista que Quintero perpetró a José María García, si bien en este caso los propios directivos de la cadena impusieron dicha medida, posteriormente publicitada hasta el aburrimiento por el entrevistado. ¿Hasta qué punto es lícito tapar bocas incómodas?

Hoy mismo, apostado frente al televisor mientras picoteaba un anti-inflamatorio para una lumbalgia horrorosa que tengo, veo un mensaje en la pantalla de Telecinco avisando al público de que la emisión de "Diario de" de Mercedes Milá que versaba sobre el maltrato a niños en una guardería de Madrid había sido suspendida por un juez. Me tragué dos pastillas juntas. Censura pura y dura. Una cosa así sólo se puede asimilar con barbitúricos.

El reportaje en sí prometía sensacionalismo a cucharadas -literalmente- pero para denunciar hechos sangrantes, ojo al dato (va por tí Chemilla García). Si lo que se contaba el otro día en otros programas sobre el caso era cierto y las autoridades educativas competentes presuntamente no actuaron como debieron por omisión, el caso es de interés público. Resultado: también se censura su emisión. Cómo no.

Empieza a parecerme muy sospechoso este recurso fácil típico de épocas francamente superadas. Y tal día como hoy y sin que sirva de precedente diré: ¡Viva la telebasura! Supongo que la gente no se rebotará hasta que censuren el Salsa Rosa o un partido de fútbol...

viernes, marzo 02, 2007

Hazme una perdida

"Juntos los dos, juntos los dos,
y juntos los dos, juntos los dos,
hoy quiero que parezca,
que nunca fui tan feliz,
hoy quiero que parezca, que siempre todo estuvo bien.

Juntos los dos, juntos los dos,
y juntos los dos, juntos los dos,
y ya no nos da miedo,
que todo ahora pueda acabar,
salimos en portada, y en los créditos del final.

Saber y perder, es lo que hice siempre,
saber y perder, lo tengo por costumbre.
Es lo que hice ayer, y es lo que hice ayer,
y es lo que hice ayer, y es lo que hice ayer,
hoy quiero que parezca que nunca fui tan feliz,
hoy quiero que parezca que siempre todo estuvo bien.

Saber y perder, es lo que hice siempre,
saber y perder, lo tengo por costumbre.
Es lo que hice ayer, y es lo que hice ayer,
y es lo que hice ayer, y es lo que hice ayer.

Juntos los dos, juntos los dos,
y juntos los dos."

Ante mi falta de inspiración, reproduzco la letra de la canción que abre el nuevo disco de La Costa Brava, 'Velocidad de crucero'. La canción se titula 'Natasha Kampush', y está claramente inspirada en la historia de la pobre muchacha. El segundo título de la canción, 'Hazme una perdida', me parece más enigmático, e imagino que tendrá que ver con los detalles del largo secuestro. De la letra me gusta, sobre todo, el estribillo. "Saber y perder, es lo que hice siempre, saber y perder, lo tengo por costumbre", me parece melancolía pura.

El grupo es uno de los más prolíficos del pop español, ya que en dos años ha sacado 4 discos al mercado. Así no me extraña que sus letras estén inspiradas en la más inmediata actualidad. Y entre sus filas figura Francisco Fernández, también componente de Australian Blonde (¿sigue vivo ese grupo?) y con una carrera en solitario, bajo el nombre de Francisco Nixon. En noviembre del año pasado, dejaba claro que se trataba de su proyecto más personal, al dedicar un disco a la gimnasta Nadia Comaneci. Debe ser todo un honor ilustrar la portada de un disco llamado 'Es perfecta'.

El disco de La Costa Brava saldrá a la venta el 20 de marzo, y todavía no he escuchado más que las canciones colgadas en su página de myspace. También la canción que Tomás Fernández Flores pone a diario en Siglo21, aunciándola como la mejor del disco. Todavía no he tenido el gusto de comprobarlo. ¿Alguien sabe cuál es su título?

jueves, marzo 01, 2007

Noruega cañí



La Fundación Barrié ha inaugurado su exposición sobre el estilo decorativo escandinavo, presentando un número no muy amplio pero bien seleccionado de piezas: relojes, cubertería, sillas, lámparas, teléfonos o trajes (horrendos, éstos). En la línea habitual de sus presentaciones, se opta por un recorrido sencillo, escueto, con algún golpe de efecto. La exposición parte de un texto de presentación donde se nos relata la historia de dicho diseño, su relevancia actual y sus bases filosóficas, todo muy de agradecer para pseudo-neófitos como yo. No voy a ahondar mucho en ello porque lo podéis “googlear” en dos segundos. Yo voy a lo mío.

Ahora que Ikea arrasa en todas partes, los preceptos básicos del diseño escandinavo –ligero, discreto, funcional – se han asimilado al diseño masivo. Suena bien, sí, pero si lo analizamos un poquito ya no es lo mismo:
1) La ligereza se convierte en punto referencial de dicho estilo porque probablemente lo robusto y aparatoso no tiene cabida en nuestras minúsculas moradas. Prueba a meter un aparador estilo Luis XVI en un pisillo actual. Mortal.
2)Discreto, discreto… claro, el mobiliario se ha vuelto discreto para compensar lo muy cotillas que nos hemos vuelto y así, al contemplar nuestros muebles, tranquilizar nuestras conciencias. Pero no sirve de nada, pues reunidos en esos discretos marcos incomparables le damos a la sin hueso y no dejamos títere con cabeza.
3) Lo de la funcionalidad cada vez me parece más vulgar y repetitivo. Donde se ponga Villa Meona, ese delirio rococó Preysleriano donde sientes bulimia sensorial, que se quiten los asépticos templos de la modernidad mal entendida, pura anorexia de los sentidos. ¿Por qué tienen que ser las casas como una oficina, diáfanas, útiles, preparadas para la producción masiva? Aghhh… Las casas tienen que ser un estímulo para los sentidos.

Entre lo más llamativo (e interesante) de la selección, yo destacaría unos teléfonos Ericsson fijos que se asemejaban a mangos de ducha (u otros objetos más morbosillos) porque me transmitían un rollo más lúdico que lo demás; una silla de biblioteca con patas gigantescas (funcionalidad cero, qué alivio) y una aspiradora llamada “trilobite” que parecía sacada de los Picapiedra, bastante más colorista que el conjunto general.

No quiero restar méritos al diseño escandinavo, que ciertamente resulta elegante y posee bastante carga iconográfica, pero auguro su pronta decadencia. Nada me recuerda más al minimalismo tan de moda en los 90, con aquella ropa negra, de líneas sencillas, repetida hasta la saciedad, aborrecida a fecha de hoy. Yo creo que va a haber un revival del papel pintado, de los interiores recargados, de las formicas más extremas y de las moquetas más frondosas.

Y es que a mí me gusta un huevo Kinder, pero como el Bollycao de toa-la-vida-toa-toa no hay ná. Luego ya en otro plano, lo que es la raza escandinava me pone mucho muchísimo, o sea, que no dejo de ser un poco como Alfredo Landa corriendo detrás de las suecas…y Björk o los Sigur Ros me encantan, no me malinterpretéis, pero pa viví yo lo que quiero es una casa-casa, ojo, y que se note que dentro vive gente.

Con la fuersssa de un siclóóóóóóón.

martes, febrero 27, 2007

Ni machine ni sublime


A veces nuestro comportamiento es imprevisible. Ni siquiera uno mismo se conoce tan bien como cree y se puede sorprender ante sus inesperadas respuestas.

La persona más taciturna puede convertirse de golpe en un animal herido de frivolidad.
La amistad más asentada se tambalea sin sentido, esclava de pequeños gestos estúpidos.
No bebes alcohol, pero sin saber por qué dejas que el alcohol te inunde.

Una parte de ti desaparece; otra desconocida empieza a fidelizarte; te fascinan terrenos que antes detestabas, seduciéndote con su promesa de novedad. Tanto, que incluso uno puede convertirse en su opuesto, y su opuesto traicionarse a sí mismo.

En la continua búsqueda, cierras los ojos para no sentir vértigo. Y entonces, ese deje, aquel gesto, una herida abierta, el mismo problema o una reacción repetida te recuerda que eres quien eres.

Y yo no soy una máquina perfecta.

sábado, febrero 24, 2007

De Niña (de tus ojos) a Mujer (rotunda como Raimunda)

La descubrí cuando yo estudiaba tercero de BUP y pasaba las mañanas de los domingos apostado frente al televisor tragando un infumable programa de música de Telecinco, La Quinta Marcha, donde compartía labores de presentación con Jesús Vázquez. Una chica de belleza racial y dotes nulas como presentadora que, aun así, traspasaba la pantalla con su mirada y su actitud corporal. Malísima como presentadora, sí, pero ¿no sería por exigencias del guión o de los productores del show que le habían dicho que se comportase como una Lolita descerebrada de barrio?

Una vez un tal Guillermo, compañero de clase tremendamente peludo, hormonalmente descontrolado y con una belleza lasciva, me preguntó, curioso, qué tía famosa me ponía cachondo. No pensé la respuesta, vino a mí de golpe como si fuera escritura automática, y mis adolescentes labios pronunciaron: Penélope Cruz. “Me ponen sus labios y sus tetas”. Hasta entonces, ni se me había pasado por la cabeza. No sé si esa cara tan rara, un ojo aquí y un diente allá, o el cuerpecillo de gitana, mujer a medio terminar…

Al poco tiempo, en Fotogramas comenzaron a referirse a su debut como actriz (¿actriz ésa?) en El Laberinto Griego, en la serie rosa de la segunda cadena (un papel magnífico) y a su gran primer personaje en Jamón, Jamón. Comentaban que Bigas Luna, famoso por su deshinibición temática y atrevimiento formal, alucinaba con la chica de Alcobendas, y entonces yo arrastré a mi mejor amigo (fino y francés, le horrorizaba el tema Jamón Jamón) al cine a ver aquel invento.
Salí completamente boquiabierto de la sala, Penélope Cruz me había resultado tan creíble y tan seria como actriz, tan convincente, que no daba crédito. Del cine español de entonces, me parecía a la altura de Carmen Maura o Victoria Abril, y con sólo una película, prácticamente. En ese momento le dije a mi amigo que a esa chica la iban a nominar algún día para el Oscar, y él se carcajeó profusamente. El pobre estaba en estado de shock, porque en su opinión Jamón, Jamón era el anticine, aunque reconoció que le había gustado Penélope.

De ahí en adelante no hubo película suya que me perdiera; estuvo magnífica en Todo es Mentira, Brujas, Per Amore Solo Per Amore o Belle Époque en su primera etapa. No entendí muy bien por qué no daba el salto a Hollywood con su insultante belleza en aquel momento, pero luego me di cuenta de que su inglés era bastante deficiente. Le dieron su primer Goya por la Niña de tus Ojos, y entonces, vino la debacle.

La etapa americana, del brazo de Tom Cruise, no dio todos los frutos que de ella se esperaba, y los medios españoles la pusieron a caldo gratuitamente. Todo el mundo prefería a Nicole Kidman (odiosa) y opinaba que Penélope era una mendruga pseudobudista incapaz de actuar. Era difícil defender a Penélope en aquel momento por aquella animadversión tan masiva que despertaba, tan repentina como injustificada.

A pesar de que creo que Almodóvar no la dirige todo lo bien que nos quieren hacer ver, le ha brindado un papel que ha hecho suyo. Raimunda. Una mujer más fea que Penélope, mayor que ella, más gris, más amargada, más de pueblo… Pero la ha hecho suya luchando contra todo eso, transmitiendo todo lo que requería tan difícil personaje, en gestos, en voz, en contención, en una mirada herida…y la han nominado. Ole por ella, aunque en mi opinión, deberían haberle dado el Oscar ya dos o tres veces.

Supongo que se debe a la fuerza del destino...



jueves, febrero 22, 2007

zzz...Dreamgirls...zzz


Resulta sorprendente cómo a veces puedo anticipar si una película me va a resultar interesante. Entre críticas leídas por encima, comentarios someros de amigos o conocidos, pistas que te da el cartel y menciones varias en internet, siempre te puedes ir orientando. Luego, aparte de todo esto, yo tengo cierta intuición extraña que me falla pocas veces. Con Dreamgirls fue así, tenía la sensación de que no era nada del otro jueves y efectivamente mis expectativas se vieron confirmadas. Dioses y Mónstruos, anterior obrilla del director responsable de esta película, me había dejado indiferente, y también lo había presentido. ¿Tendré que abrir una consulta de videncia?


Pero vamos a lo que vamos. Dreamgirls. Partiendo de una historia real, la película plasma la trayectoria de tres cantantes negras desde el oscuro Detroit de los disurbios raciales de los 60 hasta el superestrellato, aliñándolo con un toque de folletín e insertando una historia de superación personal en el más puro estilo Hollywood-Babilonia pasadísimo de grandilocuente. Este trío de "cantaoras" son un paralelo más que evidente de Diana Ross and The Supremes, con lo cual no termino de comprender que se nos venda como una película original cuando es un biopic (algo dramatizado) en toda regla. ¿Temían acciones legales por parte de Dirty Diana quizá? Es el primer tropezón que veo, pero hay más. Tantos que la foto que adjunto es de las (enteras y) verdaderas The Supremes.


La historia en sí no es muy original, y en estos tiempos de Operación Triunfo, MTV y adicción al mundo rosa, menos si cabe. La planificación de las canciones, como su propio nombre indica, me parece PLANA hasta el aburrimiento, ya que no se insertan en la trama dando lugar a escenarios diferentes e incrementando las posibilidades dramáticas, sino que se presentan como actuaciones en escenarios diversos del trío Lalalá. Escenarios con sus luces, sus escaleras, sus focos, que rompen el discurrir de la historia con demasiada frecuencia. ¡Como si esto fuera Mira Quién Baila! Ah, y debido precisamente a que las canciones no las conocemos (si se apropiasen de las originales de The Supremes esto sería otra cosa) lo cierto es que en su mayor parte nos resbalan muchísimo. Y es que tampoco son como para echar cohetes, suenan rancias y sosas.


Hay que admitir, sin embargo, que el reparto maneja bien a los personajes, y si algo resulta especialmente llamativo en este capítulo es Jennifer Hudson, enorme en todos los sentidos. Insistiendo en el gastronómico símil, se come con patatas a Beyoncé, Eddie Murphy, Jamie Foxx y demás etnicidades varias, arrollando con su presencia vibrante, su voz arrolladora, su manejo brutal del personaje y una eficacia a prueba de bomba. Logra traspasar la pantalla en más de una ocasión y engrandece la figura de Florence Ballard, inspiradora del personaje.


De todos modos, tampoco toméis toda esta crítica despiadada a pies juntillas. No me encantan los musicales por regla general (Chicago sería la excepción) y mis certezas pueden ser meramente intransferibles. ¿Estaré amargado de la vida?


PS: Super para nada!!!

jueves, febrero 15, 2007

La Ciencia del Sueño.


La última propuesta de Michael Gondry, La Ciencia del Sueño, curiosa coproducción franco-italiana, acaba de estrenarse. Dado a conocer en un principio por los video-clips de Björk, Gondry se convirtió en promesa prematuramente estrellada con su primer largo, Human Nature. Poco después, afortunadamente, confirmaría expectativas con la acertada Eternal Sunshine of the Spotless Mind, y ahora trata de volver a dar en la diana con esta película, donde sin renovar ni hacer evolucionar su estilo fílmico nos sigue resultando fresco y valiente.


La historia, sumergida de lleno en un mundo semionírico, se centra en un chico llamado Stephan (Gael García Bernal) que viaja a París para instalarse en casa de su madre -que sólo aparece a ratos- y aceptar un nuevo trabajo de diseñador de calendarios. Casualmente, conocerá a su vecina y entablará amistad con ella y con una amiga de ella. Sin embargo, nada es lo que parece en este mundo Gondryano.

Según parece, Stephan padece de una enfermedad disociativa desde los 6 años que le hace confundir la realidad con sus sueños, mezclándolas de tal modo que en muchos momentos no se llega a distinguir si lo que vemos es una cosa o la otra. Además, como es una persona creativa (diseñador gráfico) sus fantasías dan mucho de sí, y lo veremos a veces trabajar con unas manos gigantes que lo convierten en alguien torpe y agobiado, o tirarse por la ventana para volar por encima de los edificios de París con manuscritos en su mano, o crear una máquina del tiempo que rebobina y adelanta los momentos imitando a un mando de vídeo. Como vemos en algunos tramos de la película, él es una especie de director en la sombra de la inconsciencia e inconsistencia que rigen su propia conciencia.


Sin lugar a dudas, los dos pivotes alrededor de los cuales gira esta extraña historia son por un lado, el mundo laboral de Stephan, y por otro el mundo afectivo. Laboralmente, se ve rodeado del típico colega graciosillo-vividor que se convierte en amigo y dos chupatintas bastante insoportables connaturales a toda oficina cutre que se precie, además de un jefe estirado que finalmente aceptará sus propuestas (o quizá sólo en sus sueños, quién sabe). Afectivamente, Stephan se enamorará de su vecina, una compositora poco agraciada pero compatible con él, puesto que posee un mundo interior lleno de creatividad y muestra una tierna perplejidad ante un personaje tan particular como él. Ambos entablan una relación curiosa, con altibajos, momentos de plenitud y otros de incomprensión, debido principalmente a la naturaleza de Stephan, siempre dubitativo, siempre perplejo. El espectador también lo está, y quiere saber más.

Gondry no nos da ninguna clave para interpretar su película. Va enlazando ambos mundos de manera cada vez más sutil, y las estridencias de los momentos más locos se ven aplacadas por el contraste con la realidad más gris. Y de nuevo, como por arte de magia, la pantalla se vuelve a llenar de máquinas de escribir enormes, de animales de trapo, de trazos imposibles y de pantallas manipulables. Los personajes se desdibujan, la línea argumental se disuelve y todo vuelve a empezar otra vez.

Lo que más me gustó de la película fue la capacidad de sorpresa que atesora, su imprevisibilidad, y especialmente los momentos de poesía visual que consigue transmitir al mostrar la relación amoroso-poética entre Stephan y la vecina. Lo que menos fue que a veces la ficción se torna impermeable, como si el pretexto nublara al texto, y puede llegar a agobiar como lo haría alguna pesadilla inoportuna, con giros más propios de la farsa que de la comedia. Sin embargo, detrás de una puerta que se abrirá, sabemos que todo volverá de nuevo a ser comprensible. ¿O tal vez no?

Los efectos visuales de La Ciencia del Sueño son muy naif, han evolucionado poco con respecto a los vídeos que este director filmaba para Björk, y sin embargo, tienen mucho poder evocador. Montañas de tela blanca, disfraces y nubes de algodón son parte de los recursos utilizados, como en una especie de teatro del guiñol. Por otra parte, las imágenes son casi siempre elegantes, muchas veces barrocas, y las más, originales. A los actores y actrices (magnífica Charlotte Gainsbourg) los encontré muy bien, Gael incluido. Sólo le sobraban a la película ciertos excesos puntuales, y quizá le faltaba algo de hilación en algún momento, pero en general vale la pena. Al menos, es diferente. Una peli que es un puntazo lleno de puntazos.


sábado, febrero 10, 2007

Requiem for a dream


La muerte de Erika Ortiz, tan desgraciada como inesperada, sacudió al mundo informativo esta semana, y entre ellos a mí. Metido de lleno en una de las semanas más intensas del año laboralmente hablando, estaba totalmente desconectado de la televisión, periódicos y demás parafernalia periodística, y la noticia me la dio un compañero de trabajo al regresar yo de una comida con otros compañeros.

Como siempre que me dan una noticia de éstas, pensé que me estaban tomando el pelo de la manera más inapropiada, pero al poco rato comprobé que no era así. Supongo que puede sonar estúpido, pero este tipo de sucesos a veces nos afectan algo aunque no conozcamos mucho al personaje ni fuera alguien muy relevante desde un punto de vista político o social. Es inevitable sentir lástima por ella y, debido a la falta de transparencia en la información sobre lo ocurrido, empezar a debatir qué podría haber pasado.

La alternativas eran pocas, pero en un primer momento unos pensaron en suicidio, otros en muerte natural y otros (yo) en atentado terrorista debido al secretismo que rodeaba al suceso. Se podría debatir si una noticia así debería darse a conocer con detalles (¿es un asunto de estado?) o reservarlo al ámbito familiar (¿es un asunto privado?). Por descontado, el dolor de la familia merece respeto y prudencia, cosas ambas que no están reñidas con contar la verdad de los hechos. No es una cuestión de morbo o curiosidad malsana, sino un duelo público en el que la necesidad de saber detalles ayuda a entender lo ocurrido.

La familia real española ya tiene su tragedia pública, como la monegasca con Grace Kelly o la británica con Lady Di. A pesar de que su relevancia dentro del aparato monárquico era mínima, Erika se había convertido en un personaje quizá demasiado cercano a la que se seguía alcachofa en mano, y eso la hace relevante. La naturaleza de su fallecimiento, del que algunos diarios como El Mundo o El País empiezan a desvelar detalles, nos parece terrible. Verdaderamente, todos estos acontecimientos van convirtiendo poco a poco a nuestra familia real en posible inspiradora de un futuro guión cinematográfico similar al que Stephen Frears ha hecho en The Queen: tragedia, silencio, locura mediática… y es que la realidad a veces supera a la ficción.

En conclusión, vemos que los sueños tienen reversos muy negros, que la popularidad y los privilegios no te blindan ante los fantasmas personales, que el desamparo y la desesperación pueden afectar a cualquiera hasta extremos impresionantes, y que una muerte así siempre genera tristeza y culpabilidad.

Supongo que muchos periodistas, ante la noticia, envidiarán a las redactoras del Vogue, que afortunadamente para ellas, no tienen que decidir qué se debe contar y qué no, ni se ven obligadas a sumergirse en detalles escabrosos; ellas sólo tendrán que comentar quizá la elección de modelitos en los actos oficiales y mentar el tema de pasada. Fantástica frivolidad, que siempre está llena de vida, de efervescencia, y a veces nos ayuda a curar heridas.

Bueno, y a ver si por fin dejan a Leticia Ortiz tranquila. Va siendo hora. Me ha resultado difícil subir esa foto, espero que no resulte sensacionalista.

domingo, febrero 04, 2007

BIGGER THAN LIFE


Llevo una temporada sin ir al cine por muy diversos motivos, pero mi alma cinéfaga sigue activa gracias a los DVD que compro compulsivamente para satisfacer mi apetito insaciable de ficción desmesurada. Sin saber muy bien por qué, últimamente me da por lo retro (que no por lo clásico, que aborrezco muy a mi pesar) de forma preocupante. Mi gran aliada en esta tarea allende los mares, Amazon, me trae a mal traer y mi cuenta bancaria disminuye peligrosamente mientras yo tecleo alegremente en el portátil y me hago con las pelis más “over the top” que existen en los USA.

Ayer llegó hasta mí una joya del camp más arrebatado y extremo que te puedas echar a la cara: la edición especial, y definitiva, de “El Valle de las Muñecas”, título sugerente donde los haya y a la vez críptico como pocos. Esta edición sólo se ha editado en los USA debido a que allí la película goza de mayor popularidad que aquí y porque los americanos son los príncipes del consumismo (los reyes son los japoneses, nosotros somos meros comparsas, utilizando el símil real seríamos como la sobrina no reconocida de una infanta, ocupados como estamos todos en invertir en el ladrillo y embrutecernos en lo demás), y como tales exigen que un DVD sobresalga y rebose de extras de lo más sustancioso. Viva el consumismo japoamericano!!!

“Valley of the Dolls” merece esta edición, realmente sobresaliente, cuidada hasta la obsesión, minuciosa y desarmantemente pop. Pero retrotraigámonos, retrotraigámonos. Valley está basada en un libro del mismo título editado en los años 60 y que marcó el comienzo de muchas cosas: los best sellers mundiales, la popularización de las pastillas para dormir, la inclusión de escenas de sexo donde se le llamaba a cada cosa por su nombre, la obsesión por el éxito mediático a toda costa y sus peligros, y la mención normalizada del mundo gay como algo presente en la sociedad. Como tal, Valley rompió moldes, y su autora, una ex-actriz de segunda amante de la frivolidad, se convirtió en una polémica referencia de los años 60 a la altura de Andy Warhol o Los Beatles. Se llamaba Jacqueline Susann.

Esta novela es la número uno en cifras de venta de la historia (sin contar novela infantil), con 30 millones de ejemplares vendidos certificados a día de hoy, a pesar de las despiadadas críticas que recibió en su momento. El “establishment” literario de la época, las universidades incluidas, la veían como a una intrusa inculta y le dieron la espalda desde siempre y para siempre, acusándola de vulgar, torpe y petarda. Algunos dijeron de ella que no escribía, sino que solamente “mecanografiaba”; Truman Capote la llamó “camionero vestida de drag-queen” y luego pidió disculpas a los camioneros, y mientras tanto ella vendía y vendía y vendía y era la envidia de todos esos envidiosos críticos, valga la redundancia, que la trataban con desdén o rechazo frontal. Afortunadamente, Jacqueline tenía mucho carácter, y no se dejó comer el terreno, contestando a todo y a todos con su lenguaraz verborrea de señora peligrosa.

Otro día contaré más cosas de esta mujer, cuya biografía y obra me han fascinado en este último año, con auténticas joyas por redescubrir como “Yargo” o “Every night, Josephine”, pero hoy no me quiero extender mucho más para no convertir mi post en algo interminable y farragoso. Sólo diré que tuvo una vida apasionante, llena de éxitos rotundos y fracasos criminales, mezclada con problemas de salud que siempre ocultó y con un hijo autista que nunca asumió del todo, y que todo ello provocó ese torbellino de emociones, de historias tiernas y al tiempo retorcidas, imposibles pero cercanas, camp y tradicionales a un tiempo. Puro delirio pop.

Valley of the Dolls relata la vida de tres jóvenes mujeres que se marchan a Hollywood a probar suerte en el mundo del espectáculo y se dejan absorber por esa máquina incontrolada que en lugar de fabricar sueños genera pesadillas. Las tres tratarán de evadirse de maneras distintas, pero siempre cayendo en adicciones bastante severas. Aunque la historia, contada en 2007, parece previsible (por las miles de imitaciones que se han hecho de este libro) en 1967 no lo era, y además la manera de filmar plenamente kistch, las interpretaciones casi siempre excesivas, los diálogos a menudo demasiado emocionales, crean una atmósfera entre divertida y atormentada que le imprime un carácter único a la película. Hay que fijarse en las extravagantes trajes, los peinados siempre llenos de laca, las expresiones descontroladas, y la cuidada dirección de arte. Veremos a las estrellas ilusionadas, felices, desquiciadas, agresivas, exhaustas y arrepentidas. Asistiremos a la mezcla constante de estudios de grabación con piscinas cristalinas, paseos de palmeras, playas desiertas y psiquiátricos a lo Tennessee Williams. Como para volverse loca...

Jacqueline se erigió en un pilar esencial de la cultura de masas y reveló secretos de estrellas como Ethel Merman o Marilyn Monroe a través de sus trasuntos ficcionales, y finalmente consiguió lo que siempre había deseado: un éxito apabullante entre el público. Su figura ha sido injustamente relegada a mera anécdota, excepto por parte de un sector muy concreto del mundo intelectual americano que la define como concepto cultural más que como autora. Su imagen, vestida de Pucci, creó escuela y se mantiene fresca a pesar de todo.

Muchos consideran que ésta es la peor película de la historia, y si embargo a mí, por todo lo que significa, me parece importantísima. Además, esta edición rebosa de apetitosos extras, como una revisión de un documental del 67 donde se plasmaba la gira de presentación mundial de la película, que se hizo en un crucero imponente desde Grecia hasta California pasando entre otros lugares por las ¡Islas Canarias!; tres canciones de la película en un karaoke muy original; dos reportajes completísimos sobre la vida de Susann y su relevancia en la época (con un montón de imágenes de archivo dificilísimas de encontrar; entrevistas con Michael Musto, el cronista gay por excelencia de Nueva York; testimonios de las actrices supervivientes…recordemos que Sharon Tate sería asesinada por miembros de la secta de Mason poco después de esta película) y muchas cosas más. Apasionada y excesiva, altamente recomendable y claramente adictiva. Como un buen polvo. Aquí os dejo el inicio del libro:
"You've got to climb to the top of Mount Everest
to reach the Valley of the dolls.
It's a brutal climb to reach that peak,
which so few have seen.
You stand there, waiting for
the rush of exhilaration
you thought you'd feel - but
it doesn't come."

jueves, febrero 01, 2007

Genio y figura


Me persigue. Primero se coló en mi vida a regañadientes con aquellos estilismos imposibles que combinaban lo más “edgy” de películas como Fama con lo más “underground” e irreverente que se movía por las aceras de Nueva York. Pionera, descarada, dominante, ambición rubia teñida, poderosa, “control freak”. Guarrilla. Moviéndose en un submundo de pintores suicidas (Jean Michel Basquiat) y disc jockeys amateurs, supo extraer la esencia del momento y subir como la espuma.

Siempre me ha gustado Madonna, aunque nunca he sido mitómano ni fan fatal, sin embargo hay momentos en los que, quizá porque me pilla desprevenido, brilla de golpe en mi cotidianeidad para hacerme sentir efervescente con su música. Me ocurrió hace unos meses cuando me subí a un taxi de un argentino imprudente que estaba flipado con la versión de Like a Prayer en directo que se incluye en el DVD de la gira anterior. Esa versión sonaba auténticamente celestial, y me hizo recobrar la fe momentáneamente. Si por una mala jugada del destino (es un decir, el argentino iba follado) hubiésemos tenido un accidente probablemente habría ido al purgatorio y no al infierno que es donde me corresponde porque con la cancioncilla entré como en un éxtasis en el que me arrepentí de todo lo malo que había hecho hasta entonces varias veces.

A los tres o cuatro meses, la noche de Fin de Año, mientras todos se colaban en mi baño para acicalarse y yo jugaba con las pepitas de las 12 uvas preguntándome si no haberlas ingerido me restaría suerte (y efectivamente, me la ha restado este año, no lo hagáis jamás, además tienen mucha fibra) puse Canal Plus sin querer. Allí la encontré, dando un auténtico recital de profesionalidad en el escenario, de buen hacer, con una escenografía impactante, una pose de absoluta seguridad, una mirada desafiante y un físico de vértigo. Era el concierto no censurado en Londres de su gira Confessions. De la emoción que transmitía, y repito, no soy fan fatal, empecé a comerme las pepitas sin darme cuenta. ¿Cómo será sentirte así encima de un escenario? ¿A qué huele ese éxito? No he visto nunca algo así on stage, ni siquiera ella en giras anteriores.

Aunque, en realidad, ¿de qué me sorprendo? Ella ha hecho que la palabra “icono” o al menos su variante inglesa “icon” se volviese a poner de actualidad, y por primera vez para designar algo animado. Hasta entonces sólo las imágenes fijas o los objetos inanimados se consideraban como tal, y sólo después de la irrupción del arte Pop empezaron a adscribir esa etiqueta iconográfica a objetos cotidianos como la botella de Coca Cola o el logotipo de Nike. Quizá James Dean o Marilyn se consideraran mitos, pero no iconos.

Madonna se lo merece, ya que más allá de polémicas continuas, tintes más o menos favorecedoras, maridos impresentables, películas pochentas, grammies no ganados, extravagancias varias, portadas por doquier y mutaciones camaleónicas, ella sigue vigente. Conservar vigencia en un mundo como el de hoy en día durante tanto tiempo resulta verdaderamente excepcional, más aún cuando te decantas por absorber las últimas tendencias y hacerlas comercialmente tuyas sin dejar de ser un poco pendón y petardilla. Detrás de ese éxito constante, sin duda, hay una mujer que ha sabido renovarse, que quiere desafiar el paso del tiempo, que a los casi 50 años sigue siendo carne de discoteca, que lo hace como nadie.

Recomiendo su reciente CD + DVD de su gira Confessions. Esto sí que es "Body Language" y no el de otras... Me pregunto si Madonna es lo que podríamos dar en llamar la "folclórica global".